Se dice en los mentideros que interpretar a un discapacitado proporciona buenos réditos y reconocimientos a cualquier actor o actriz que afronte tal reto. Eso mismo se podría decir de Dustin Hoffman cuando encarnó al autista Raymond Babbitt en esta película, no en vano se llevó gracias a ese papel la preciada estatuilla dorada hollywoodense. La premisa se acerca bastante a la realidad, no obstante Hoffman ganó merecidamente la figura del calvo llamado Óscar pues su actuación es brillante, más aún, excelsa, muy por encima de cualquier otra parecida, antes o después de la aparición de la cinta en 1988. De hecho, por encima, además, de la propia película, una road-movie convencional con dos personajes dicotómicos que aprenden a entenderse mutuamente: Raymond y su hermano Charlie (Tom Cruise, también notable) forjan una historia de aprendizaje y conocimiento conmovedora y, precisamente por eso, facilona; aunque el espectador sea consciente de ello no podrá evitar unirse al coro emotivo. Lo mejor que ha dado al cine, con diferencia, el director Barry Levinson.
Puntuación @tomgut65: 7/10
