Revista Opinión

Recordando a John Cazale

Publicado el 28 octubre 2018 por Manuelsegura @manuelsegura

Recordando a John Cazale

“¿Por qué tengo que imaginarme que es fácil convivir conmigo?”, se pregunta el protagonista de la novela de Hanif Kureishi, un escritor de origen paquistaní que siempre ha vivido en Inglaterra. En su obraIntimidad, publicada en 1998, nos relata la historia de Jay, un escritor y guionista cinematográfico situado en la cuarentena, en la cúspide del éxito al ser nominado al Oscar, casado con Susan, una inteligente y ambiciosa mujer que trabaja en una editorial, que tienen dos hijos pequeños a los que adora y que viven en una confortable casa. A pesar de ello, Jay decide dar un giro a su vida y aunque la idea de abandonar a sus hijos le atormenta, está decidido a romper con todo.

En ‘Intimidad’, Kureishi nos habla del desencanto, las mentiras, la monotonía, de la siempre complicada relación de pareja o de los tratos que a veces nos impone la vida. Algo que, a los que ya nos adentramos en la implacable madurez, no nos sonará nada extraño: “Esta es la noche más triste, porque me marcho y no volveré. Mañana por la mañana, cuando la mujer con la que he convivido durante seis años se haya ido a trabajar en su bicicleta y nuestros hijos estén en el parque jugando con su pelota, meteré unas cuantas cosas en una maleta, saldré discretamente de casa, esperando que nadie me vea, y tomaré el metro para ir al apartamento de Víctor. Allí, durante un periodo indeterminado, dormiré en el suelo de la pequeña habitación situada junto a la cocina que amablemente me ha ofrecido. Cada mañana arrastraré el delgado y estrecho colchón hasta el trastero. Guardaré el edredón impregnado de humedad en una caja. Y recolocaré los almohadones en el sofá. No pienso volver a esta vida”, concluye.

Sostiene Kureishi que elegir a alguien es dejar al descubierto una vida entera. Siempre reconoceré mi devoción por ese inmenso actor italoamericano como fue John Cazale, del que este año se han cumplido cuarenta de su muerte. Con solo cinco películas en su haber, Cazale pasa por ser uno de los grandes y alguien lo llegó a calificar como el mejor secundario de la historia. Hay quien prefiere el término actor de reparto para referirse a ello, lo cual no me deja de sonar a puro y simple eufemismo.

Prueba de que la vida para algunos seres humanos puede llegar a ser poco más que una auténtica mierda, es que cuando rodaba ‘El cazador’ (1978), de Michael Cimino, ya era consciente de que tenía una enfermedad que resultaría terminal: cáncer de pulmón. Cazale había sido, entre otras cosas, un fumador compulsivo. No hay más que verlo en la película. La productora de la misma no quería hacerse cargo de su seguro de vida y se cuenta que tuvo que ser Robert de Niro quien, con voluntad y empeño, corriera con los gastos que de él se derivaban. Otro grande, Al Pacino, recordó aquellos días de inmenso dolor y cómo la pareja de Cazale, la inigualable Meryl Streep, lo cuidó hasta su último día: “Verla en ese acto de amor por ese hombre fue inconsolable”. Pacino, quien solía acompañar a Cazale a las sesiones de quimioterapia, siempre dice que cada vez que la ve, aun reconociendo que es una magnífica actriz, eso es lo que más recuerda de ella. Y es que, volviendo al texto de Kureishi, resulta evidente que la calidad de un amor nunca se podrá medir por su duración, sino por su magnitud e intensidad. Ellos fueron un claro ejemplo. Y para los que ni siquiera la edad -quince años se llevaban- constituyó obstáculo alguno para ponerlo en práctica.

[eldiario.es Murcia 28-10-2018]


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