por Álvaro Pons y Noelia Ibarra
Esto del ejercicio de listar puede compararse a una adicción,caracterizada en este caso, por la dificultad de abandonarla, una vez uno se ha adentrado por sus vericuetos. Por mucho que sepamos que su función es cuestionable y está marcada por tantos sesgos que toda selección debería ir marcada con anuncios de precaución, cual cajetilla de tabaco, es imposible evadirse de su atracción, tanto para consumirlas como para realizarlas. Más si se tiene ya una tradición que se va a los casi 25 años, que hay que recordar que esta web, pese a que los últimos años solo sirva para esto, sigue viva y en apenas un par de años cumplirá los cinco lustros. La verdad es que veo los años pasados y es imposible no ver cómo ha evolucionado mi gusto, supongo que de forma natural por aquello de hacerse viejo, pero también por las buenas influencias, como la que en los últimos años supone el trabajar en equipo para contubernios comiqueros con Noelia Ibarra, más conocida en redes por @AspirinaWoolf. Veo la lista y la verdad es que, tras ya varios años de discusión, debate y comentario de las novedades para reseñas, considero ya esta selección como una tarea del equipo que hemos formado. Así que lo más lógico ha sido invitarla a ella a preparar la selección y redactar conjuntamente esta entrada, por lo que esta lista de La Cárcel de Papel de 2025 está hecha por servidor y Noelia Ibarra. Por aquello de que si se va a criticar, pues repartir las culpas…
Por lo demás, siempre las mismas prevenciones. Aunque la locura de las novedades parece que decae (siempre hay que seguir las Tebeográficas de Tebeosfera), es absolutamente imposible haber leído las más de 4000 novedades que han aparecido, y seguro que más de uno echará muchos títulos a faltar o le sobrarán otros. No hay orden establecido, aunque más o menos los 10 primeros son un subconjunto en sí mismo de “los mejores de los mejores”, pero con espíritu de cambiar cada diez minutos.
Cojan esta lista como quieran: como un punto de partida para una debate sobre los mejores tebeos con las amistades en una terracita con un café, como un listado de esenciales o como una nómina de tebeos con los que no se tiene por qué coincidir (los gustos, libres siempre).
O, simplemente, como lo que es: una invitación a descubrir nuevas lecturas de temáticas diversas y diferentes propuestas gráficas.
- En vela, de Ana Penyas (Salamandra)
- Encías quemadas, de Natalia Velarde (Reservoir Books)
- Hotel Abuel, de Marta Altieri (Reservoir Books)
- La nueva Frontera, de Blutch (Sapristi)
- Bruma, de Martín López Lam (Aristas)
- Días sin escuela, Sento y Elena Uriel (Astiberri)
- Brunilda en la plata, de Genis Rigol (apa Apa)
- Margarita contra los Vampiros, de Raquel Gú y Javier Pérez Andújar (Finestres/Liana)
- El diario de la señorita Litgi, de Kim (Norma)
- Consumida, de Alison Bechdel (Reservoir Books)
Impresionante lo que ha hecho Ana Penyas con su última obra, En vela, demostrando que es una de las autoras más importantes que tenemos, no solo por la solidez artística de sus propuestas, sino también por la inteligencia con la que despliega sus argumentos, consiguiendo obras de una brutal carga de profundidad. También espectacular el despliegue de talento visual de Natalia Velarde en su obra de debut, Encías Quemadas, que arrasa con cualquier concepto previo para demostrar que el cómic no sigue normas establecidas, sino que las crea a cada paso rompiendo moldes y consiguiendo una obra abrumadora, cuyo despliegue gráfico obliga a releer cada página. Y qué decir del estreno en la narración larga de Marta Altieri con Hotel Abuel, que consigue transformar su webcómic Joselito en precuela de una sorprendente reflexión sobre nuestro presente a través de un futuro tan cercano como cotidiano. Una representación de la tercera edad diferente que aborda en profundidad temas como la soledad o los lazos que formamos sin renunciar a provocar una sonrisa en el lector.
