Los resultados de Intel del tercer trimestre cuentan la historia de dos compañías metidas en el mismo balance. Una crece como no lo hacía en quince años, empujada por la fiebre de los centros de datos. La otra vende menos computadoras cada trimestre y arrastra a la primera en la guía de lo que viene. El mercado se quedó con la segunda historia y castigó la acción con una caída superior al 15% tras el cierre.
Los ingresos llegaron a US$16.510 millones, un aumento del 21% frente al mismo trimestre del año anterior. La utilidad neta fue de US$3.320 millones, menor que los US$4.060 millones de un año atrás. La ganancia por acción quedó en US$0,60, y en términos ajustados en US$0,52, por encima de los US$0,41 que esperaba el consenso de analistas. Hasta ahí, el trimestre cumplía. El problema estaba en los detalles y en lo prometido para cerrar el año.
La foto operativa, eso sí, mejoró: el ingreso operativo subió a US$3.200 millones, el margen bruto ajustado se mantuvo en 44,1% y el flujo de caja libre ajustado rondó los US$1.600 millones, con un gasto de capital neto de US$4.300 millones en el trimestre. Intel gana dinero otra vez; lo que discute el mercado es a qué velocidad puede convertir su fundición en un negocio rentable y no en un subsidio permanente.
El centro de datos crece a su ritmo más alto en 15 años
La división de Centros de Datos e Inteligencia Artificial facturó US$7.300 millones, un salto del 78% interanual que la propia compañía ubica como su mayor tasa de crecimiento en quince años. La demanda llega de los operadores de nube y de los gobiernos, que firman contratos para asegurar capacidad de cómputo en plena carrera de la IA. Intel, que hace dos años parecía fuera de esa conversación, volvió a sentarse a la mesa con sus procesadores Xeon acompañando a los aceleradores de sus rivales.
El respaldo político también pesa en la balanza: el Gobierno de Estados Unidos se quedó el año pasado con el 10% de la compañía, y la fundición de Intel es la única apuesta doméstica para fabricar chips avanzados sin depender de Asia. Esa condición explica que la empresa mantenga abierta una división que pierde US$1.850 millones por trimestre: cerrarla no es una opción que Washington mire con simpatía.
Intel Foundry, el negocio de fabricar chips para terceros, aportó US$6.700 millones con un crecimiento del 58%, aunque todavía pierde dinero: su resultado operativo fue negativo en unos US$1.850 millones en el trimestre. Es la estrategia que Intel lleva años empujando para competir de frente con TSMC en fundición: mucho volumen, márgenes por construir. La empresa cerró además una oferta pública de acciones por US$23.000 millones para reforzar la caja, y su línea de empaquetado avanzado, la tecnología para unir chips de distintos fabricantes, ya roza los US$1.000 millones de negocio.
La guía del cuarto trimestre enfría la fiesta
Para el cuarto trimestre, Intel espera ingresos de entre US$15.000 y US$16.000 millones, por debajo de los cerca de US$17.200 millones que proyectaba el mercado. La ganancia ajustada por acción quedaría en US$0,25, muy lejos de los US$0,43 esperados. El margen bruto ajustado bajaría al 38%, desde el 44,1% registrado en este tercer trimestre. El director financiero, David Zinsner, atribuyó parte del freno a un hecho grave fuera de los balances: una explosión ocurrida el 14 de octubre en la planta de Kiryat Gat, en Israel, mató a dos trabajadores, y la compañía calcula que el incidente le restará unos US$300 millones de ingresos en el cuarto trimestre y una cantidad parecida a principios de 2027, además de unos 200 puntos básicos de margen bruto.
El negocio clásico tampoco ayuda. Client Computing, la división de procesadores para PC, facturó US$8.100 millones y cayó 5% en el año. Zinsner describió una contracción larga del mercado: Intel espera que el mercado total de computadoras baje cerca de 12% este año y otro 10% en 2027, con la debilidad extendiéndose al menos hasta la primera mitad de ese año, y con la escasez de memoria encareciendo cada equipo. El director ejecutivo, Lip-Bu Tan, defiende la respuesta puertas adentro: recortar funciones que no aportan en una empresa que, en sus palabras, se había vuelto pesada y burocrática.
El voto del mercado llegó en minutos
La acción, que ya caía 4% en la sesión regular, se desplomó tras el informe: Thurrott cifró el retroceso en 15% en las operaciones posteriores al cierre, con titulares de prensa financiera hablando de caídas mayores. Los inversionistas compraron durante meses la promesa del centro de datos y vendieron en una tarde la letra pequeña de la guía.
La conclusión queda en el aire hasta enero: Intel tiene por fin un motor que crece 78% y una planta que le genera titulares por las razones equivocadas. Si la fundición recorta sus pérdidas al ritmo que promete su volumen, la historia de este trimestre se leerá como el comienzo del regreso. Si no, será otro trimestre bueno que la guía se encargó de borrar.
Fuente: TechBooky
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