Expresiones como “eso ha sido así de toda la vida” o “desde que el mundo es mundo” nos hacen imaginar que las cosas han permanecido inmutables. La mayoría de las personas dan demasiadas cosas por sentadas, por ejemplo en el amor. Con la llegada de las nuevas tecnologías son más los que buscan intimar con otros o encontrar el amor en las web de citas y en las redes sociales. Antes se conocían en las verbenas, guateques, discotecas, por correspondencia, por amigos comunes, en citas a ciegas o confiando en las agencias matrimoniales.
Es posible que hoy haya más gente que solo desee relaciones esporádicas, o que no quiera comprometerse. Pero casi todos buscamos el amor romántico (en el sentido en que se entiende actualmente el romanticismo teñido de comedia norteamericana), porque nos han enseñado desde nuestra más tierna infancia que el estado ideal es la pareja, que somos una mitad buscando su media naranja, un ser incompleto que no encontrará la felicidad si no es junto a otro. Lo hemos dado por cierto y ahora comenzamos a cuestionarnos que esto sea así.Pero hay otro asunto sobre el que la mayoría de la gente está de acuerdo: el matrimonio debe ser por amor. Por supuesto que cada vez hay menos gente que se casa y que sigue habiendo matrimonios por otros motivos, pero cuando alguien se casa por conveniencia intenta disfrazarlo de amor, para no encontrarse con la crítica o el desdén de otras personas.Es cierto que siempre ha habido parejas que se han casado por amor, pero que este sea el motivo único o principal en la decisión de contraer matrimonio es un invento moderno. Durante muchos siglos lo que estaba realmente mal visto era casarse por amor. Incluso, hubo épocas, en las que a las autoridades les convenía que las parejas no se casaran. Y quien no lo crea solo tiene que recordar la historia de San Valentín, ese santo que se celebra cada 14 de febrero y que todos pensamos que es un invento comercial.

San Valentín bautizando a santa Lucilla de Jacopo Bassano (1575).
Museo Cívico. Bassano del Grappa (Italia).

Carlos de Orleans en la Torre de Londres.
Manuscrito iluminado de sus poemas.
Somos muchos los que recordaremos siempre a la tuna cantando Hoy es el día de los enamorados y a San Valentín subiéndose al ascensor de la Torre de Madrid que lo llevaba de regreso al cielo. Pero yo, particularmente, sonreiré al recordar a aquella universitaria que se inventó un novio al que nuestro santo trajo en carne y hueso, con nombre y apellidos y carnet de identidad (que antes no se decía DNI) y quedaron en “la estatua del pintor ese tan famoso del museo del Prado”… y mientras uno esperaba en Goya otro lo hacía en Velázquez y casi no se vuelven a encontrar…En fin, ese día muchos organizarán cenas románticas, regalarán flores y verán Notting Hill, El diario de Noa o Titanic… Cada loco con su tema…
¡Ah! Pero si yo iba a hablar de cuando estaba tan mal visto casarse por amor…Bueno, esa es otra historia que contaré otro día…
