Revista Opinión

Reseña de mi libro “Como si fuera un personaje”

Publicado el 05 marzo 2019 por Carlosgu82

“¿Había una vez?
¿Érase una vez?
¿O es que las historias son cíclicas?
Hace pocos años…
No, no… no.
¿Cómo iniciar?”
 “Como si fuera un personaje” es una nouvelle de humor. Se trata de un simulacro de cuento clásico: toma distintas historias conocidas (como La Bella y la Bestia, Blancanieves y los Siete Enanitos, Caperucita Roja, La Cenicienta, entre otros) y les da un giro inesperado en formato de novela corta, desde la perspectiva de una adolescente que se encuentra encerrada en distintos libros por un hechizo.

La novela hace uso del sentido común, de la sátira y de todo aquello que “hace ruido” actualmente en la cabeza de los jóvenes de este siglo. La intertextualidad es un elemento que destaca: el personaje principal de esta historia, Anna, se encuentra bajo el influjo de un hechizo que la desampara y encierra en distintos cuentos clásicos. Como una joven del siglo XXI, se debe confrontar a la inocencia de Caperucita Roja y a la irresponsabilidad de su madre que la deja a merced del lobo, así como de la situación de vulnerabilidad y violencia que sufre la Cenicienta, como también tener que rechazar los sentimientos de la Bestia para poder continuar con su vida y romper el hechizo.

El humor, el amor, el drama y lo bizarro son elementos que componen esta pequeña obra, dirigida a público adolescente y adulto.

Fragmento del capítulo “La “manzana” acaramelada”:

“Al despertar, recordé haber obviado ciertos detalles de la historia. La bruja se disfrazaba de anciana, entonces debía ser alguna especie de vieja encorvada y débil merodeando por el bosque. Seguí intentando, pero no podría localizarla porque, seguramente, al hacer hechizos experimentados, por ser una bruja, sabría como ocultarse. Quería encontrarla yo sola, para que los personajes no se vieran en riesgo y las historias pudiesen seguir su camino natural. Sabía que eran reales, que vivían en sus mundos y que todo debía seguir la línea original. No peligraría la vida de nadie más…

Nadie más que yo misma.

Quedaba tan solo un día, y yo ya no tenía forma de vencerla de antemano. Seguramente, el espejo mágico ya habría develado que yo había liberado a todos, y la malvada bruja tendría un as bajo la manga.

El mismo día que predijo el espejo mágico, volví a salir en su búsqueda. Sin embargo, no pude encontrarla. Seguramente había planeado salir otro día o embaucarme de otra manera. A la vuelta, me crucé con una joven hermosa, de no más de catorce años, muy parecida a la joven Caperucita. Llevaba una caperuza blanca y una canasta con pastelitos dulces, panecillos y unas bebidas frutales. Tenía una sonrisa hermosa y unos ojos misteriosos, azules, profundos…

Comenzamos a tener una charla amena, iba a la casa de sus padres. Pronto, mi apetito comenzó a crecer, mi estómago rugía como un león. El olor de aquellos pastelitos era penetrante, delicioso…

— ¿Hambre? — sonrió y extendió su mano —. Te regalo un pastel.

Lo tomé con ambas manos. Lo acerqué a mi rostro, sentí su delicioso aroma. Una masa que se veía crujiente, tostada, rellena de algo frutal, caramelo, canela…

Vi su rostro, observé su mirada: las personas no pueden ocultar, en ella, su esencia. Los ojos son la puerta hacia el alma, hacia los sentimientos. Observé más allá: miré mis manos. Coloqué el pastel en la canasta, cuidadosamente. Metiéndome en el papel de Blancanieves opiné:

— Seré pura y buena, pero idiota, no.”


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