Revista Opinión

Reflexiones. Vigésimo primero de febrero.

Publicado el 22 febrero 2013 por Cspeinado @CSPeinado

Reflexiones. Vigésimo primero de febrero.

Foto de Internet. Ni me preguntes...

A veces, el inicio de un resfriado, de un trancazo de esos de antología, de los que se vislumbran que serán monumentales, puede ser el mejor momento para, dejándose llevar por la mente embotada, darle a la tecla escribiendo lo primero que se deje caer por entre las chapuceras neuronas que, afectadas en toda cuenta de una ineficiencia inducida por los propios virus del resfriado, de seguro nos regalaran perlas de las que en el momento nos partiremos el culo de risa y al tiempo, cuando la enfermedad esté curada, nos lamentaremos ex-profeso por haber soltado tamaña parrafada. Si además el día está nublado, frío, con ventoleras fuertes y agua racheada, te falta un día para terminar el trabajo semanal y el viernes se presenta cómo una cabronada en potencia, tanto mejor, sólo tienes que tomarte un ibuprofeno o seis, meterte en la cama a sudar donde no pegarás un ojo merced al delirio de la fiebre y con suerte, tras una noche de cavilaciones y charlas con algún emperador romano, te levantarás lo mismo que si te hubiera pasado una apisonadora por encima.
Malditos inviernos.
Febrerillo loco es que es un pedazo de hijo de nazimbécil catalufo-vascónido. Lo mismo te regala una semanita al estilo del veranillo de San Miguel que, de improviso y sin avisar, te levantas una buena mañana con una bajada en recio de temperatura de diez grados, un frente atlántico que dejará lluvia preconizando a la madre de todas las olas polares que se avendrán después, cuando el més esté a punto de espirar. Pasas rápido del frío al calor, te sueltas la melena, te desabrigas y ya la tienes hecha. Te encuentras cómo un torero ante el toro y sales cómo Cagancho en Almagro. Es una sensación francamente asquerosa. La de estar enfermo sin estar enfermo. Si lo tienes que pillar pues adelante, de recio y a lo bruto. Un gripazo del carajo, con sus dolores musculares, sus cuarenta de fiebre y sus tres días reglamentarios de cama levantándote más que para ir al baño y con esfuerzo, que te deja hecho un mojón de pato.
Pero no, febrerillo, ese més que tendría que ser fusilado quince veces y después hostiado de manera preventiva, te trae el resfriado a fascículos, de suerte que lo agarras a mediados y entre mejoras de tiempo, empeoramientos meteorológicos, malas curas y tal, ya no soltarás la mocarrera, el gripamiento general y la enfebrulación masiva hasta el mes de mayo. Cosas de éstos inviernos chuecos que nos toca vivir en los últimos tiempos por los cuales ni diciembre ni enero son de preocupar, pero en cuanto arriba febrero... Échate a temblar que vienen curvas y resfriados que no vas a paliar ni con tres toneladas de frenadol. En otros años ello coincidiría con el final de la recolección de la aceituna, pero encima éste año no ha habido apenas cosecha, con lo que encima se te junta la mala ostia con el trancazo, jodido resfriado y jodido bolsillo, cosas de una crisis que parece endémica y crónica y que no nos va a dejar respirar, ni en uno ni en otro sentido en mucho tiempo. 
Reflexiones de nevera.
Eso sí, en tu casa podrás pasar el gripazo pero no saques mucho las narices de debajo de las mantas que, al precio que va la luz, puede ser que se te agrave con un infarto múltiple que te deje imbécil de por vida. Todo sea por tener la fiesta en paz. Entre deficit de tarifa, no se qué del carbón y tasas para erradicar, en eso debemos de ser los más listos del planeta, las nucleares, al final si te quieres calentar, más vale que birles un bidón de alguna obra cercana, lo pongas en mitad del salón y vayas quemando toda la publicidad que encuentres en el buzón. Al menos te saldrá más económico que poner la estufa y pensar que, lo que andas gastando en electricidad, lo podrías haber invertido en oro y haberte hecho de idem. Que esa es otra, antes el negocio de moda eran las inmobiliarias, ahora el "Compro Oro", espero que no salga otra burbuja, ésta dorada que, cuando reviente, nos vuelva a pringar de mierda a todos. Hay que ver lo imbéciles que sómos, para poner negocios, en éste país.
Y así, voy soltando la mala leche que me provoca el enfermar a causa del frío y el calor que se van alternando en éste tan corto, pero a la vez tan puñetero, mes de febrero. Y que conste que yo soy un amante nato del mal tiempo. Me encantan los vientos, los cielos encapotados y la lluvía a cascoporro. Pero estando en plenas facultades, sin resfriado en lontananza. En mi casa no ostante parece que es misión imposible. Mi mujer los pilla con una facilidad pasmosa, debe de ser por aquello de que le extrajeron las amigdalas. Luego lo demás viene sólo, ya se sabe, los que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición y pillan el trancazo a voleo y estilo tenis, ahora para tí, ahora para mí, ahora para tí... Así hasta que el tiempo decide mejorar de una vez y entrar en la puñetera primavera que traerá las astenias, las alergias y toda la algarabía de enfermedades vinculadas al més de las flores.
Espera.
Tengo un trancazo del quince. Tengo un día fatal, todo prisas, voces y arre que es tarde para poder cerrar la carga del fin de semana. Tengo temblores que hacen que mi estómago, que además está a dieta, duela cómo un poseso. Tengo fiebre que ni pasa más allá de las décimas ni retorna a su punto óptimo. Me huelo estar incubando un trancazo cómo un demonio que me va a hacer la puñeta todo el fín de semana. Me duele la cabeza, la espalda me avisa en el controno de la columna que en cualquier posición que pille me va a hacer la puñeta y en la tele no dan nada potable que cno sea telemierda, telepolítica o películas totalmente desfasadas. Es todo un lujo vivir en los días en los que vivimos pues, a pesar del copago, la saturación sanitaria, el cierre de ambulatorios y el tener que pagar la ambulancia, podría haber sido peor, vivir en la edad media, pillar el trancazo y morir debajo de una higuera sin más consuelo que a éste mes le queda un suspiro, la primavera está en puertas y a fé mía que siempre lo pillo cuando menos me lo espero.

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