Revista Poesía

Raúl campoy guillén

Por Acalvogalan
RAÚL CAMPOY GUILLÉN







Mencionado por:
Aarón García Peña
Menciona a:
Aarón García Peña;
Juan Carlos Mestre;
Trinidad Gan
y Elena Medel
Bio-bibliografía
Raúl Campoy Guillén (Madrid, 1978). Licenciado y diplomado en fisioterapia y osteopatía. Ha sido publicado en numerosas revistas. Ha sido aceptado en la Red de Artistas Jóvenes de la Comunidad de Madrid. También le han publicado en el cuaderno "Vitola de Anaïs"; de conocido seguimiento en Granada, por donde han pasado poetas como Luis García Montero o Ángeles Mora. Su primer libro “Los dientes del reloj” (Atlantis, Marzo 2008), prologado por el reconocido poeta mexicano Roberto Arizmendi, ha tenido críticas positivas en Madrid y Granada; con especial importancia la crítica de Miguel Pastrana (Presidente de Literatura del Ateneo de Madrid). Uno de los poemas de su libro “Los dientes del reloj”, titulado “Sin timbres”, ha sido seleccionado en una antología editada por Lord Byron Ediciones: “Nueva poesía y narrativa hispanoamericana”. También ha sido elegido su libro “Los dientes del reloj” como uno de los mejores libros del 2008 de poesía joven; según el poeta Leo Zelada:
http://lacomunidad.elpais.com/leozelada/2008/12/29/la-otra-lista-mejores-libro-del-ano-2008-espana.
El autor conserva críticas positivas en periódicos como La Opinión de Granada; y ha sido "libro destacado" en La Casa del libro de Gran Vía.
Poemas
NO ME INTERESABA JUAN GELMAN
Eran sus ojos?
Su silencio de libro inacabado?
Su piel de diario perdido, de árbol ya inexistente,
de fotografía sonora por la rigidez amarilla?
Fue su mirada de pasados presentes?
Disculpe Juan Gelman
______________pero la perseguía.
No sé que fue.
Tristeza. Tangos infinitos.
Inquietud de pasajero. Palabras.
Tragos de salivas negras.
Definitivamente eran sus ojos;
vi en ellos presión de sillas, de pies inflamados,
nubes pesadas de ser lluvia,
sudores amargos de almohada.
Entró en mí su humedad;
recogí sus colores,
mil palomas de ocres.
Recogí su aceite viejo como una miel deshidratada.
Algo se fue con ella:
parte de mi voz: parte de mi azul.
Me presentó la vida
como el incendio que se apaga con las manos.
Así me quedé:
con la inmunología aplastada,
escondido en mis extremidades.
Extraño mundo los ojos.
Extraño mundo sensitivo.
(El corazón negro silba,
inevitable,
deshabitado a veces también.)
Esa mujer dio después la mano a Juan Gelman
y sentí besos de viento y menta por mi espalda,
mientras recogía las conchas de la ternura
que iban dejando a cada paso
por la playa de sus cuerpos.
De imperfectos que perfectos!
Qué huellas en la arena de sus manos podían ser más profundas?
Quiénes pueden mantener el hojaldre intacto
en medio de un disturbio de años?
Manos de vértice,
uve de brazos.
Uve de victoria,
de victoria callada
como un libro entre las ruinas de una guerra.
Y yo, como un idiopoeta,
sintiendo el qué a quién y por qué.
Yo, que divago por una alternancia de cubiertos y despejados.
Yo, que soy un temblor a cada instante.
Yo, que suelo dar la mano equivocada.
Yo, que tengo ojos.
Extraño mundo los ojos.
Extraño mundo sensitivo.
(El corazón negro silba,
inevitable,
deshabitado a veces también.)
Qué vida de moscas dando volteretas por el cristal.
Qué mundo separado de carnes
de tristezas y alegrías.
Cuántos ojos mirando
envejecidos como frutas
obligados a mirar
para no mirar nada.
Debería haberme hecho fotos con Juan Gelman.
Raúl Campoy Guillén
24 de Mayo 2007

ENCUENTRO
Desde la distancia,
yo te hago nueva de espumas,
con tu abrazo trepando corales;
sumadora de horizontes,
no te adivino
pero me rodea tu adivinanza.
Desde la distancia,
yo te espero con ansia de brote,
maloliente y marino,
sudoroso en apagón,
devorado por mis propias palabras,
que lambrijo me tiran al viento
con sus niños
de soledad y arena;
y en la humedad de los vencejos,
secano en luz y estático en vuelo,
abro paraguas de ti
para habitarme en tu memoria:
temperatura ideal de mi conciencia.
Desde tu llegada,
salto a los charcos
con calambre sentimiento,
llamándome la atención de no abarcarte,
queriendo ser un niño
para crecerte de nuevo,
partiendo e impartiendo calmas,
termómetro subiendo pétalos,
hidrómetro en tu sed:
tú en mi medida
y tú medida
en mi desmedida.
Porque desde tu llegada,
ya nada es inmóvil,
CAMPANERA.
Raúl Campoy Guillén
Septiembre 2008
Reg M-2074

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