Revista Asia

Raja Ampat, Día Dos - Buceo en la isla de Kri

Por Amoreno
7:00 am del segundo día. Buenos días, Raja Ampat.
Raja Ampat, Día Dos - Buceo en la isla de Kri
Nos despertamos dentro de una cabaña de bambú. Habíamos llegado la noche anterior desde Sorong. En un golpe de suerte, encontramos este homestay al llegar a la isla de Kri cuando en la oscuridad más absoluta era imposible encontrar un lugar para anclar el barco y pasar la noche. Fue un acierto que durante los preparativos apuntáramos por si acaso en el mapa la localización de algunos homestays en Raja Ampat.
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Gracias a la habilidad negociadora de Dani no nos salió muy cara la jugada, apenas Rp 350.000 por un cuarto para los tres, menos de 10€ por cabeza. Conseguir ese precio en un lugar como Raja Ampat, donde todo es ultra caro por los costes de transporte y abastecimiento entre las islas, se puede considerar una hazaña. Por el momento, cumplíamos con la política de viaje en plan low-cost.
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El madrugón tuvo una causa justificada. Ese mañana Javi y yo íbamos a hacer submarinismo. Justamente había pasado un año desde que nos sacamos la certificación de buceo PADI OPEN WATER en Ko Tao, Tailandia. Llegaba el momento de sacarle partido y disfrutar del descenso a las profundidades.
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Como había comentado anteriormente, en el archipiélago de Raja Ampat hay muy pocas infraestructuras turísticas, salvo cuatro resorts de lujo contados y unos pocos homestay. Obviamente, escuelas de submarinismo no hay ninguna, así que nos vimos obligados a recurrir a los resorts de lujo. Tuvimos suerte de que uno de ellos aceptara divers que no fueran huéspedes del resort.
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Se trata de Raja Ampat Dive Lodge, quizás el más "asequible" de los cuatro resorts de lujo. Está situado en Pulau Mansuar, la isla vecina a Pulau Kri. Apenas tardamos 15 minutos en llegar desde el homestay donde habíamos pasado la noche.
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Nos presentamos así sin hacer reserva ni nada. Me había puesto en contacto con ellos por email unas semanas antes diciendo que estábamos interesados en hacer inmersiones y que llegaríamos al resort en barco por nuestra cuenta. Al principio se mostraron un poco reticentes por ser nosotros buceadores principiantes. Por lo general no aceptan divers con menos de 50 inmersiones ya que en Raja Ampat las corrientes submarinas son muy fuertes y se necesita cierta experiencia. Sin embargo, insistimos un poco y terminaron aceptando. Se ve que era temporada baja y no tenían muchos clientes.
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No nos cogieron reserva, simplemente nos dijeron que nos pasáramos cualquier día por el resort antes de las 8 am que salían los botes. Consultamos los precios en su web, mínimo 2 inmersiones $50 cada una + $35 por el alquiler del material. Un poco caro para ser Indonesia, pero no queríamos dejar pasar la oportunidad de bucear en Raja Ampat.
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Hacer submarinismo en un paraíso natural y relativamente virgen como este ya es motivo suficiente para viajar a Raja Ampat. Ocupa nada menos que los primeros puestos en la lista de los diez mejores lugares del mundo para bucear. De acuerdo con Conservación Internacional, la biodiversidad marina en el mar de Halmahera es la más alta registrada en la Tierra. Mucho mayor que cualquier otro área del Triángulo de Coral integrado por Indonesia, Malasia, Filipinas, Papúa Nueva Guinea, las Islas Salomón y Timor Oriental. Esta región está considerada como el corazón de la biodiversidad de arrecife de coral en el mundo, por lo que Raja Ampat es muy posiblemente uno de los ecosistemas más ricos. Nosotros queríamos comprobarlo con nuestros propios ojos, eso sí detrás de una máscara de buceo.
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A las 8:00 partimos puntuales del dive resort, con nuestro dive master Kris guiando una expedición de 5 personas, tres alemanes bien entrados en los cincuenta y nosotros dos. Al principio quiso llevarnos al Manta Point, un punto que suelen frecuentar las mantas, una de los especies marinas más majestuosas.
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Nada más llegar vimos alguna manta a escasos metros de profundidad. Por problemas técnicos —el bueno de Javi perdió una aleta—, nuestra inmersión se retrasó y al final no la hicimos en ese punto. Resulta que esa mañana habían llegado varios grupos de divers en barcos liveaboard y con tanta actividad bajo el agua las mantas se espantaron rápidamente. Una pena.
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Los alemanes propusieron hacer la inmersión en una zona más tranquila sólo para nosotros. Así pues, pusimos rumbo a Arborek, un pequeño islote entre Pulau Kri y la gran isla de Waigeo. A 10 minutos de donde estábamos.
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Ahora sí, llegaba el momento de hacer la primera inmersión. Los nervios se entremezclaban con la excitación. No en vano habíamos esperado casi un año para repetir la experiencia.
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A primera vista la zona parecía tranquila, sin más grupos de buceadores alrededor, así que no tendría que haber ningún problema.
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Como es habitual previamente a cualquier inmersión, el dive master nos dio la sesión de briefing. El plan era zambullirnos a un lado del muelle, descender hasta los 18 metros y dejarnos llevar por la corriente en dirección oeste.
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La inmersión estuvo fenomenal. Fue bastante fácil llegar hasta el máximo de profundidad ya que coincidía más o menos con el lecho. En cuanto a la diversidad marina, fue un espectáculo impresionante. Vimos corales de colores muy vivos, almejas gigantes y una infinidad de peces que no sabría identificar, salvo quizás los snappers, los peces payaso, los peces ballesta, las morenas y algún que otro ídolo moro. En este vídeo podéis ver más o menos lo que nos encontramos.

