Si hay una historia que nos ha empujado a muchos a escribir, esa es Las mil y una noches, y sobre todo, el personaje de Sherezade. Como muchos sabréis, el sultán adquiere la horrible costumbre de desflorar a una virgen cada noche y matarla a la mañana siguiente, para consternación y pena de todo el reino.
No obstante, la hija del Visir, Sherezade, se ofrece voluntaria para pasar la noche con el sultán. El plan que tiene es muy astuto: le contará cada noche una historia y la dejará al amanecer en su punto álgido, de modo que si quiere saber cómo acaba, tendrá que perdonarla la vida. El resto es historia: las habilidades narrativas de Sherezade consiguen entretener al sultán el tiempo suficiente como para librar al reino de su cólera.
Y esto dice mucho de la capacidad de escribir y de inventar historias como medio de supervivencia. Queremos dejar algo de nosotros mismos, por poco que sea, y en ocasiones nos aferramos a esa capacidad de crear. Sherezade se la jugaba cada noche. Si no era capaz de interesar al sultán, podía darse por muerta. Pero hay ejemplos reales, como el del Marqués de Sade que, encerrado en un manicomio sin papel ni pluma, usó su propia sangre para escribir en las paredes. Y por supuesto, tambián los hay mucho más dramáticos, como el capitán del submarino ruso Kursk tuvo la necesidad frenética de poner por escrito qué secciones del submarino se iban apagando y qué hombres quedaban. Encontraron el rollito de papel en el bolsillo de su camisa.
Pero Sherezade, creadora de historias dentro de historias dentro de historias necesitaba una vuelta de tuerca, una modernización. Por eso tenemos Siete noches más... de la Editorial Graphiclassic en el que escriben siete escritoras.
Pilar Pedraza nos habla de un harén, un motivo oriental clásico, donde moran vampiras; Marta Sanz, en su tono de novela negra y personajes perdedores, nos presenta una Sherezade que en lugar de contar, escucha historias en su programa de radio y comprende hasta dónde llega la miseria humana. Por su parte, Natalia Carrero nos muestra a Sherezade desfilando, en una loca colección de moda. Amparo Montejano hace guiños lovecraftianos con su criatura descarnada, su Alhazred, autor del Necronomicón y a Irem, la ciudad de los pilares. Lola Robles nos habla de la relación que tiene con la literatura un personaje invidente. Alicia de la fuente nos habla de cómo influye ser mujer en Oriente en la narración y Elisa McCausland cierra el libro con la historia sobre una presentación. El prólogo corre a cargo de Esther Peñas.
Por supuesto, como todos estos libros, está bella y profusamente ilustrado, dando lugar a un ejemplar gustoso. Si queréis ahondar en este mundo oriental (yo no sabía que había varios ejemplares de las Mil y una noches con distinta procedencia), os recomiendo la obra de Graphiclassic sobre el tema, lleno de textos eruditos que nos harán descubrir muchas cosas sobre este gran clásico de la literatura fantástica que nos sigue inspirando.
Y para los que sois de Madrid, el jueves día 7 a las 19 horas, será la presentación de este libro en la Casa del Libro de Gran Vía, 29. Y seguro que valdrá la pena.
