Revista América Latina

Reseña: La brea de Hesse Kassel

Publicado el 09 julio 2026 por Apgrafic
Reseña: La brea de Hesse KasselLa brea - Hesse Kassel

Escrito por Riladan

Cuando la música extranjera llega desde otros horizontes incorporando sonidos de nuestra región, como la bossa nova, la salsa o el folklore latinoamericano, suele convertirse en un deleite para melómanos empedernidos, pseudocríticos y opinólogos de turno, quienes terminan por sentenciar que ese artista es un genio. No hace falta poner en duda tal afirmación; después de todo, el ingenio también cuenta.

Pero ¿qué ocurre cuando esa música nace aquí? Cuando una banda local toma inspiración de su entorno, de su sociedad y de sus conflictos para amalgamar todo ello en un sonido similar, la respuesta suele ser otra: aparecen comentarios como “copia”, “plagio”, “solo han repetido esta idea” o “no son originales”. Sin embargo, rara vez explican por qué un disco es tan exageradamente malo como afirman. Todo queda reducido a un círculo venenoso y vacío que no esclarece nada.

He notado que muchos de esos comentarios provienen de seguidores incondicionales de BCNR, quienes parecen sentirse con el derecho de reclamarle a la banda como si fueran abogados defendiendo derechos de autor, algo que me resulta sumamente ridículo. En todo caso, esa actitud solo deja entrever que muchos de esos oyentes no han escuchado más de quince discos fuera de los rankings de RYM.

Pero dejando eso de lado, me pregunto: ¿qué es La brea y por qué resulta tan importante para la música latinoamericana?

Reseña: La brea de Hesse Kassel

Desde que escuché el disco por primera vez no pude sacarme de la cabeza esas letras desordenadas y aparentemente vacías. En realidad, no lo son. Tampoco pude olvidar ese sonido que toma elementos del post-rock, el jazz y el art rock para acomodarlos dentro de un lenguaje propio.

Por supuesto que este disco tiene inspiraciones. Lo primero que salta a la vista son los títulos curiosos, pero, sobre todo, la intimidante duración de cada tema, casi todos con una media cercana a los diez minutos. Que eso no desanime a nadie, porque el álbum compensa con creces esa exigencia en sus propios términos.

El primer paso hacia la locura pantanosa que envuelve este coyuntural disco es Postparto. Todo comienza con lo que parece un motor carcomido y sucio que pone en marcha una base rítmica visceral y tambaleante de guitarras. Junto a un bajo afilado y una voz que va narrando la experiencia de haber dado a luz, construye una impresión tan caótica como deliciosa. Sus diez minutos terminan convirtiéndose en una experiencia dura y pura sobre los límites y la frustración de alguien que acaba de atravesar uno de los momentos más quebrantadores que puede vivir un ser humano.

Pero la letra no es pretenciosa; todo lo contrario. Describe esa experiencia de una forma tan burda y tosca que cada frase parece un intento por sostener las ideas y sensaciones de ese instante mientras todavía está ocurriendo.

Ya desde este primer tema aparecen influencias del jazz rock e incluso del rock progresivo. Pareciera que nadie hubiera escuchado a Rush cuando hay un fragmento de YYZ insertado como un guiño que sirve de puente hacia un caos absoluto, donde la batería y las voces corales guturales generan una ansiedad que termina por asfixiarte a medida que la canción avanza.

La hecatombe de guitarras que revientan y se detienen en el espacio vuelve el tema cada vez más entrañable con cada escucha, y se entiende perfectamente por qué abre el disco. Más allá de la evidente metáfora del parto y del nacimiento de este debut, me parece la mejor decisión posible porque encapsula todos los sabores y aromas con los que te vas a encontrar aquí. La sofisticación del jazz y ese núcleo caótico que se ahoga entre gritos, junto a una instrumentación que por momentos parece entrar en un estado de delirio para luego hundirse en la oscuridad, convierten este inicio en algo verdaderamente apabullante.

