Revista América Latina

Reflexiones frente a las inundaciones

Publicado el 06 abril 2013 por Anahi

Mis dignas rabias


por Norma Giarracca


inundaciones en La Plata"...la catástrofe ha venido para quedarse. …¿cómo se piensa una catástrofe cuando ya no es la mera afectación de una subjetividad sino pura regularidad? ¿Cómo se piensa la catástrofe cuando se estabiliza como marca?
En la era del capital financiero [y extractivista agregó yo], la existencia no está garantizada; el neoliberalismo es la experiencia de una dinámica que transforma a priori a los cuerpos en superfluos."
Estas líneas están sacadas de un invalorable artículo que Nacho Lewkowicz escribía en 2002 a causa de lo que él llamaba la era “pos-estatal”. Le faltó tiempo a su interesante vida para comprobar que las instituciones básicas del capitalismo –Estado y mercado- no se retiran fácilmente de la pretensión de “darle sentido” a la vida del mundo. Es más, aquellos lejanos países como China, Rusia o la India o esos otros que guardaban regiones con cierta autonomía relativa del capital –Brasil, México, Bolivia e incluso la Argentina- hoy hacen cola para incluirse en el concierto de las naciones del capitalismo, alineados en la re-occidentalización con EEUU y Europa o en la des-occidentalización junto a los países islámicos, como sostiene Walter Mignolo. Pero el capital sigue hegemonizando las formas de reproducción material, que llamamos economía y si bien la forma-Estado puede variar y allí está el pequeño resto que se le deja a la “política”, la necesidad del control en función de la obtención de ganancias de las grandes, cada vez más grandes y concentradas empresas agrarias, industriales, de servicios, etc. sigue firme. Eso es precisamente lo que hay que modificar.
Estas necesarias evocaciones vienen a cuento de poder expresar “mis dignas rabias” frente a la catástrofe anunciada que según dicen los expertos “llegó para quedarse”. Barrios enteros de Buenos Aires y toda la ciudad de La Plata en una situación de total desamparo frente a lo que todos los políticos atribuyen a causas naturales, esas que producen los traumas y que una vez pasado el temporal permiten que la vida siga. Y no, no estamos frente a esas situaciones sino a otras mucho más graves que ponen en peligro al conjunto social, las vidas, los patrimonios, los hijos y la descendencia.
No negamos el componente del cambio climático anunciado hace décadas, clasificados los tipos de consecuencias por continentes, países y regiones (inundaciones, sequía, subida de la altura de las aguas, deshielos, huracanes, etcétera); ello existe, está estudiado y hay fuertes discusiones acerca del papel del accionar humano para que ello ocurra. Pero no hay dudas de que ciertas conductas económicas debían modificarse para amortiguar el cambio climático y en algunas sociedades por lo menos se intenta. Lamentablemente no en nuestro país, se sigue con las mismas pautas económicas agravadas en los tiempos neoliberales: fiebre inmobiliaria (incluso después de la crisis europea); territorios transgredidos y devastados por la fiebre extractivista; la máxima ganancia más renta de recursos naturales que en algunos casos son únicos en el mundo; pérdida de bosques nativos, falta de reforestación desprecio por los espacios verdes (excepto el desierto verde de la soja); despoblamiento de vastos territorios por los que cuesta atravesar por la fuerte agresión que produce el agronegocio y el olor pestilente de las aceiteras de soja; desprecio por las ciudades, por sus tradiciones arquitectónicas de zonas bajas en los famosos “barrios”, desprecio a la cultura que se ve ahora con lo que ocurre con el Conservatorio de La Plata, museos, etc. Todo esto de la mano de los famosos “negocios” donde la clase política en su conjunto está fuertemente asociada, no importa ya el partido, en esto que focalizo existe una aburrida y exasperante homogeneidad.
Cuando comencé a “pasear” por los programas periodísticos me llamó la atención que ni un solo político –oficialistas, opositores -de derecha o de izquierda- relacionaran las catástrofes de estos días con el modelo neodesarrollista en base a la acumulación por desposesión que sufrimos. Se habló de los arroyos entubados y no entubados, se habló de la corrupción del gasto destinado a mantenimiento de la ciudad, de la ausencia de los funcionarios, se pelearon como gatos y perros pero nadie mencionó el modelo de crecimiento elegido, “de eso no se habla”. Modelo extractivista, que como bien dice Enrique Viale, es agrario y urbano.
Dije en algún twitter que no soy geóloga, ni conozco las ciencias de la tierra o de la atmófera para asegurar esta relación. No obstante cualquier esquema epistemológico serio parte de considerar nuestro planeta un sistema. Es tan fuerte esta idea que contaminó a las ciencias sociales y allí sí, como miembro de esas disciplinas, puedo corroborarlo, son sistemas complejos: ecosistemas los físicos y sistema de significaciones interrelacionadas en nuestras disciplinas. Seamos serios ¿alguien puede negar que el desmonte no influyó en el régimen pluvial más allá del recalentamiento global? O peor aún sumado al recalentamiento del globo, el país pierde bosques para nuestros ecosistemas....
La mayoría está indignada, no se aceptan visitas ni explicaciones de los funcionarios, (vergonzosamente ellos intentan respuestas en vez de pedir disculpas) las redes sociales se convirtieron en una descarga de bronca frente a la impotencia del qué se puede hacer….Entiéndase bien, que los funcionarios estén de viaje de turismo es una inmoralidad y que visiten la zonas está bien pero no basta, la ayuda a cuentagotas no basta….esto es una catástrofe que se instaló y que es responsabilidad de muchos enfrentarla. Es necesario que termine el show de la política, es necesario que termine el show del periodismo y es necesario una discusión en serio sobre si se siguen devastando las ciudades y los territorios o se decide parar y cambiar. Basta de complicidad y silencio. De eso se trata y no se puede seguir jugando al disfraz de la campera amarilla, como la vicejefa del gobierno porteño, a las explicaciones ocultadoras y al doble discurso. Discutamos en serio que senderos nos pueden atenuar las catástrofes que se avecinan. No esperemos a la próxima. Tomemos conciencia de que el sufrimiento social no es chiste y que estamos todos involucrados. Rechacemos las actitudes psicopáticas de no sentir empatía con el sufrimiento del otro, no nos contagiemos. Hay muchas formas sociales de reproducción de la vida material que enfrían el planeta, atemperan los fenómenos climáticos, hay culturas que lo siguen haciendo aunque amenazados por los autores de la devastación. Paremos el modelo en CABA, paremos el extractivismo en el país. Es urgente, estamos en una emergencia.
Abril de 2013
Tomado de GERGEMSAL, 04.04.13
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