Revista Cultura y Ocio

RESEÑA: La condesa sangrienta.

Publicado el 03 noviembre 2020 por Jimenada
LA CONDESA SANGRIENTARESEÑA: La condesa sangrienta.
Título: La condesa sangrienta. 
Autora: Valentine Penrose (Mont-de-Marsan, Francia 1898- Chiddingly, Inglaterra 1978) hija de coronel, en 1925 contrae matrimonio con el fotógrafo, poeta y pintor inglés Roland Penrose, quien la introduce en el movimiento surrealista en Inglaterra. Ambos frecuentarán a los surrealistas parisienses como Paul Éluard, Max Ernst o Joan Miró. Sus primeros poemas aparecen publicados en 1926 en la revista Cuadernos del Sur. En 1936, atraída por la filosofía hinduista abandona a su marido para vivir en Ashram con la pintora Alice Rahon Paleen. A su regreso a Europa y tras la Segunda Guerra Mundial Penrose vivirá en Inglaterra y pasará largas estancias en Cataluña y Canarias. Además de su pequeña aparición en la película surrealista La edad de oro de Luis Buñuel, Penrose es conocida sobre todo por su producción poética, literaria y ensayística. En 1962 publica La condesa sangrienta, uno de sus textos más famosos, y que inspirará a la poeta argentina Alejandra Pizarnik para escribir su obra más importante. Así mismo, Penrose se interesó por otros personajes igual de inquietantes como Giles de Rais. 
RESEÑA: La condesa sangrienta.
Editorial: Wunderkammer. 
Idioma: francés. 
Traductor: María Teresa Gallego y María Isabel Reverte. 
Sinopsis: Esta es la historia real de Erzsébet Báthory, una condesa húngara del siglo XVI que fue apodada "la condesa sangrienta" o también "la alimaña". Mujer fascinante y de belleza magnética, su fijación por la juventud, la brujería y un sadismo fuera de toda medida la llevaron a convertirse en una de las mayores asesinas de la historia: más de seiscientas doncellas murieron torturadas y desangradas en sótanos de su castillo en Csejthe. Cuatro siglos después, la gran poeta surrealista Valentine Penrose sucumbió al hechizo de la Condesa y reconstruyó su vida en forma de novela, con un minuciosidad y un lirismo fuera de lo común. Por encima de todo enjuiciamiento, la autora logra transmitirnos con libertad y viveza las profundidades de un personaje maldito que ha trascendido la crónica negra para convertirse en mito. Quizá porque, tal y como afirma Penrose en el texto: "No nos fascina lo agradable, nos fascina lo insondable."
Su lectura me ha parecido: poética, terrorífica, adictiva, absorbente, fascinante, reflexiva, oscura, sangrienta, perversa, con una protagonista que trasciende lo histórico, magnética, con un interesante punto esotérico, intelectual, elegante, vampírica, el sueño de toda y todo escritor fascinado con las tinieblas del alma humana... Mi primer contacto con la historia fue a través de la divulgación. Esta revelación no es nueva - más de una vez lo he comentado en este espacio de crítica y debate - y además, no debería suscitar ningún tipo de controversia o escandalo, a pesar de que, en terrenos más academicistas escuchar hablar de una aproximación a la materia para todos los públicos parece dar alergia. Más allá de consideraciones puramente personales (potenciar el lado más divulgativo de la historia no denigra dicho saber sino que puede convertirse en el medio perfecto para captar futuros expertos en la materia) lo cierto es que fue una revista de dicho cariz la que me descubrió por vez primera la cara más siniestra del alma humana. Mi primer ejemplar de la Muy Historia - en cuyas páginas me sigo sumergiendo a día de hoy maravillada por su capacidad de conectar al lector con un contenido de lo más completo y accesible - versaba sobre los malos de la historia. Un paraguas temático bajo el que se resguardaban las figuras que a todas y a todos se nos vienen a la cabeza (Mussolini, Hitler, Stalin, Mao, Leopoldo de Bélgica, Franco y un larguísimo