El lunes te calzas un par de zapatos de paciencia; el martes la corbata del compañerismo. Miércoles es un buen día para ajustarse el cinturón de la media semana. De frío saturación va el jueves, el día perfecto para una bufanda y unos guantes de comprensión. El viernes (¡por fin es viernes!), festejas la llegada del fin de semana con un escote de sinceridad. Para el sábado qué mejor que algo elegante… un sombrero de palabras sabias. Los domingos apetece comodidad, calor y por eso te abrigas con un buen libro.
¿Y qué ropa has vestido, durante los siete días? Lo mismo. No has variado un ápice lo que llevabas. Da igual que vayas comprar al súper o a una boda. Siempre con un modelo, o uniforme, auto-impuesto. ¿Imaginas? Vivir no solo una semana, sino todo un año, vistiendo exactamente la misma ropa, fuera de tiempo, moda y convenciones. Con ese pensamiento se iniciaba en 2009 The Uniform Project: Sheena Matheiken decidió vestir lo mismo doce meses al año, con pequeñas variaciones de accesorios reciclados, o prendas que ya formaban parte de su guardarropa. El resultado lo podéis ver vosotros mismos; la muchacha lució bonita cada día. Combatió esos anuncios -los conocía bien, trabajaba en publicidad- que hacen a las personas desear “cosas que realmente no necesitan en sus vidas”.