Blutch sigue siendo un autor inalcanzable en su capacidad mutante, que nos regala en La nueva frontera una de las más bellas reflexiones sobre el amor, pura poesía que derrumba cualquier norma sobre la narración gráfica para encontrar su camino personal. Bruma, lo nuevo de Martín López Lam no es sorpresa: este autor es una piedra filosofal que transmuta en oro todo lo que toca, como este relato de ciencia ficción apocalíptica que deviene en vitriólica crítica de nuestro hoy. Otros que no dan lugar a la sorpresa son Sento y Elena Uriel, que firman en Días sin escuela una obra tan emotiva en su fondo como demoledora en su lectura, un alegato brutal contra la guerra, por desgracia, más necesario que nunca, en el que la mirada infantil ocupa un lugar protagonista y la familia se define más allá de los lazos sanguíneos. Siguiendo con la categoría de “Sorpresa”, sin duda el premio máximo se lo lleva Genis Rigol con Brunilda en la Plata, una obra tan diferente como magnética, un metarelato fascinante sobre la creación donde todo es posible, con claros ecos a Ionesco y Beckett. Y donde desde luego todo es posible en Margarita contra los vampiros, ese glorioso road cómic que Javier Pérez Andújar y Raquel Gú han firmado, puro delirio brugueresco que sustituye a Kerouac por Azcona para crear un catálogo del imaginario colectivo nostálgico de los 70 y 80 en forma de tebeo protagonizado por entrañables personajes que nos recuerdan la relevancia de la amista para emprender cualquier viaje. Ejercicio también brillante el de Kim en El diario de la señorita Litgi, que transforma unas cartas encontradas en un vibrante y sólido relato del empoderamiento femenino durante la posguerra. Y se agradece la vuelta de Bechdel en Consumida a su universo particular tras su periplo autobiográfico, plena de mala leche y autocrítica bien enfocada a la realidad que vivimos.
- Lista para Morder, de Keiler Roberts (Alpha Decay)
- La caja de Pandora, de Ángel de la Calle (Garbuix)
- Palindrotiras, de Jose Pablo Garcia (Autsaider)
- El rey medusa 1, de Brecth Evens (Astiberri)
- Las tres reinas, de Magali Le Huche (Garbuix)
- Todo va a estar bien, de Power Paola (Apa Apa)
- No sé, pero creo que moriré, de Lorenzo Montatore (Astiberri)
- Las locuritas de Úrsula, de Sergi Puyol (apa Apa)
- Todo abruma, de Dash Shaw (Apa APa)
- Charles loves Josefa, de Fermín Solís (Salamandra)
Keiler Roberts sigue fiel a su cita como esa vieja amiga con la que tenemos contacto de tanto en tanto pero necesitamos saber de ella y de su disección de la realidad a través de sus viñetas.. De la Calle cierra su particular Trilogía de Ángel con una necesaria lectura de la transición que es, también, un acercamiento al proceso creativo y un homenaje irredento al papel de los tebeos en nuestra vida. Boquiabierto se queda uno con el trabajo de José Pablo García con esos juegos de palabras capicúas que él lleva a repaso a la historia mundial del cómic. El personalísimo, luminoso y colorido estilo de Evens nos ha acostumbrado a esconder lo más oscuro del ser humano en estas páginas que miran qué pasa alrededor de la vida de un conspiranoico, plasmado desde la óptica de la infancia para obligar al lector a componer su interpretación, muy lejos del ambiente festivo y alegre, pero poderosamente reivindicativo del relato de Magali Le Huche frente al acoso, la discriminación y el racismo. Por su parte, Power Paola tiene esa capacidad única de transmitir sinceridad y honestidad en su trazo, que lleva su relato autobiográfico a una confesión íntima con la que sentimos cercanía y empatía. Lo de Montatore necesita de espacio aparte, porque desde su respeto y pasión desbocada por el tebeo de humor más clásico, consigue construir un discurso de una profundidad que nos causa vértigo en su personal abordaje de la muerte. Por su parte, la Úrsula de Puyol es una gozosa inmersión en la extrañeza de lo cotidiano, mientras que lo nuevo de Dash Shaw invita a dejarse atrapar por esa maraña de relaciones que es la vida real, ese efecto mariposa que nos arrastra sin que nunca podamos saber que ha existido y el papel que ha desempeñado..
