Revista América Latina

Reseña: Lienzos de Solobones

Publicado el 23 julio 2026 por Apgrafic
Reseña: Lienzos de SolobonesDifusión

Escrito por Marco Yanayaco

Solobones es el proyecto de Jonathan Estrada, quien publicó en mayo de este 2026 su más reciente disco, Lienzos. Conocía el proyecto desde hacía un tiempo, pero hasta ahora no había encontrado el momento ni el interés suficiente para escucharlo. Dio la casualidad de que venía encontrándome con grupos interesantes en distintos países de la región, pero ninguno local lograba darme ese puntapié en la cara que tanto buscaba. Casi al mismo tiempo que mi ánimo empezaba a decaer, vi el anuncio de la presentación en vivo de Lienzos en Terapia Bar, así que decidí escucharlo una tarde al salir del trabajo. No tardé en darme cuenta de que este disco esconde algo valioso: una sensibilidad que te atraviesa y un magnífico uso de los instrumentos.

Lienzos es un disco de apenas 35 minutos que abre con "Será...". Lo primero que llama la atención es su sonido: poco pulido, aunque deliberadamente casero, con un tratamiento lo-fi sutil que resulta fundamental para construir una atmósfera de familiaridad y, al mismo tiempo, de lejanía y nostalgia. La voz, que parece expandirse en un espacio inmenso, casi como una habitación vacía, recuerda por momentos al Radiohead más acústico. Sin embargo, hay algo más en los ecos y el reverb de los instrumentos que la canción intenta comunicar. El yo poético habita un espacio en blanco que va llenando con sus palabras, mientras los escasos elementos sonoros reconstruyen esos recuerdos. El tratamiento del ruido en la guitarra acrecienta esa aura intrusiva, aunque siempre contenida. Este primer tema, dominado por el folk, transmite una calma envolvente, mientras la voz, firme y nítida, genera un contraste particularmente interesante.

"Algunas cosas" agrega nuevos ingredientes al plato. Aquí el sonido se acerca más al post-rock, con una guitarra eléctrica que dibuja arpegios y un saxofón que aporta color de manera sutil, mientras la voz recita suavemente recuerdos que parecen haber quedado suspendidos en el tiempo. La construcción del tema es sólida: parte de una calma instrumental y avanza con paciencia hasta desembocar en un clímax intenso. La interpretación vocal alcanza registros altos que cautivan y generan esa catarsis tan característica de este tipo de composiciones.

"Alba y ocasos" comienza con acordes graves que imprimen una sensación de pesadez. Cuando hablo de cierta similitud con Radiohead me refiero, sobre todo, al uso de algunos recursos instrumentales, como el xilófono durante esas pausas largas y extendidas. Sin embargo, el tema encuentra su propia personalidad cuando entra el piano. No aparece como un simple acompañamiento, sino como un elemento más de la textura sonora, avanzando lentamente hasta construir una atmósfera cada vez más extraña, desesperante y envolvente hacia el final.

En "Lazo" hay una exploración de sonidos psicodélicos en la guitarra, aunque sin abandonar su esencia lo-fi y folk. Si tuviera que resumir el tema, diría que funciona como un puente donde los pequeños detalles construyen una atmósfera íntima y profundamente personal alrededor de la voz. Ningún instrumento busca imponerse por completo, pero cada uno encuentra el espacio suficiente para aportar ligereza y reforzar aquello que la canción intenta transmitir.

Me gusta pensar que sirve de antesala para "Regar", un tema simplemente espectacular por todo lo que logra comunicar. La sutileza, el cuidado y el trabajo detrás de cada instrumento son admirables. Poco a poco, cada elemento va apareciendo envuelto en ese sonido lo-fi y espacial que remite a la dulzura de algo perdido en el tiempo. La voz alcanza un clímax que provoca momentos de tensión y liberación, como si de pronto todo terminara por dispararse hacia el cielo. La segunda mitad está dominada por una sonoridad cercana al jazz y a la bossa nova, que termina de darle forma a esa calidez doméstica que atraviesa toda la canción.

Ya llegando al final aparecen los dos temas más extensos del disco, pero cada uno abarca su propio universo emocional. "BacasevadeBaca" incorpora el cajón afroperuano y el guitarreo clásico de la música criolla, elementos que en un principio pueden resultar extraños, pero que, a medida que la canción avanza, encuentran su lugar y construyen una atmósfera enorme de arreglos y explosiones cautivantes. Ese sonido cercano al post-rock, bastante singular, toma desprevenido a quien esperaba un tema más sencillo, para descubrir una vez más que ocurre exactamente lo contrario. La dinámica entre la guitarra, la batería y el coro de voces que chocan entre sí resulta curiosa, pero termina dándole un carácter místico e hipnótico.

"Tristitia" se encarga de cerrar el álbum. El tema, que lleva por título uno de los famosos poemas de Abraham Valdelomar, no se queda solo en la referencia. El piano, protagonista junto a la voz, desprende una nostalgia que te transporta, mediante una analepsis, hacia algún punto remoto de la memoria. El xilófono y la guitarra aparecen de pronto para desplazar al piano y permitir que la voz gane fuerza con sus falsetes. El eco también funciona como un recurso acertado para transmitir lejanía y consolidar la atmósfera del tema. Todo lo que rodea esta canción se asemeja a contemplar una aldea perdida en la memoria, pero lo más admirable es lo viva que se siente en diálogo con el resto del disco y la sensación de plenitud que alcanza sin necesitar nada más. Esa emoción permanece durante sus últimos minutos hasta apagarse, inevitablemente, como una vela.

Pocos proyectos me han sorprendido tanto, no solo por la cantidad de sensaciones y atmósferas que son capaces de crear, sino por lograrlo con instrumentos tan sencillos como el cajón, el xilófono, la guitarra, el bajo y la batería. Hoy siento que se habla poco de esos discos que nos llevan hacia el lado más delicado y contemplativo de la experiencia musical. Se ha perdido la paciencia: pareciera que ahora cada disco debe ser más explosivo y disruptivo que el anterior, mientras bandas gigantes recurren a instrumentos cada vez más extravagantes para demostrar virtuosismo o desmesura, aunque muchas veces terminan sin transmitir nada.

Solobones, por el contrario, destaca precisamente por esa sensibilidad, desarrollada con una precisión que nunca deja de sentirse natural. Es un disco que incluso parece durar menos de lo que realmente dura y que cumple con creces todo lo que propone al retratar momentos y pasajes profundamente vivenciales. Un trabajo al que, sin duda, habría que prestarle mucha más atención.


Volver a la Portada de Logo Paperblog