etcétera) así como otros personajes menos conocidos pero igualmente perturbadores por sus acciones moralmente reprochables. Recuerdo tres de aquellas personalidades con especial nitidez. La primera fue Giles de Rais, noble francés del siglo XV que luchó en la Guerra de los Cien Años. La leyenda, que no las fuentes históricas, aseguran que estaba secretamente enamorado de Juana de Arco, de hecho fue un supuesto rechazo por parte de la Doncella de Orleans lo que hizo que Gilles se recluyera en su castillo de Tiffauges y comenzara a secuestrar a niños para, tras violarlos, asesinarlos a sangre fría. No es de extrañar que siglos después de su muerte en la horca el escritor Charles Perrault se inspirara en él para escribir Barba Azul, uno de los relatos más vivos en el debate intelectual gracias a la siempre necesaria perspectiva de género. La segunda fue Ranavalona I, reina de Madagascar durante los años 1828 y 1861 y apodada la "Calígula femenina". Acusada de haber asesinado al menos 150 mil personas, Ranavalona se reveló como una gran estratega, con un amplio círculo de espías e implacable con los cristianos, así como con la etnia malgache (mayoritaria en la isla). A pesar de haber llevado su defensa de las tradiciones y creencias religiosas de su isla hasta las últimas consecuencias - sus enemigos perecían en ríos llenos de cocodrilos - Ranavalona murió en su cama, en paz, sin una sentencia que la condenase por sus crímenes. Sin embargo, fue Erzsébet Báthory la que consiguió que durante un tiempo me obsesionara su figura, apariencia, trascendencia histórica, contexto y, por supuesto, los asesinatos que cometió con la ayuda de una serie de personajes más oscuros todavía y los distintos elementos mágicos que rodearon dichos sucesos. De ahí que, en cuanto tuve noticias de la publicación de este texto, me adentrara en el bosque y en las mazmorras de Csejthe para conocerla mejor a través de una de las voces más poéticas que he leído últimamente. La condesa sangrienta: lo macabro hecho poesía. 
RESEÑA: La condesa sangrienta.
No hay cosa que más miedo me de - a parte de las alturas - que encontrarme con una araña reptando por cualquier superficie. Ya sea en medio del campo, sobre la antigua chimenea de la casa del pueblo, entre las sábanas, e incluso saliendo de detrás de una estantería llena de libros. Hace poco me topé con dos de ellas, justo en el portal de mi casa, en una esquina, mecidas en su invisible tela de araña. Me observaban quietas, pacientes, esperando el momento oportuno para descender y aflorar mis terrores más primitivos. Por eso, no es de extrañar que al principio recelase de la portada del presente libro editado por la magnífica editorial Wunderkammer. Grande, negra, espeluznante y además peluda. Mi peor pesadilla vamos. Sin embargo, y una vez superado el hecho de que dicho arácnido jamás saltaría del papel a mi cara, me adentré con verdadera devoción a su lectura. Al fin y al cabo me considero una entusiasta de la leyenda negra de la condesa. Tras haberme empapado de documentación de mayor o menor grado intelectual acerca del personaje histórico, así como de los sangrientos hechos que envolvieron su vida, el texto de Valentine Penrose vino a arrojar luz sobre una perspectiva nueva. Lejos de aclarar algunas lagunas de la historia que se cuenta a partir de la información existente, lo que hace Penrose es directamente ofrecer una aproximación inminentemente literaria. Al principio no conseguía encajarla en ningún género en concreto. ¿Es novela? ¿Es ensayo? ¿Es biografía? Finalmente y tras meditarlo mucho, creo que la respuesta no reside en la categorización ni en las etiquetas, sino en la capacidad de su autora para la hibridación del texto. Literatura que navega entre varios mares por los que siente predilección pero, al mismo tiempo, sigue su propio