Revista Cómics

Repaso al 2019 (I): Lo mejor

Publicado el 01 enero 2020 por Alvaropons

 Resulta curioso decir que los tebeos que más me han emocionado en este 2019 no han sido publicados en papel, pero la realidad es esa: las exposiciones Viñetas desbordadas, de Max, Sergio García y Ana Merino y El dibuixat, de Paco Roca han sido un punto de inflexión absoluta en mi forma de entender esa trinidad extraña en la que milita el cómic como arte, medio y lenguaje. Me han fascinado rompiendo todo esquema y preconcepción, toda idea que tuviera sobre el noveno arte se ha quedado corta y me han demostrado que el cómic es un lenguaje con unas posibilidades artísticas y mediáticas por explorar, del que apenas vislumbramos la punta del iceberg. Ha dejado atrás cualquiera de las tradiciones y estériles discusiones bizantinas en las que se enquista en mundillo (“novela gráfica”, “esto no es un cómic”…) para centrarnos en las infinitas preguntas que quedan por contestar, muchísimo más apasionantes. Le dedicaré una larga entrada a este tema, aprovechando que tuve la suerte de estar vinculado estrechamente a una de ellas.
Dejemos las posibilidades y vayamos a las realidades de papel, ya sea analógico o virtual. Como ya es habitual en los últimos años, hacer un listado de “lo mejor del año” comienza a ser labor imposible: pese a que creo que he leído más cómics que nunca (creo que he leído entre 450 y 500 tebeos, auténtico récord, muchos más si contamos las infinitas reediciones que ya había leído), tengo la sensación de que apenas es una mínima fracción de lo publicado. Lo que me lleva a pensar que todas estas listas pierden su sentido, ya no son una visión personal y subjetiva de los mejores cómics del año: son un simple listado de prejuicios, los que he tenido al hacer mi selección previa de lecturas. Quizás por eso, tengo la impresión de que la calidad media de las lecturas ha sido muy alta, aunque quizás sin obras que me estremezcan, que me quiten la respiración y me dejen maravillado. Vale, acepto que con la edad se pierde la capacidad de fascinación y nos instalamos en cierto escepticismo existencial, pero siempre ha habido una obra que te rompía esquemas mentales, que te sacaba de los márgenes establecidos para encontrar nuevos caminos. Es verdad que ha habido obras soberbias -ojo a las tres primeras de la lista-, pero incluso el siempre reverenciado Chris Ware, que firma una verdadera joya indiscutible con Rusty Brown… no me ha sorprendido. No os equivoquéis: es impresionante lo que hace y, como es habitual en él, encuentra nuevos recursos narrativos en cada página, lo que hace la lectura apasionante…pero tengo cierta sensación de “ya leído” (lo que no deja de ser cierto: llevo siguiendo la edición americana de ACME desde sus inicios, así que casi el 75% del libro lo había leído, pero no es por eso) que me fastidia.  No me malinterpretéis: es una impresión subjetiva y personal, los tebeos que voy a citar en esta lista son en muchos casos, extraordinarios, algunos de ellos, auténticas obras maestras del cómic moderno. Y ha habido sorpresas, por supuesto, obras que rompían esquemas y que abrían camino para la reflexión sobre el lenguaje del cómic (ahí está el Cadencia de Massó o el Imbatible de Jousselin).

No me hagáis demasiado caso, el turrón niebla mis neuronas. Vamos a la lista de Lo mejor del año 2019 de La Cárcel de Papel (con las típicas advertencias: es una lista personal e intransferible y, por tanto, que cada cual la use de acuerdo a sus gustos y apetencias y siempre bajo el seguimiento profesional de su librero/a preferido, que luego vienen las quejas).

Este año, una referencia especial a lecturas que no han sido traducidas al castellano: la sensacional Nancy, de Olivia Jaimes (https://www.gocomics.com/nancy). Una puesta al día de la obra maestra de Bushmiller que sabe ser fiel a ese estilo tan particular, pero desde una perspectiva moderna en sus planteamientos. Brillantísima serie que esperemos se vea por aquí algún día.

