Revista Cine

Quemado por el sol

Publicado el 15 febrero 2010 por Diebelz
Al oír el cortante y melódico ritmo,  la voz de lamento compañero, supe que me habían engañado. El tango lo inventaron los eslavos y no los rioplatenses. Es curioso que insista esta canción que fue de suicidio en sus inicios, de despedidas en su intermedio y de nostalgia en su permanente estado terminal. Desconozco si es la voz de Alexandr Vertinsky, pero la letra es la misma que en aquella película de Yuri Norshteyn:

 

El sol cansado  mandó una despedida al mar. A aquella hora usted confesó  que usted no tiene ningún amor por mí.
Me entristecí
sin el deseo, sin el dolor.
A aquella hora sus palabras 
repicaron.
Nos separaremos, no tengo fuerza para sentir odio, 
ambos somos culpables.
Quemado por el sol Son letras inundadas en tristeza y que se cuelgan no solamente en la memoria colectiva de un pueblo, sino de una película: Quemado por el sol (Utomlyonnye solntsem). Contado con los muros caídos pero con la nostalgia prendida, la obra de Nikita Mikhalkov busca como ese camión desorientado y perdido un lugar idílico donde sea imposible que se queme uno la piel. En medio de los grandes campos de verde esperanza, el conductor para su vehículo repleto de anticuados muebles y se enfurece por no poder leer la borrosa dirección. Pero, ¿dónde estará Zagorianka?, se pregunta constantemente. Obviamente, la familia del heroico coronel Sergei Pétrovich Kotov (Nikita Mikhalkov) no tiene respuesta porque, en su idílica dacha y en pleno verano, también buscan respuesta con la inesperada llegada de Dimitri (Oleg Menshikov). En un sólo día se intentará desentrañar la misteriosa visita con la astucia y persistencia de la pequeña hija de Kotov, Nadia (Nadezhda Mikhalkova), que tiene a todos los miembros de la familia bien vigilados.  Mientras suena hasta la saciedad aquel tango, Mikhalkov exhibe sus destrezas no solamente como actor sino también como narrador. Con la sencillez y el realismo de un Dostoiesvki y la genialidad teatral como maquiavélica de un Anton Chéjov, Mikhalkov presenta un drama que es a la par tierna y emotiva como ruda y escalofriante. Mediante sus personajes y sin apenas grandes movimientos, la película vislumbra un sosiego atemporal, el idílico lugar de destello que podría haber sido el soñado por los padres de una revolución ahora perdida e historiada. Y en el cual, sin embargo, asecha un silente e invisible terror que surge del propio ser humano. ¿Priman los seres queridos o el ego?  Quemado por el sol es pero además la búsqueda de una historia recién desmoronada como fue la Unión Soviética, de la gloriosa revolución bolchevique y del abyecto estalinismo, de sus logros y fracasos, de sus héroes y demonios. Una película que hace honor al drama y al deleite por relatar historias con gran expresividad y genio sin dejar en el desamparo las convicciones morales tan vitales en las sociedades de este mundo. Sí, es la búsqueda de aquel lugar que no se halla en los mapas ni en la nota de aquél perdido camionero. Sin saber cómo volver ni a donde ir, es normal que el tango se cante en ruso y suene en películas como éstas.

Título: Quemado por el sol (Utomlyonnye solntsem)
Año:1994 País: Rusia-Francia Dirección: Nikita Mikhalkov
Guión: Nikita Mikhalkov, Rustam Ibragimbekov
Música: Eduard Nikolay Artemiev Fotografía: Vilen Kaluta
Reparto: Nikita Mikhalkov (Sergei Petrovich Kotov), Oeg Menschikov (Dimitri), Ingeborga Dapkunaite (Marusia),
Nadezhda Mikhalkova (Nadia), André Oumanski (Phillipe), Vladimir Iliyn (Kirik).
Productora: Camera One (París) / Studio Trite (Moscú)

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