camino, sin decantarse por alguno de ellos, creando una deliciosa ambigüedad en la que el lector se empapará lejos de cualquier barrera que impida una mayor comprensión de la obra. La poesía inunda el relato desde el principio, otorgando mayor belleza y lirismo a una historia tenebrosa y sanguinolenta. Intuía que Penrose, al pertenecer al movimiento surrealista inglés y, sobre todo, al tener una interesante obra poética en su haber, podía conducir la historia por dichos derroteros. Lo que no me esperaba es que ésta se convirtiese en una impresionante masterclass de escritura creativa. Hasta el punto de haberse convertido en una de mis lecturas de cabecera en lo que a creación literaria se refiere. Es tal la sensibilidad que Penrose imprime en el texto, combinándolo con esa siniestralidad y los distintos elementos fantásticos (brujas, magia negra, vampirismo, rituales, leyendas de la Hungría medieval...), que el resultado entre realidad y esoterismo - del que su autora es una experta - resulta tan inquietante como hermoso. Y todo esto sin descuidar la bibliografía, los documentos y toda clase de información que su autora ha recabado para la redacción del presente libro. Reconozco que su lectura es abrumadora, repleta de información y de un tono tan perturbador que a veces necesitaba descansar y reflexionar para regresar a esa Erzsébet Báthory tan "penrosiana". Una condesa que, a ojos de la autora, es un personaje que camina, sigilosamente, pero firme, impulsiva, dejando tras de sí el intenso carmín de doncellas previamente torturadas. Penrose no emite juicios de valor, ni siquiera se cuestiona la veracidad o no de los hechos, simplemente actúa como espectadora y documentalista, introduciendo al lector en el contexto de la Hungría feudal al tiempo que describe la última y sádica ocurrencia de la condesa sangrienta. 
RESEÑA: La condesa sangrienta.
Antes de marcharme hasta la próxima reseña me gustaría plantear un debate entorno a la siguiente pregunta: ¿fueron ciertos los crímenes de los que se le hicieron responsable a Erzsébet Báthory? Aunque para hilar aún más fino el asunto, el interrogante sería ¿existieron de verdad o fue un complot de los nobles húngaros de su tiempo para apartarla del poder a la muerte de su marido? Si tenemos en cuenta los sucesivos artículos - tanto históricos, artísticos, políticos así como médicos - lo cierto es que muchos coinciden en señalar su inquietante personalidad deriva de una serie de factores plausibles pero no exentos de un cierto halo literario. El primero de ellos es la endogamia, muy habitual en las monarquías o en los linajes aristocráticos - no debemos olvidar que los padres de Erzsébet eran primos - lo que nos conduce al siguiente punto a tener en cuenta, sus supuestos problemas mentales y la epilepsia. Si bien es cierto que las prácticas endogámicas podían ser determinantes en el padecimiento de enfermedades, ataques de ira, apariencia raquítica (ejemplo de ello es sin duda Carlos II de España) respecto a Báthory no existen pruebas claras de ningún trastorno congénito por culpa de la unión de sus padres más allá de la leyenda negra vertida sobre su figura. Y aunque, casualidades de la vida, es descendiente directa del famoso Vlad Tepes - recordemos, Príncipe de Valaquia cuya crueldad inspiró a Bram Stocker para escribir Drácula - no podemos afirmar con rotundidad que Erzsébet hubiese heredado, como si de una maldición se tratara, la maldad de su antepasado. Lo que si parecen confirmar es que sí sufría de epilepsia (enfermedad que, por supuesto, no estaba ni tratada ni estudiada en el siglo XVI) al tiempo que era testigo, desde bien pequeña, de las numerosas torturas que sus padres ejercían contra sus criados. Tal vez fue eso y no una supuesta enfermedad mental lo que acabó forjando un cruel carácter y una inaudita