- Comfortless, de Miguel Vila (la Cúpula)
- Dibujo del natural, de Jaime Hernández (la Cúpula)
- Será todo para mí, de Zerocalcalre (Reservoir Books)
- Física para gatos, de Tom Gaulkd (Salamandra Graphic)
- La invasión de los hongos del espacio, de Marina Shirakawi (Díabolo)
- Elmer, de Gerry Alanguilan (La Cúpula)
- Alimentar a los fantasmas, de Tessa Hulls (Reservoir Books)
- El disturbio eterno, de Joe Sacco (Reservoir Books)
- Después de medianoche, de Gaelle Geniller (La Cúpula)
- Archivos Expiatorios, de Flavita Banana (Astiberri)
Miguel Vila ya nos tiene acostumbrados a ese contraste entre su estilo de realismo orgánico y su increíble capacidad para retorcer la realidad en busca de esos caminos que quedan olvidados entre historias, y en Comfortless lo borda. De Jaime Hernández no vale la pena hablar: es un genio, un contador de historias magistral que incluso consigue que la historia más sencilla se convierta en acontecimiento. El italiano Zerocalcare es uno de los más brillantes notarios de nuestro presente, ya desde la mirada personal y autobiográfica o desde el reportaje, pero es un indispensable. Y Tom Gauld ha conseguido la alquimia suprema: mezclar física con gatos, entenderán que para un físico aficionado a los tebeos y amante de los gatos es como abrirle las puertas de Xanadú. El manga siempre esconde obras maestras como esta de Shirakawi, puro género con una fuerza incontenible. Elmer es una particularísima reinvención de Orwell que no deja indiferente, mientras que la premiada obra de Hulls es un poderoso relato de tres generaciones de mujeres que habla de empoderamiento, pero también de tradiciones y cambios. Sacco se traslada a la lejana frontera entre Pakistan y la India para recordarnos que los conflictos no nacen entre banderas, sino entre pobres y ricos. Geniller vuelve a demostrar su sensibilidad para crear relatos donde la fábula se acompaña de un trazo preciosista para lograr imágenes que se fijan en nuestra memoria. Y de Flavita Banana solo se puede glosar su capacidad para relatar nuestro día a día desde un humor gráfico que no admite rehenes.
- Aquí donde estoy, de María Castro y Tyto Alba (Astiberri)
- La conserje de los grandes almacenes, de Tsuchika Nishimura (Salamandra)
- Anna, de Mía Oberlander (Salamandra Graphic)
- La estación, de Raphaél Geffray (Andana)
- Mal olor, de Nadia Hafid (Finestres/Apa Apa)
- Calva, de Tereza Drahoňovská y Štěpánka Jislová (Andana)
- Fibi, de Jeróme Moureau (Finestres)
- La muerte, de Irene Márquez (autsaider)
- La trilogía de Nueva York, de Karasik (Planeta)
- Pataslargas, de Matthias Picard (Fulgencio Pimentel)
El relato de Alba y Castro es una potente denuncia del horror de la guerra que da un paso más allá al romper la barrera generacional para reivindicar este mensaje como universal no solo en el espacio, sino en el tiempo. Nishimura construye en esos grandes almacenes de rica diversidad antropomorfa una particular fábula de la histeria de un capitalismo que fagocita todo lo que toca. En Anna, Oberlander desarrolla todo un ejercicio de simbolismo gráfico para reflexionar sobre la percepción del cuerpo y la identidad. La estación es una sugerente metáfora de la celeridad con la que vivimos desde un entorno cerrado que deviene en surrealista, casi como la opresiva realidad laboral que vive la protagonista de la nueva obra de Nadia Hafid o el constante miedo a la imagen que devuelve el espejo de las personas que padecen alopecia, como relatan Tereza Drahoňovská y Štěpánka Jislová en Calva. En Fibi, Moureau compone una fábula moderna que termina siendo un profunda reflexión sobre el sentido de la vida. Y también de vida habla La muerte, donde Irene Márquez retrata sus incongruencias desde el final con su brutal humor negro, un puñetazo directo a cualquier tradición que hayamos asumido. Karasik amplía la adaptación de la trilogía de Auster con dos aportaciones, la suya y de la de Mattotti, consiguiendo con la de Mazzucchelli no solo una brillante traslación, sino una increíble demostración del poder del noveno arte. Y un cómic como el de Matthias Picard, que rompe la barrera de las dos dimensiones para encontrar en la profundidad física un espacio para la fabulación.
