Nunca habría podido imaginar que su sexo no estaba principalmente entre las piernas como llevaba años creyendo sino encima de los hombros como le explicó su doctora. Toda la vida le había ido bien con ese tema. No era de los que lo sacara en la conversación ni de los que gustaban de pavonear sus hazañas a diestro y siniestro. Le funcionaba y punto. Con criterios estadísticos tal vez podríamos decir que se salía de la media nacional en cuanto a complexión anatómica y uso y disfrute del asunto tanto en primera como en segunda persona. Sus parejas habitualmente terminaban el encuentro agradecidas. Por eso estaba tan preocupado, su nivel de ansiedad no había estado tan alto ni siquiera cuando tuvo el accidente de coche ó en aquella discusión con su padre por la que estuvieron años sin hablarse. Hizo de tripas corazón y pidió cita a su médica de familia quien después de realizar una historia clínica completa le expuso claramente que el problema estaba en la cabeza. Aquella nueva novia escultural con la que llevaba un mes saliendo le producía tal deseo de cumplir que le desbarataba el sutil mecanismo que inyecta sangre en semejantes partes. ¿Tan sólo es eso doctora? pregúntó incrédulo. La recomendación fue sencilla de entender, programar una semanas de encuentros sexuales que incluyesen todo tipo de picardías pero evitaran el coito para bajar así el dichoso bloqueo que producía el entuerto. En diez días estaba como nuevo, agradeció tener una facultativa tan competente.
Revista Salud y Bienestar
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