Se supone que en estas aguas habitan diminutos caballitos de mar pero no acerté a ver ninguno. Me resultaba bastante difícil permanecer fijo en un punto del arrecife porque había algo de corriente y, aparte, siendo un principiante me cuesta todavía regular la flotabilidad simplemente con la respiración, así que dejaba algo de espacio para no acercarme demasiado y resultar golpeado contra las rocas.
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Todo perfecto. A juzgar por la expresión de Javi al salir del agua, creo que también se lo pasó igual de bien que yo.
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Ya que nuestra primera inmersión había sido tardía, tendríamos la segunda inmersión después de comer.
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El segundo punto de inmersión fue en la punta de la isla de Kri. Aquí el arrecife de coral se extendía en forma de barranco hacia el fondo, de modo que había que controlar la profundidad. Como en la anterior inmersión, descenderíamos en un punto y nos dejaríamos arrastrar por la corriente hasta salir llegar al extremo de la isla. En esta ocasión, el dive master nos avisó de que la corriente sería bastante fuerte. No se quedó corto en absoluto, al llegar abajo la corriente literalmente nos arrastraba. Los primeros minutos hasta que logré alcanzar la profundidad máxima y reunirme con el resto del grupo fueron algo angustiosos. A partir de ahí, intenté relajarme, olvidarme del barranco del que no se veía fin a mis pies y dejarme llevar por la corriente sin hacer ningún sobreesfuerzo. De nuevo, vimos corales increibles y muchos tipos de peces, pero lo mejor fue ver una enorme tortuga. Llegó justo de frente a mi altura y se paró a comer rascando su pico contra la roca. Estaba tan cerca que casi podía abrazarla, aunque por supuesto me abstuve de tocarla. Quería observarla durante un buen rato, así que para resistir a la corriente no me quedó otra que aferrarme con fuerza a una roca del arrecife.
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Al cabo de un rato continúe desplazándome por la pared del barranco hasta que me di cuenta de que el indicador de aire había entrado ya en la parte roja. Ascendí hasta asomar por la superficie y al poco Javi también. El barco nos vio y vino a buscarnos. Estábamos bastante a tomar por culo del punto donde nos habíamos lanzado. Con el cuerpo ya seco, pensé en lo que había dado de sí la última inmersión. Recordé los primeros minutos de angustia luchando contra la corriente. Me pareció que había sido una insensatez bastante grande bucear en condiciones extremas con tan poca experiencia y con un dive master tan despreocupado debajo del agua. A pesar de todo, la sensación que me quedó después de las dos inmersiones fue muy gratificante. Había merecido muchísimo la pena bucear en Raja Ampat.
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Regresamos al resort, donde nos estaba esperando Dani, con Agus y el resto de la tripulación de nuestro barco. Devolvimos los trajes de buceo junto con el resto de material y nos despedimos. —Ahí van los locos que intentan llegar a Pulau Wayag en longboat—, decían. Nos montamos en el barco y pusimos rumbo hacia el norte, continuando con nuestra travesía.
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Habia sido un día cargado de emociones, pero todavía nos esperaba una sorpresa más al final del mismo.
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El cielo quiso ser generoso y nos regaló uno de los atardeceres más bonitos que haya visto jamás.
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Navegábamos sobre un mar completamente en calma. Los colores se reflejaban como si se tratara de un espejo, pareciendo una ilusión. Fue uno de los momentos más mágicos del viaje. Con vosotros, el esplendor de Raja Ampat.