Respecto a la lista de tebeos publicados en España, este año me ha costado mucho hacer la selección: como ya he dicho, quizás las tres primeras del listado se encuentran claramente muy por encima de las demás, pero el resto de obras tienen un nivel excelente y homogéneo que hace muy, muy complicado decidir cuál entra o no, en una especie de inmenso ex aequeo de imposible jerarquización.

  1. ¿Es así como me ves?, de Jaime Hernández (La Cúpula)
  2. Ventiladores Clyde, de Seth (Salamandra Graphic)
  3. Rusty Brown, de Chris Ware (Reservoir Books)
  4. Vidas paralelas, de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel)
  5. Bezimena, de Nina Bunjevac (Reservoir Books)
  6. Mi vida en barco, de Tadao Tsuge (Gallo Nero)
  7. En un rayo de sol, de Tillie Walden (la Cúpula)
  8. La esperanza pese a todo, de Émile Bravo (dibbuks)
  9. La noche que llegué al castillo, de Emily Carroll (Sapristi)
  10. Gràfica Radiant, diari ARA
  11. Inframundo, de Pep Brocal (Astiberri)
  12. Cadencia, de Roberto Massó (Fosfatina)
  13. Niño prodigio, de Michael Kupperman (Blackie Books)
  14. Sabrina, de Nick Drnasso (Salamandra Graphic)
  15. Intisar en el exilio, de Pedro Riera y Sagar Fornies (Astiberri)
  16. El Buscón en las Indias, de Guarnido y Ayrolés (Norma Editorial)
  17. El último faraón, de François Schuiten, Van Dormael, Gunzig y Durieux (Norma)
  18. Tú, una bici y la carretera, de Eleanor Davies (Astiberri)
  19. En otro lugar, un poco más tarde, de David Sanchez (Astiberri)
  20. Diario de Italia, David B (Impedimenta)
  21. Guy, retrato de un santo bebedor, de Ruppert, Mulot y Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel)
  22. Mi amigo Luis, Carlos Giménez (Reservoir Books)
  23. Palimpsesto, de Wool-Rim Sjöblom (Barbara Fiore Editora)
  24. Imbatible, Pascal Jousselin (Editorial Base)
  25. Tomar refugio, Zeina Abirached y Matthias Enard (Salamandra Graphic)
  26. El cuidado de los pájaros, de Francisco Sousa Lobo (Reservoir Books)
  27. Intensa, de Sole Otero (Astiberri)
  28. Piratas del Multiverso, de danixove (Instagram)
  29. Ocultos, Laura Pérez (Astiberri)
  30. La mentira y como la hemos contado, de Tommi Parrish (Astiberri)

Repaso al 2019 (I): Lo mejor

Las tres primeras son, a mi entender, indiscutibles: en ¿Es así como me ves?, Jaime Hernández demuestra una magistralidad casi insultante en el desarrollo de esa historia de apariencia tan sencilla y tan contundente en su mensaje, un auténtico canto a la vida y al ejercicio de un recuerdo ajeno a la nostalgia, que reivindica lo vivido y el pasado como parte ineludible de nuestro presente, sin lugar para el remordimiento, el arrepentimiento o el dolor, solo para la celebración de que, pese a todo, estamos aquí. Un planteamiento que está en el extremo opuesto del de Chris Ware en Rusty Brown, inmisericorde retrato de la miseria de la vida humana que no da espacio para la esperanza ni la compasión ante la mediocre realidad de nuestra existencia. Entre los dos polos, Seth plantea una situación intermedia en Ventiladores Clyde, que acepta ese infinito bucle de repetición en el que se encuentra atrapado el ser humano con una resignación que sabe encontrar resquicios para el equilibrio. Vidas paralelas, de Olivier Schrauwen es un divertido delirio que rompe y machaca sin remisión los cánones de la ciencia-ficción para, sin embargo, ser fiel a esos principios del género que llevan siempre a la reflexión sobre nuestra realidad.

