Cuando el miedo colectivo toma el control
Por: Alberto Berenguer / Instagram: @tukoberenguer; @delecturaobligada
Reconozco que El rebaño ha sido mi primera incursión en la narrativa de Pablo Rivero. Llegué a esta novela con curiosidad al ser el autor del mes por la Casa del Libro de Reus, consciente del impacto que han tenido títulos como La cría o La matriarca. Así pues, me encontré con una historia que, con sus luces y sombras, no deja indiferente. Y eso, en los tiempos que corren, ya es mucho decir.
Pablo Rivero, licenciado en Comunicación Audiovisual y conocido por su larga trayectoria como actor, especialmente por dar vida durante años a Toni Alcántara en Cuéntame cómo pasó, ha sabido trasladar a la literatura una mirada muy afinada sobre las emociones humanas, los conflictos morales y las zonas oscuras de lo cotidiano. Tras su debut con No volveré a tener miedo y una trayectoria literaria cada vez más consolidada, en esta séptima novela vuelve a sumergirse en un thriller incómodo y profundamente actual.
La historia se sitúa en un entorno tan reconocible como inquietante: un colegio, una comunidad de padres aparentemente normal y un suceso que lo dinamita todo. Quedan pocos minutos para que terminen las clases cuando ocurre algo que reabre viejas heridas y despierta miedos enterrados. A partir de ahí, el rumor, la sospecha y la necesidad de control se extienden como un virus. El rebaño entra en acción.
Como docente y, casi en un juego irónico del destino, también como “pastor”, y además con raíces familiares en la ganadería ovina con la raza segureña del noroeste murciano, la metáfora del título me ha resultado especialmente potente. Rivero retrata con crudeza cómo un grupo de adultos, movidos por el pánico y el instinto protector, puede comportarse de forma impulsiva, irracional y peligrosa. El miedo no une, sino que anula el pensamiento crítico. Y cuando eso ocurre, el grupo se convierte en una total amenaza. ¿Acaso no vemos este modus operandis a diario en nuestra sociedad?.
Uno de los grandes aciertos de la novela es el retrato de dinámicas que muchos reconocemos en nuestro día a día: relaciones tóxicas entre niños, casos de bullying, la batalla constante entre docentes y familias, y esa peligrosa línea que separa la preocupación de la sobreprotección enfermiza. Rivero señala con precisión cómo algunos padres denuncian el acoso escolar mientras reproducen exactamente los mismos comportamientos entre ellos, como exclusiones, amenazas, juicios precipitados y linchamientos morales en los grupos de WhatsApp.
Estos intercambios de mensajes están muy bien integrados en la narración y reflejan una realidad reconocible, incómoda y demasiado cercana. Ahí, la novela brilla con especial fuerza, porque el lector no observa desde fuera, sino que se reconoce dentro.

Narrativamente, El Rebaño apuesta por una estructura fragmentada, con continuos saltos entre pasado y presente que van dosificando la información y desvelando, poco a poco, secretos y tensiones entre los personajes. Este recurso contribuye a sostener la intriga, pero también se convierte, en algunas partes del libro, y aquí se enfoca una de mis principales quejas, en un arma de doble filo. Pese a la brevedad de los capítulos, la novela da en ocasiones la sensación de girar sobre sí misma, reiterando situaciones y conflictos sin aportar elementos verdaderamente nuevos. Como lector, eché en falta un avance más decidido de la trama, ya que esa insistencia acaba generando cierta ansiedad por querer que ocurra algo realmente revelador o contundente que sacuda de nuevo la historia.
Aun así, Rivero sabe generar inquietud. El final es macabro, desagradable y deliberadamente perturbador. No busca agradar, sino sacudir. Un desenlace que deja un poso incómodo y varias moralejas que invitan a reflexionar sobre la responsabilidad individual, la ética colectiva y hasta dónde somos capaces de llegar cuando creemos que nuestros hijos están en peligro.
En cuanto a los personajes, el autor construye perfiles potentes y bien definidos. Destacan especialmente dos figuras adultas que encarnan, desde polos opuestos, el miedo y la necesidad de control. Uno de ellos es Carmen que representa la autoridad que observa cómo todo se le escapa de las manos. El otro es Pilu, con su instinto protector capaz de justificar cualquier acción. En general, son personajes complejos, creíbles y con suficiente profundidad como para sostener el peso moral de la historia.
He podido establecer conversaciones con varios amigos sobre la novela y encuentro gran variedad de opiniones. Los hay que la consideran una de las obras más potentes del autor, alabando su tensión constante, su crítica social y su capacidad para incomodar. Otros, sin embargo, se han quedado por el camino, agotados por la reiteración, la acumulación de personajes o una intriga que sienten forzada en algunos tramos. Y ambas posturas tienen sentido.
El Rebaño no es una lectura para enmarcar, pero sí es una propuesta valiente dentro del thriller español contemporáneo. Una historia que incomoda, provoca debate y obliga a mirarnos en el espejo como sociedad. Puede resultar excesiva por momentos, incluso pesada, pero también es honesta en su intención. El autor quiere mostrar cómo lo cotidiano puede convertirse en una pesadilla cuando el miedo sustituye a la razón, y eso se le debe reconocer.
En definitiva, una novela que no deja indiferente. Y quizá ahí resida su mayor acierto. Porque la verdadera pregunta no es quién es culpable, sino: ¿hasta dónde llegarías tú para proteger a tu hijo?. Sin duda, espero vuestras respuestas como comentarios.



