Revista Cultura y Ocio

¡Que te crees tú eso, pendejo!

Publicado el 08 septiembre 2014 por Sonia Herrera Sánchez @sonia_herrera_s

Pocos estilos de música me traen tantos recuerdos maravillosos como la banda y justo hace unos días he descubierto que Spotify tiene un canal específico… Escucho las primeras notas y me acuerdo de Irepan, de Yarim, de Carlos, de Mauri, de Lucio… Amigos queridísimos que me hicieron enfundarme unas botas vaqueras y me enseñaron a dar los primeros pasos con esa música norteña tan desconocida para mí antes de irme a vivir a Monterrey en el 2005.

Y de repente estoy en el Far, en Los Rieles, en el concierto de la Banda El Recodo en La Fe… Y todo son vueltas, cervezas, risas, botas, sombreros y camisas de cuadros…

Todo va bien mientras al compás de los recuerdos acompaño la música tarareando “Na, na, na, na, na” porque si me da por seguir la letra… ¡Meeeeeeeeeeeeeeeec! Ahí saltan todas las alarmas:

“¿Para qué quiero la vida si la he de vivir sin ti?”, “Nunca imaginé que con otro me ibas a engañar”, “Cuando yo quiera has de volver, aunque tú digas lo que digas”, “De cabronas como tú cabrona, tengo las talegas llenas / cuando las quiera vender cabrona, a peso doy la docena”, “Eres linda y traicionera”, “Me arrancaste el alma en pedazos y ahora en sollozos me dejas morir”, “Ella conmigo es complaciente aquí en mi cama”, “Yo sufro por tal que sufras y si juego, sé perder. Me gusta quemar mi casa, pa’ verla de enfrente arder”… ¡Buf! Y así, toda una lista interminable de despropósitos “a lo macho”.

La banda solo nos deja dos opciones: o santas o putas, sublimación o ignonimia (tomando prestados los términos de Virginia Guarinos Galán en La violencia machista en el cine). ¿Queréis más violencia simbólica?

Destripemos la letra de la canción que ha despertado al monstruo (o sea, a mí):

Así como te quise, ahora te maldigo.
El amor se hace odio, lo comprobé contigo.
De veras que agradezco que ya no estés conmigo.
Tú no vales mi llanto, de haberte amado tanto estoy arrepentido.

- En serio, ¿hace falta dramatizar tanto?

Hoy niegas que mis besos te hacían sentir bonito
y el que estás sin mirarme, no duele ni un poquito.
Que por nada del mundo regresarías conmigo.
Me quieres y lo niegas, y yo aunque no lo creas ya no te necesito.

- ¿Me quieres y lo niegas? Pero, ¿de qué vas? Vanidoso y sobrado.

Maldita sea mi suerte porque te conocí,
malditos sean los besos que tú me diste a mí,
malditas las caricias con las que me enviciaste a no vivir sin ti.

- Claro, si fue ella la que lo envició y lo convirtió en un ser dependiente y ególatra… ¿Cómo no se me había ocurrido que ella era la culpable? Además, eso de arrepentirse del pasado en lugar de aprender de él, es muy penoso. Hay que quedarse con lo bueno, chaval.

Maldito sea el momento aquél que te encontré
porque como un idiota de ti me enamoré.
Bendito tu abandono porque al final de todo
vas a llorar por mí.

-¿Que va a llorar por ti? ¡Que te crees tú eso, pendejo! Si te ha dejado, sus motivos tendrá.

(Y te juro que vas a llorar,
pero lágrimas de sangre ingrata)

- ¡Y aquí llega la amenaza nada velada! El machirulo violento se delata y es que “no es amor, no es amor, es una obsesión” que decía la bachata… No es amor, sin duda. Es afán de dominio y posesión. Es inseguridad ante el empoderamiento femenino. Es el “mascŭlus” que ve amenazado su poder y su hegemonía en la relación de pareja.

Maldita sea mi suerte porque te conocí,
malditos sean los besos que tú me diste a mí,
malditas las caricias con las que me enviciaste a no vivir sin ti.

Maldito sea el momento aquél que te encontré
porque como un idiota de ti me enamoré.
Bendito tu abandono porque al final de todo
vas a llorar por mí.

- Bis del drama corta-venas del muchacho. Tranquilo, que ya nos ha quedado claro quién es la mala en esta ruptura (por si lo dudábamos).

Una mujer empoderada que decide dejar una relación y seguir con su vida, no va llorando por los rincones. (Si lo hace porque todavía no se ha librado del peso del amor romántico, le recomiendo el curso de Coral Herrera -no, no somos primas, aunque me encantaría-, “Señoras que… dejan de sufrir por amor. Porque otras formas de quererse son posibles”).

Esa mujer, le pese a quien le pese, sigue caminando y a los hombres como el de la letra los guarda en un cajón con la etiqueta “En-qué-estaría-yo-pensando”.

Si en otros estilos musicales como la cumbia o el hip-hop hay cantantes estupendas que le están plantando cara a la opresión de género, ¿para cuándo un grupo de banda feminista que me permita disfrutar libremente del baile sin sentirme insultada?


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