Repaso al 2019 (I): Lo mejor

Bezimena, de Nina Bunjevac, sorprende desde ese planteamiento de cuento ilustrado, casi infantil, para sumergir al lector en la dureza del abuso sexual. Sería injusto valorar la obra de Tadao Tsuge a la sombra de su hermano, como bien demuestra Mi vida en barco, brillantísimo acercamiento a una vida que toma sentido a partir de los pequeños caprichos que nos permitimos.  Tillie Walden confirma que el prejuicio de la juventud hacia la autoría es tan injusto como absurdo: En un rayo de sol es una obra coral vibrante, viva, que recuerda desde su personalidad propia al universo de Locas de Jaime Hernández, moviéndose con firmeza en un original escenario de ciencia-ficción para narrar ritos de paso reconocibles con libertad y frescura. De Émile Bravo poco se puede añadir: si su paso por Spirou ya es una de las obras maestras de este siglo XXI, su nueva incursión en la creación de RobVel, La esperanza pese a todo, se dirige rauda a superarla, con una primera entrega apasionante y con un nivel de reflexión difícil de encontrar en el cómic mainstream (y no mainstream).

Repaso al 2019 (I): Lo mejor

Sigo embriagado por la potencia gráfica de Emily Carroll en La noche que llegué al castillo, una obra de pura visceralidad visual, que arrebata al lector desde su primera página. Y para cerrar la primera decena de obras, un proyecto colectivo: Gràfica Radiant, brillante iniciativa del diari ARA que deja a los autores una página del diario con un único reto, romper esquemas, experimentar y descubrir con la página. Y los resultados acompañan, porque los autores y autoras que han pasado por la sección han demostrado de la libertad siempre es respondida.

Sin duda una de las mejores obras nacionales del año ha sido Inframundo, de Pep Brocal, original, divertida y apasionante revisión del mito de Dante en términos de cultura popular contemporánea que se disfruta en una primera lectura y luego explota como fuegos artificiales al conectar el universo referencial que maneja. Cadencia, de Roberto Massó, es una de esas obras que obligan a sentarse y reflexionar, porque al poco de pasar las primeras páginas de esta obra de radical experimentación formal, es evidente que toda idea que tuviéramos sobre la historieta era equivocada. Es posible que pase desapercibida para el gran público, pero estoy convencido que esta obra generará miles de páginas de reflexiones académicas sobre la historieta, sus límites y potencialidades. Conocía la obra de Michael Kupperman y me encantaba su aproximación al humor absurdo, a un non-sense que no tiene nada que ver con lo que encontraremos en Niño prodigio, biografía de su padre que, desde la brillante reflexión sobre el tratamiento de los niños estrella en los mass-media, propone una sugerente catarsis personal sobre la relación con su padre.

Repaso al 2019 (I): Lo mejor

Llegaba con el prestigio de la nominación al Premio Booker, pero Sabrina, la nueva obra de Nick Drnasso, no necesitaba el ruido mediático para destacar: potentísima reflexión sobre el papel de las redes sociales en una sociedad donde el periodismo ha perdido sus ejes éticos para buscar likes a la desperada. Intisar en el exilio, de Pedro Riera y Sagar Fornies es un brutal puñetazo en el estómago, que retoma al personaje de El coche de Intisar (con Nacho Casanova al dibujo) para lanzar una contundente y demoledora denuncia de la terrible ignorancia que Europa está protagonizando ante el horror de la guerra en Yemen. El Buscón en las Indias, de Guarnido y Ayrolés es una sorprendente continuación del clásico de Quevedo que juega con acierto a actualizar la picaresca clásica con el modelo moderno del cine de robos, de Rufufú y El golpe a Ocean’s Eleve. Las continuaciones de Blake y Mortimer se han movido con irregularidad manifiesta entre la excelencia (La maquinación Voronov) y lo olvidable (para qué dar ejemplos…), pero El último faraón, de François Schuiten, Van Dormael, Gunzig y Durieux rompe con éxito con la tradición de seguir clónicamente el estilo gráfico y verborreico de Jacobs para introducir a la pareja en un universo paralelo al de las Ciudades Oscuras con acierto y éxito que piden más.