insensibilidad respecto a la violencia. Hecho que no hizo sino acrecentarse en el momento en el que la casaron a los doce años con Frenec Nádasdy - primo también y apodado el Caballero Negro de Hungría por su afición a empalar enemigos en tiempos de guerra -. Ambos eran muy distintos, ella más instruida para la época y él un orgulloso analfabeto - pero compartían su afición por elaborar métodos de tortura cada vez más sofisticados y sanguinarios con los que castigar a sus criadas. Fue la súbita muerte de Frenec en pleno campo de batalla lo que provocó, según los expertos, el enriquecimiento por un lado y declive psicológico por otro de la propia Báthory. Es ahí donde entra lo que Valentine Penrose cuenta en su libro. Esa terrorífica reclusión, prácticas de brujería, sadismo, secuestros, doncellas de hierro, baños de sangre y todo eso con ayuda de Ficzkó - su más estrecho colaborador y que en el libro da mucho miedo - y de las brujas Dorotea, Helena y Prioska y Katryna. Cinco personajes cada cual más perturbador cuyas vidas acabaron en la picota o en la hoguera tras el juicio Bitcse (en el que se juzgó los crímenes tanto de la condesa como de los secuaces anteriormente nombrados). Pero, en toda esta historia falta comentar el papel que tuvieron los nobles de su tiempo que, al ver como Erzsébet Báthory se convertía a la muerte de su esposo en la señora feudal con más poder de toda Transilvania, no dudaron en instigar todo tipo de rebeldías y complots contra ella, aunque también hay que decir que Báthory no se quedaba atrás en la política de intrigas y espionaje. Las aspiraciones de la nobleza se vieron recompensadas en dicho juicio y, aunque por aquellos tiempos una ley impedía que una aristócrata fuese procesada, Erzsébet fue recluida en su castillo de Csejthe hasta que cuatro años después un guarda la encontró tirada, boca abajo y con el corazón tan frio como el hielo. Tras su muerte y los problemas que supuso su entierro - a día de hoy no se sabe a ciencia cierta donde descansan sus huesos - se prohibió hablar de ella en todo el país y se sellaron sus documentos durante más de un siglo. Verídico o no, lo cierto es que, de descubrirse la falsedad de las acusaciones - lo cual es muy poco probable que suceda - afirmaríamos con rotundidad que el mito surgido a posteriori se habría creado sobre las cenizas de una falsedad demasiado horrible para ser cierta pero igualmente atractiva desde el punto de vista de la creación literaria o artística. ¿Cuál es mi opinión? Que siga la investigación, que se encuentren los famosos diarios perdidos de la condesa (si es que alguna vez existieron) y, por supuesto, que se haga desde una perspectiva de género. Mientras tanto, nos quedará el terror, la leyenda y textos como el de Penrose, capaces de arrancarnos un escalofrío mientras observamos la copa rebosante de sangre a punto de ser ingerida. 
La condesa sangrienta: una historia de terror, cuchillos, mazmorras, doncellas enterradas en el huerto, traición, conspiraciones, brujas, leyendas medievales, ríos de sangre, deseos sexuales reprimidos, alienación, chantaje, belleza, poesía... El desconocido clásico del terror que ha vuelto para quedarse. 
Frases o párrafos favoritos: 
"Un día trajeron desde muy lejos, desde una aldea situada más allá de Eger, cercana a los Grandes Cárpatos, donde moran los vampiros, donde las brujas pueblan las nubes, y a veces de cisnes, el cielo, a una muchacha de cuya belleza había trascendido la fama. Los juegos de espejos informaron, de castillo en castillo, de que se iba acercando. El viaje duró un mes: y, mientras otras estaban esperando desde hacía mucho su turno en los subterráneos de Csejthe, a ella la sacrificaron la misma noche que llegó."
¡Un saludo y a seguir leyendo!
Cortesía de WunderKammer

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