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Retorno

Publicado el 27 abril 2021 por Sap

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Retorno

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    Emilia y Fermín se conocieron en la Escuela de Ciegos y juntos aprendieron braille y a manejarse por las calles con el bastón telescópico. Por motivos distintos, la ceguera se había manifestado en ambos durante su madurez. Lo cierto es que se enamoraron y tras acabar su preparación, la ONCE les concedió, cercanos el uno del otro, dos puntos de venta de cupones. Emilia se situaba en el acceso a un Mercadona, mientras que Fermín lo hacía en la entrada de una macro perfumería. Eran muy queridos por el vecindario. Les iba muy bien. Al año siguiente, se casaron, compraron una vivienda y en vez de hijos, tuvieron dos perros lazarillos, Óscar y Maif. La vida les sonreía a pesar de todo.

  Pocos años después, alguien les habló de la nueva técnica quirúrgica que el doctor Grijander practicaba en la clínica oftalmológica Gromenagüer en Austria. Empalmando el nervio óptico con el nervio del seno intercerebral opuesto, el doctor conseguía devolver la vista a muchos ciegos. Emilia y Fermín rescataron todos sus ahorros del banco y se sufragaron las dos operaciones. Fueron un éxito. Subidos en la noria del Prater de Viena, Emilia y Fermín se quitaron las vendas de los ojos, se vieron las caras por primera vez y... se enamoraron aún más, a pesar de la notoria fealdad de los dos.

    El caso es que, a su vuelta, la ONCE, ante lo evidente de verlos de nuevo videntes y por tanto, ajenos a su labor en la venta de cupones, los despidió e incluso les confiscó los perros para cederlos a otros ciegos necesitados. Fue un drama, porque a Emilia y Fermín el desempleo les llegó a una edad complicada. Hacía poco que ambos habían rebasado con mucho la cincuentena. Lo pasaron mal. Tras agotar los subsidios y el poco dinero que les había quedado tras las intervenciones, la pobreza se manifestó en su casa con acritud y hasta el amor se resintió.

    Así que cuando la situación se hizo insostenible, decidieron arrostrar la desgracia con un acto heroico. Una tarde de domingo, tras la merienda-cena y utilizando un cuchillo puntiagudo, se perforaron mutuamente los globos oculares como quien pincha aceitunas con un palillo de dientes. En unos segundos, habían regresado a su pasada condición de ciegos. Llamaron a una ambulancia. En poco tiempo se restablecieron de las heridas y la ONCE, al tramitar sus solicitudes de empleo, comprobó que todo estaba en orden y los readmitió en la organización. Les surtieron de nuevos bastones, recuperaron sus antiguos puntos de venta y hasta les devolvieron a Óscar y Maif. El vecindario les recibió con cariño. Ni que decir tiene que Emilia y Fermín volvieron a ser felices.

(De "Parábolas y garambainas", Julián de Capadocia)

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