Revista Opinión

Reclutando sinvergüenzas

Publicado el 25 julio 2026 por Franky
Tras la reciente final del Mundial de Fútbol circuló por las redes una especie de chiste que decía que "El árbitro de la final era tan malo y corrupto que Pedro Sánchez lo está buscando para ofrecerle un ministerio". Pedro Sánchez lleva años dedicado a una tarea sistemática y exitosa: reclutar sinvergüenzas para que gobiernen España a su lado. Los sinvergüenzas que hay en el partido y el gobierno, algunos encarcelados y otros imputados o en espera de juicio, no son errores aislados de selección, sino el fruto de una política deliberada de selección de perfiles que comparten poca ética y lealtad absoluta al líder por encima de la ley, la decencia o el interés común. --- Reclutando sinvergüenzas Desde la Moncloa hasta las instituciones más sensibles del Estado, Sánchez las ha colocado bajo personajes cuya principal cualificación no es la competencia, sino la disposición a cruzar líneas rojas que antes se consideraban intocables.

El resultado es un gobierno y un aparato estatal colonizado por oportunistas dispuestos a todo con tal de mantener el poder.

Los sinvergüenzas se están haciendo dolorosamente visibles gracias a los jueces limpios que aún resisten en España.

Están en la Moncloa, en el entorno familiar del presidente, en el Consejo de Ministros, en las instituciones y empresas públicas, en la Fiscalía, en la Justicia, en las Fuerzas Armadas, en la Policía, en la Guardia Civil y también en el mundo profesional y empresarial que gira alrededor del poder.

El gobierno ha querido colonizar la guardia civil colocando al frente de esa institución a nueve generales afines al socialismo.

Cada nueva investigación judicial destapa otro rostro de esta red: favores a cambio de contratos, colocaciones a dedo de familiares y amigos, manipulación de instituciones y un desprecio descarado por las normas básicas de integridad.

Lo más preocupante es la amplitud del fenómeno: no se limita a un ministerio o a un partido territorial, es un patrón que recorre todo el Estado.

No es fácil encontrar, seleccionar y promocionar a tantos sinvergüenzas para convertirlos en altos cargos del Estado. Hay que reconocer el gran mérito de Sánchez como seleccionador de chorizos, canallas y delincuentes.

Su olfato para detectar a quienes están dispuestos a vender su dignidad a cambio de un cargo, un sueldo público o una cuota de poder es indiscutible.

Mientras otros buscan talento, Sánchez busca complicidad. El resultado es un equipo a su imagen y semejanza: un gobierno donde la mediocridad moral se ha convertido en requisito indispensable.

España paga caro este “talento” del presidente: instituciones degradadas, confianza pública destruida y un Estado que cada día se parece más a una empresa familiar de aquellas que se hicieron famosas en el hampa de Chicago años treinta.

Francisco Rubiales


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