- Creo que no voy a tener, de Catherine Gauthier (Godall)
- Absolute Martian Manhunter, de Deniz Camp y Javier Rodríguez (Panini)
- La muerte en Trieste, de Jason (Astiberri)
- Zumito rico, de Paw Salces (La Granja)
- Caperucita en Manhattan, de Helena Bonastre y Catalina González Vilar (Lumen)
- Cenizas, de Siu Fung (Planeta)
- Mi amigo Kim Jong Un, de Keum Suk Gendry Kim (Reservoir Books)
- Rose en la isla, de Michael Rabagliatti (Astiberri)
- Una ranita en otoño (y mucha más), de Linnea Sterte (errata naturae)
- Hoy, de Agustina Guerrero (Lumen)
Gauthier reflexiona sobre la maternidad enfrentándose a las convenciones sociales que marcan su necesidad para la realización de la mujer, analizando diferentes escenarios y reivindicando la libertad de elección. Javier Rodríguez despliega en su versión del detective marciano una panoplia de recursos del pop-art que aportan al clásico personaje una psicodelia cromática y visual apabullante. De Jason poco hay que decir ya, de su innata capacidad para el pastiche surrealista que logra que los límites entre arte, literatura y cultura popular desaparezcan buscando su propia versión. Salcés debuta con una potente reflexión sobre las adicciones desde fondo y forma, mientras que Bonastre y González Vilar trasladan el inmortal cuento de Gaite con delicadeza y respeto a la viñeta. Poco llega del cómic hongkonés, pero cuando llega nos hace pedir más: Cenizas es una obra sugerente que transforma los miedos en un potente relato de terror. Y Keum Suk Gendry-Kim se atreve con el intocable dictador coreano para aportar claves que interpretan no solo la historia coreana, sino la realidad mundial que vivimos. Rabagliati nos ha estado acompañando con su alter ego Paul desde hace décadas, y parece como si diera el relevo a su hija en su nueva obra, a la vez que aprovecha para experimentar con las formas y recursos de la narración. Sterte compone un cuento delicioso que conecta directamente con los Chōjū-giga japoneses del siglo XI para romper las barreras del tiempo y crear una cronología del noveno arte que se expande sin remedio. Y, para finalizar, la definitiva transformación de la Volátil en Agustina Guerrero, en una obra que habla de la necesidad de pisar el freno y mirar a nuestro alrededor.
Se quedan muchísimas obras fuera que podrían estar dentro, hagan ustedes ejercicio de sustituir cualquiera de las presentes en este listado por las suyas y conseguirán otra lista coherente e interesante, seguro.
Pero es importante acabar haciendo referencia a la imparable ascendencia del cómic infantil y juvenil, que está demostrando una fortaleza tan necesaria como ilusionante. No es solo que obras como Policán lideren todas las listas de ventas, es que otros títulos como La terrible Adèle o Superpatata o creadores como Fortuny y Copons o Telgeimeier se encuentran siempre entre cualquier lista de lo más vendido. Las colecciones Astronave, Mamut, Brúfalo o Astiberri infantil se están llenando de obras apreciables que necesitan llegar a sus lectores naturales, niños y niñas que las disfrutarán, pero que no impide que cualquier adulto pueda pasar un excelente rato con ellas también. Pueden empezar con esa particular reescritura de Understanding comics que es El club de los dibujantes,de McCloud y Telgeimeir (Maeva), para seguir con la deliciosa Magda de Nicolás Wouters (Astiberri). Déjense atrapar por el universo de Kate O’Neill, las adorable Meigatas de Paula Cheshire (Fandogamia), la sensacional La historia real de Sergio Ruzzier (Liana), la particular fábula de La Historia del Arte de Paul Cox (Barret), la divertidísima Alicia en el país de los monos, de Keramidas (Nuevo Nueve) o la elegante y comprometida La Isla Efímera, de Evergreen Yeh y Li Shang-Chiao (Nuevo Nueve).