Reseña: La brea de Hesse Kassel

En Anova ocurre un cambio. La banda toma el lado más contemplativo del jazz y el resultado es una instrumental satisfactoria, llena de soltura. El piano asume el protagonismo, dejando a las guitarras en un segundo plano para llenar el espacio con melodías y coros. También aparecen frases interesantes, hasta cierto punto humorísticas e inocentes, como "en mi casa ya no se trafican armas" o "soy la sensación". Pero, en lo que respecta a la música, pareciera que el tema busca evidenciar el virtuosismo de la banda al fusionar esas frases picantes y ácidas con una faceta mucho más vulnerable, transmitida a través de melodías brillantes, abiertas y cálidas heredadas del rock progresivo. Aquí el peso recae más en la sensación que produce la música, mientras la voz aligera la carga de las palabras.

Con Americana, en cambio, el humor se desvanece para dar paso a un tono mucho más serio. El saxofón al frente y el piano acompañando construyen un dúo que remite a un pequeño club de jazz o a una sesión de estudio, creando una atmósfera íntima. Pero, sobre todo, es la importancia que adquiere la parte instrumental la que termina transmitiendo esa sensación de decadencia y melancolía. El ruido que acompaña al saxofón y al piano termina apoderándose del espacio, como si le diera una última vuelta a ese paisaje entristecido. Esta dinámica se aparta de todo lo descrito anteriormente para convertirse en otra isla dentro del propio universo de La brea.

Si buscas, encontrarás las críticas que tanto le han llovido a Hesse Kassel. Pero todas ellas solo terminan resaltando algo que la banda ya sabía de sí misma: robar esos sonidos e instrumentos solo iba a despertar la opinión de gente lista para quemarte o lanzarte dardos en redes. Por eso resulta tan refrescante escuchar temas como En tiempo muerto, donde frases como "pero soy la mejor referencia de la vida / lo último en imitar / y no por mover mi boca frente a arte nacional" parecen definir la actitud del público actual, siempre alimentándose de dar y recibir odio.

¿Es una autocrítica honesta o una burla al criterio pedante del público? Este "pequeño" espacio musical parece abrirse deliberadamente al oyente. Por eso la canción, aunque instrumentalmente mantiene los pasajes jazzeros que ya venía desarrollando el disco, también cumple una función muy específica: responder al espectador y advertirle sobre esa relación ambivalente de amor y odio hacia la música. Tú que amas esta música, pero al mismo tiempo la desprecias. Esa tensión constante es la que mantiene todo a flote o, mejor dicho, aquella a la que nos ha acostumbrado una época que le dio voz a todo el mundo, por más idiota que sea, mostrando cómo este territorio digital puede ser al mismo tiempo salvaje, amoroso y profundamente despectivo

Ya en la segunda parte del disco aparecen pasajes más técnicos y paisajísticos, como Moussa. Sin embargo, al llegar a Vida en Terranova vuelve esa ruptura de la cuarta pared donde la realidad pasa a formar parte de la narrativa del álbum. El tema es caótico, suelto y visceral, con dinámicas de bajos y altos que recuerdan a Swans o Sprain, además de estruendos demoledores de guitarras exhaustas. Pero lo que más sorprende son las menciones a "Hesse Kassel" y frases como "Acá sí se vive la vida en base a / la banda, la gente", al mismo tiempo que establece una intertextualidad con Anova y Americana, retomando la idea de la propia banda, de sus influencias, de su potencial para llegar más lejos y de aquello que todavía hace falta. Esos arranques y frenadas terminan convirtiéndose en la aceleración de conflictos que llevan la vida al límite, con breves periodos de descanso que solo parecen existir mientras uno duerme.

Ya en la parte final, A. Latur es una pieza instrumental perfecta: disruptiva, demoledora y capaz de sacarte del espacio de tranquilidad e intimidad que el disco había construido hasta ese momento para llevarte a un plano secuencia que te destroza los tímpanos y deja ver la huella de bandas como Sprain o Swans. Si todavía hay alguien que insiste en que esto se parece a BCNR es porque, como dije al inicio, le hace falta escuchar más discos de post-rock o, simplemente, más música. El tiempo parece diluirse hasta el punto cero y los detalles adquieren una dimensión casi atómica. Es un lied perverso que se derrite y atraviesa una auténtica metamorfosis de pesadilla.

