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REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO” (7ª parte y última)

Por Zubi

Por El ZubiY llegados a este extremo se preguntarán ustedes qué es de mí, ahora que Curro se retiró y ya no torea.  Les diré que en cierta medida,  su retirada nos dejó descolocados a unos y en la orfandad más absoluta a otros, ya que el toreo de Curro es irrepetible y difícil de reemplazar. A lo pocos meses de anunciar su retirada, fui a comer, por motivos de trabajo, a un restaurante que hay en la localidad sevillana de Tomares, cuna de aquel torero célebre que se llamó Ricardo Torres “Bombita”. Este restaurante de Tomares, que se llama Mesón Casa Esteban, tiene dos características muy peculiares: una es que se come muy bien, la especialidad son las “papas con tomate”, pero la otra peculiaridad es que el local es un auténtico templo dedicado a Curro Romero. Allí hay colgadas fotos de Curro toreando, sin torear  y de todas las épocas.  Por supuesto  tanto los dueños como los camareros que allí trabajan son auténticos  “enfermos de Curro más que “curristas”. Y me contó uno de los dueños, que ya me conocía por mi afición a Curro y a las “papas con tomate”, que hacía pocos días estuvo allí el maestro cenando con su señora, y que le dijo: “Curro  eres el hombre más importante del mundo”, y Curro, con su timidez característica le preguntó: ¿por qué dices eso de mí, hombre? Y le contestó el otro: “pues mira si se muere el Papa, lo sustituyen. Si el presidente del Gobierno pierde unas elecciones ponen a otro, destituyen al presidente de Telefónica y al día siguiente hay otro presidente nombrado, y todo sigue funcionando igual que antes, pero tú Curro, ahora que te has retirado ¿quien te va a sustituir? que no hay nadie que te sustituya  Curro”. Y llevaba razón este hombre, porque Curro Romero ha sido un torero tan especial que han de pasar muchos años hasta que surja en el panorama taurino un torero que levante las pasiones que aún retirado de los ruedos sigue levantando. Es más, me da la sensación de que en aquel año en que Curro anunció su retirada, hasta las “vacas se volvieron locas”. En estos años de “orfandad” he echado de menos con mucha nostalgia esos días en los que iba a ver torear al “maestro”. Esos Domingos de Resurrección en Sevilla sin el maestro ya no son iguales. Es que cuando iba a ver torear a Curro, desde que me levantaba por la mañana sentía un “reconcome” en el pecho, un nerviosismo especial, un cosquilleo en el estómago, como si estuviera en vela, esperando el desenlace de un acontecimiento importante. Desde la retirada del “maestro” no he vuelto a sentir ese estado de ansiedad, ese estado de ”vigilia”, de estar a la espera de un acontecimiento importante que se va a producir de una manera inminente. No obstante, me considero buen aficionado y pienso que  en cualquier circunstancia de la vida, hay que mirar hacia delante, conformarse con lo que hay, recordar lo bueno del “viejo maestro”  y seguir viendo muchas corridas de toros, porque considero que  hoy por hoy  es el único espectáculo  que aún conserva la magia en su estado más puro.  Cuando esa magia surge  ocurre lo que dije al principio, que “el sentimiento se conmueve”. Como sabrán hace pocos años se presentó en Sevilla un sello que ya incluso ha desaparecido de la circulación, con la imagen del maestro dando una media verónica de ensueño. A mí esto me dio mucha alegría porque vi que había mucha mas personas que sentían como yo, que creen que “media verónica”  de Curro merece estar no sólo en un sello sino en un monumento. Más tarde le erigieron un merecido monumento escultórico en un jardincito cercano a la Puerta del Príncipe de la Maestranza de Sevilla, en el que aparece el “faraón de Camas” haciendo ese desplante tan característico suyo y que tanta satisfacción y fruición plástica nos produce a los “curristas”. Siempre que paso por allí miro de reojo su escultura y siento una gran satisfacción interior, como un bálsamo reparador que cura su ausencia. El bálsamo del alma, por saber que supe elegir lo auténtico y la verdad, el aroma y la hondura del toreo de Curro, tal vez uno de los toreros más artista del siglo XX. No puedo evitar, siempre que paso por allí, decirle de lejos: “Adiós maestro, cuanto lo hecho de menos”.  

Ahora trato de ilusionarme con el toreo de otros: primero con Morante de la Puebla, digno sucesor del arte de Curro y de Paula. Trato de ilusionarme con el toreo de Sebastián Castellá, de José Mari Manzanares, de Alejandro Talavante,  de Manuel Jesús El Cid, de José Tomás, de José Luis Moreno y los jóvenes valores que puedan aportar algo nuevo a la Fiesta, porque el panorama actual es ciertamente esperanzador. El maestro Curro Romero me tenía absolutamente absorbido, como enamorado de su arte y no me dejaba mirar con profundidad a la Fiesta. No hay mal que por bien no venga. Su retirada me ha permitido que varios años después me entren en la cabeza todos los toreros y todos los toreos del momento, y eso... creo yo es algo bueno.  Yo además sigo recomendando este espectáculo como terapia a los desanimados o a las personas que son poco felices. Los Toros es un espectáculo al que podemos entregarnos con pasión y sentimiento, porque la Fiesta y su entorno, creo yo, nos pueden abrir otras puertas en nuestra existencia.  Ya ven cómo a través del “currismo”  les he podido hablar del amor, de la mujer que es lo mas importante del mundo, de la amistad y de la felicidad, del estoicismo y del hedonismo. Todo se basa en algo muy sencillo y simple: la ilusión. Ese yo creo que es el  principal secreto para ser feliz: tener capacidad de poder ilusionarse de las cosas. Y la Fiesta  de los Toros, puede ser creo yo una buena excusa para encontrar la felicidad. 

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