Por fin el sol se puso en el horizonte y las nubes se tiñeron de rojo. El día daba paso a la noche y todavía nos quedaba una o dos horas hasta llegar a nuestro siguiente objetivo en el itinerario, las inmediaciones de Pulau Pef. Al igual que el día anterior, confiábamos en llegar con las últimas horas de luz y encontrar algún embarcadero donde pedir permiso para anclar el barco y pasar la noche. Sin embargo, esta vez sabíamos que no podríamos contar con la alternativa del homestay porque empezábamos a encontrarnos lejos ya de la civilización.
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La noche sobrevino más rápido de lo que esperábamos y una vez más nos encontramos en mitad del mar sin otra luz que nuestra linterna para guiarnos. Llegamos a Pulau Pef y dimos vueltas y vueltas hasta encontrar un embarcadero con luz.
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Nos acercamos a preguntar, a ver si teníamos tanta suerte como el día anterior. Al principio parecía que no iba a ser así. Nos dijeron que aquello era un recinto privado y que no podíamos acampar. Al parecer, se trataba de una factoría de ostras. Pedimos que nos condujeran hasta el jefe y le contamos nuestra película, queremos llegar a Wayag y no tenemos dónde pasar la noche. Cual fue mi sorpresa al descubrir que el tipo era japonés. Supervisaba un laboratorio de investigación para el cultivo de perlas. Por si alguno no lo sabe, el cultivo comercial de perlas fue una tecnología desarrollada por Japón en la década de 1920. Consiste en introducir una partícula dentro del cuerpo blando de una ostra y esperar varios años hasta que esta ha sido recubierta por varias capas de nácar. Hasta no hace mucho el negocio estaba monopolizado por los japoneses, que diseminaron factorías de perlas por toda la cuenca asiática del océano Pacífico.
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En cuanto me presenté y le dije que yo era estudiante de investigación en Japón el tono de la conversación cambió radicalmente. Resulta que el tipo conocía a varios profesores de mi universidad. Al momento ya nos estaba sacando umeshu y ofreciendo cervezas. Nos dijo que por supuesto podíamos quedarnos a pasar la noche. Incluso nos ofreció una habitación donde dormir, pero humildemente la rechazamos y le dijimos que durmiendo en el embarcadero estaríamos bien (luego por supuesto nos arrepentimos de haber sido tan humildes). Estuvimos compartiendo umeshu y risas durante un buen rato. Mi japonés no es para tirar cohetes pero suficiente para una conversación casual. Hablamos del tiempo que llevaba fuera de Japón, de su labor de investigación, de cómo había vivido el terremoto y tsunami del 11 de Marzo. Resulta que tenía conectada la NHK por satélite y se enteró unas cuantas horas después, justo cuando el tsunami llegaba a Indonesia. En el norte de la isla de Papúa alcanzó unos 50 cm, que no fue poco. Estas y otras conversaciones me animaron bastante y me hicieron ver lo mucho que he progresado en japonés, para sorpresa de mis amigos.
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Esa es la historia de cómo conseguimos alojamiento el segundo día, nada menos que el embarcadero de una factoría de perlas. El embarcadero resultó ser bastante incómodo, sobre todo porque durante toda la noche tenía que estar allí un señor manejando una radio. Después de zamparnos la suculenta cena que habíamos preparado con la cocina de gas, Dani y Javi se quedaron allí a dormir. Yo regresé al barco, eché la colchoneta sobre el suelo y con medio cuerpo al descubierto me dormí mirando las estrellas.
Mañana nos esperaba un largo día de camino, ¿qué aventuras nos tenía reservadas Raja Ampat? Me temo que tendréis que esperar hasta el próximo post para averiguarlo.

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