Pero con Yo la tengo se alcanza un estado todavía más elevado de terror nocturno, llevado a un extremo enfermizo y caótico. Es un cierre radical por méritos propios. La estructura y los cambios melódicos constantes son como abrirse el cráneo mientras atraviesas un túnel infernal, con los platillos a punto de explotar y las voces llevadas al límite mediante gritos abiertos que aparecen desde el fondo. El noise domina los once minutos de duración, pero convierte ese tiempo en una experiencia interminable de caos y terror acumulado, casi un acto de descarga, como si finalmente se cerrara la caja de Pandora. El disco termina con el mismo sonido de aquel motor sucio ahogándose entre la distorsión hasta desaparecer.

No todo en el disco funciona con la misma fuerza. Uno de sus puntos más débiles es la duración de algunas canciones, que por momentos no termina de justificarse. Moussa, por ejemplo, llega a sentirse como un pasaje de relleno o falto de ideas. Anova, aunque instrumentalmente es uno de los temas más destacables, no ofrece mucho más allá de lo que podría surgir de una improvisación clásica de jazz sin arriesgar demasiado. Americana incurre parcialmente en ese mismo problema, aunque las motivaciones detrás de la composición terminan elevando el resultado. En tiempo muerto, por su parte, habría ganado mucho con una duración más contenida.

En términos generales, el disco es un salpicado de ideas y experimentación que bebe del noise, el art rock y el post-rock, pero no siempre consigue definir una identidad del todo sólida. Sus texturas son brillantes, curiosas y estimulantes, aunque muchas veces parecen deliberadamente difusas. Esa indefinición es, al mismo tiempo, una de las intenciones del álbum y también una de sus principales debilidades. Me hace pensar que su mayor defecto es justamente ese: tomar sonidos prestados y darles una envoltura todavía inacabada.

Salvo momentos sobresalientes como Postparto o Americana, ni las letras ni la música parecen seguir una idea completamente unificada. Por momentos el disco parece querer narrar la experiencia de una mujer que acaba de dar a luz; en otros, se desplaza hacia los miedos, las inseguridades y las propias inquietudes de la banda respecto a la creación y la influencia. Esa ambigüedad hace que muchas de sus canciones no sean del todo claras, aunque eso no les impide resultar profundamente disfrutables.

Reseña: La brea de Hesse Kassel

Lo que hace especial a este disco y lo vuelve único es esa sensación de desesperación por despegar, por crecer, que emana de cada una de sus canciones. Pero también esa necesidad de maduración que explora los deseos y las limitaciones de una banda dispuesta a ser confesional, hasta convertirse casi en un monólogo o una obra unipersonal. La brea es el conflicto de un individuo lleno de dudas que empieza a construir su identidad frente a la hostilidad de un mundo que lo enloda y lo retiene.

Viendo la repercusión que ha tenido no solo en Chile, sino en toda la región, no me parece exagerado decir que este disco abrió una puerta para que oyentes de otros países empezaran a prestar atención a esta nueva escena latinoamericana, a lo que puede ofrecer y al potencial de la música que se hace aquí, en nuestro idioma. Durante las semanas posteriores a su estreno parecía que no se hablaba de otra cosa. Despertó la curiosidad suficiente para que mucha gente dejara por un momento las bandas en inglés y se detuviera a escuchar un disco en español que ni siquiera esperaba encontrarse. Pocos álbumes han generado ese nivel de interés en los últimos años. Incluso muchos de los discos que aparecieron después encontraron un camino ya abierto gracias a él.

Ver a personas reaccionar al disco en YouTube, analizarlo y debatirlo desde distintas partes del mundo —aunque inevitablemente lo compararan con bandas de gran prestigio— demuestra que su importancia radica en el atrevimiento de tomar aquello que ama y lo inspira para acomodarlo a esta realidad absurda, en español, sin convertirse en una banda tributo ni en una copia burda, como muchos intentan reducirla.

Casos de este tipo de desestimación existen de sobra. El debut de Caifanes, por ejemplo, fue acusado de ser un plagio de The Cure y hoy es considerado un clásico del rock en español, precisamente porque encontró su propia identidad con el paso del tiempo. También existen casos opuestos: bandas que intentan replicar, casi pieza por pieza, el sonido de otra, como Greta Van Fleet respecto a Led Zeppelin. Ahí uno llega a una conclusión sencilla: si quisiera escuchar algo que sonara como Led Zeppelin, escucharía Led Zeppelin. En cambio, si quiero escuchar algo que se parezca a La brea, solo puedo volver a La brea, porque sencillamente no hay otro disco igual.


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