Repaso al 2019 (I): Lo mejor

Tú, una bici y la carretera, de Eleanor Davies es una de esas obras de lectura pausada, donde un simple viaje en bicicleta va desgranando una búsqueda personal que solo intuimos en segundo plano, en esos escenarios que van conformando un discurso propio. Bien distinto es En otro lugar, un poco más tarde, de David Sanchez, pero coincide en la importancia de los escenarios como inductores de un sueño lisérgico, tan extraño como hipnótico y subyugante. Sigo con lugares: Diario de Italia, de David B es una particular revisión del tradicional Cuaderno de Viajes que parece imbuido del espíritu de Papini, convirtiendo las ciudades en crisoles de historias y mitologías. La unión de Ruppert y Mulot y Olivier Schrauwen permitía cualquier resultado por extraño que pareciera y Guy, retrato de un santo bebedor es una de esas infinitas posibilidades que vienen unidas por un nexo común: la búsqueda de nuevos límites para la narración gráfica, en este caso desde la tradición del género de piratas.

Repaso al 2019 (I): Lo mejor

Mi amigo Luis es una nueva incursión de Carlos Giménez en la memoria de la posguerra, abordando ahora relatos recordados que siguen componiendo un fresco único de nuestra historia, absolutamente imprescindible. Palimpsesto, de Wool-Rim Sjöblom es una de las sorpresas de este año: un relato periodístico de la búsqueda de los padres biológicos de la autora que se revela como una categórica denuncia de los procesos de adopción de niños asiáticos. Imbatible, de Pascal Jousselin es una de esas obras que te deja boquiabierto y que te demuestra que el lenguaje del cómic permite posibilidades increíbles imposibles para cualquier otro medio, relato de superhéroes canónico basado en el ejercicio metalingüístico del mayor poder que pueda tener un héroe en el cómic: dominar el lenguaje de la historieta. Tomar refugio, de Zeina Abirached y Matthias Enard es una brillante reivindicación del papel de la mujer en la construcción histórica desde dos historias de amor imposible, bellamente retratadas por Abirached.

Repaso al 2019 (I): Lo mejor

El cuidado de los pájaros, de Francisco Sousa Lobo es una obra desasosegante que se atreve a meterse en la mente de un pedófilo, atreviéndose a romper tabúes y fronteras no escritas. Intensa, de Sole Otero es pura frescura y alegría, una de esas obras que se leen con una sonrisa de oreja a oreja pese a que está retratando el amor humano como la marcianada suprema… Una de las sorpresas del año ha sido, sin duda, la divertida y original Piratas del Multiverso, una serie que danixove está desarrollando en Instagram (@danixove) y que se atreve con todo, machacando mitos con alegría desprejuiciada para encontrar su propio discurso.

Repaso al 2019 (I): Lo mejor

Ocultos es una excelente ocasión para disfrutar de la elegancia narrativa de Laura Pérez, que se zambulle en el misterio de lo paranormal para crear haikus gráficos de una belleza visual mesmerizante. Por su parte, gran descubrimiento el de Tommi Parrish, que con La mentira y como la hemos contado compone un desolador retrato de unas relaciones humanas construidas alrededor de mentiras que han pasado a ser casi inconscientes en el tiempo de las redes sociales.

Esto sería mi selección personal de 30 obras, pero podría haber cambiado casi cualquiera de las últimas veinte por el elegante minimalismo de Stygryt en Felipe IV (Coco Press), la poética reivindicación del amor de Ser amado, de Javier Lozano (Fulgencio Pimentel) o la dolorosa realidad de California Rocket Fuel, de Lorenzo Montatore (Sugoi); la brillante y sorprendente potencia gráfica de Ser leyenda, de Del hambre (Banda Aparte editores); la renovación del underground que plantea Aroha Tarve en Carne de cañón (La Cúpula) o la potencia del relato personal de Sucumbir, de Andrea Ganuza (Gráficas Valiente). Igual fuerza tiene la aproximación a la esquizofrenia de La batalla de esquizo (Nuevo Nueve), con un impresionante trabajo gráfico de Manuel Alonso Iglesias o la reflexión sobre la emigración de El año de la rata, Martín López Lam (Salamandra Graphic), por no hablar de la brutal denuncia del comercio de operaciones estéticas de Helter Skelter, de Kyoko Okazaki (Ponent Mon). Me ha encantado (¡por fin!) el comienzo del nuevo ciclo de Los Pasajeros del Viento de Bourgeon en La sangre de las cerezas (Astiberri), igual que que la brillante deconstrucción del género que firma Lisa Hanawalt en Coyote doggirl (Astiberri). Hay que destacar el acierto y tino de Ruben Pellejero y Juan Díaz Canales para crear una historia fundacional de Corto Maltés que podría haber sido firmada por el mismísimo Pratt en El día de Tarowean (Norma); y me está gustando mucho la particular fantasía de un futuro de mutaciones excluidas que plantea Epiphania, de Ludovic Debeurme (Kraken). Maravilloso el descubrimiento de Elisa Macellari y su Papaya Salad (Liana Editorial), una aproximación histórica a la cultura thai desde una inspiración gastronómica proustiana. The eyes, de Javi de Castro es una espléndida demostración de las posibilidades de los nuevos recursos que aporta la red. No mires atrás (La Cúpula) confirma a Anabel Colazo como una autora a seguir gracias a una sugerente aproximación al universo creepypasta. The inmortal Hulk, de Al Ewing y Joe Bennet (Panini) es una acertada revisión del mito del gigante verde en clave de terror Warren, un auténtico “revival” setentero al que podríamos sumar en clave ochentera La gran novela de Patrulla X 2 de Ed Piskor (Panini). Epílogo, de Pablo Velarde (Nuevo Nueve) es un sorprendente thriller de lo más recomendable, mientras que ¡Socorro!, Roberta Vázquez (Apa Apa) es una genialidad que demuestra que el undeground sigue vivo y tiene sentido. Quizás Los estados divididos de histeria (Dolmen) no sean la obra maestra de Howard Chaykin, pero mantiene incólumes su mala leche y sardónica mirada a la realidad americana. Mies, de Agustín Ferrer (Grafito) es un brillante trabajo biográfico sobre el famoso arquitecto. El club de las chicas malas, de Ryan Heshka (Autsaider) es una alocada y deliciosa serie Z que podría haber sido firmada por John Waters. Paranoia Star, de Suehiro Maruo (ECC) recupera las claves de este inquietante e inclasificable autor, mientras que Reiraku, de Inio Asano (Norma Editorial) es una durísima reflexión sobre la creación en una durísima industria. La cantina de medianoche 1: Tokyo Stories, de Yaro Abe (Astiberri) es uno de esos mangas gastronómicos que aprovechan el olor de ramen recién hecho para reflexionar sobre el ser humano con indudable acierto (y gusto). La sangre extraña, de Sergi Puyol (Apa Apa) es una obra extraña e inquietante, que se atreve a unir la otredad con la obsesión desde un planteamiento casi onírico. Noticias de Pintores, de María Luque (Sigilo) es una curiosísima aproximación a la historia del arte desde la anécdota que plantea una lectura paralela del arte realmente interesante. Mangy Mutt, de Óscar Raña (Fosfatina) se encuadra dentro de esas obras que plantean rupturas formales apasionantes y sugerentes de nuevas posibilidades a explorar. Hicotea, de Lorena Álvarez (Astiberri) es la demostración de que el cuento está más vivo que nunca, pero necesita ser rescrito y replanteado desde nuevos imaginarios, como el vibrante que plantea Álvarez. Y, para acabar, no podemos olvidar en este listado el divertidísimo y mordaz  Vivan las vacas, de  David Prudhomme y Pascal Rabaté  (Norma) y la contundente reflexión sobre el arte de ¿Arte?, ¿Por qué?, de Eleanor Davis (Barrett).

(Continuará)


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