Revista Opinión

Rezar cuando España está sucia

Publicado el 07 septiembre 2026 por Franky
Hoy, 8 de septiembre, celebramos la Natividad de la Virgen María, una de las fiestas marianas más antiguas del calendario. No es un día cualquiera: en decenas de pueblos y naciones esa fecha se convierte en fiesta de la Madre. Es un día que invita a rezar y a sumar la oración a la lucha por los valores, la libertad y la decencia de España y su pueblo. Desde hace muchos siglos, los luchadores cristianos han rezado antes de combatir contra el mal y han arremetido contra el enemigo fortalecidos por la oración. --- Rezar cuando España está sucia Hoy es un día para rezar.

En Villamartín, en la española Sierra de Cádiz, los romeros suben hacia el santuario de Pajarete con la Virgen de las Montañas. En Cuba, millones se encomiendan a la Virgen de la Caridad del Cobre. En Málaga, a Santa María de la Victoria. En oriente de Venezuela, a la Virgen del Valle. Una misma súplica: que no nos dejen solos frente a los malvados que ensucian el mundo.

Hay quienes consideran la oración un consuelo privado, casi un adorno. Se equivocan. Rezar es un acto público cuando se pide por un pueblo. No sustituye a la ley, ni a las urnas, ni al trabajo de cada día. Pero sostiene lo que la política, cuando se pudre, ya no sabe sostener: la dignidad, la vergüenza, la memoria de que un país no es un botín.

La tradición villamartinense cuenta que un leñador halló, entre la maleza del pago de Pajarete, una imagen pequeña de la Virgen. Se la llevó a casa creyendo que era un juguete. Desapareció. Volvió al mismo lugar. La llevaron al pueblo; regresó al cerro. Quiso quedarse en la montaña. En el siglo XVI se levantó la ermita; en 1649 ya se celebraba misa en aquel paraje consagrado a Nuestra Señora de las Montañas y a San Ginés, patrón de los viticultores. Cada 8 de septiembre la comarca camina hacia ella.

Esa historia no es folklore vacío. Es la forma en que un pueblo pobre aprendió a poner nombre a su esperanza. La Virgen de las Montañas no gobierna ministerios, ni firma decretos. Está, sin embargo, en la geografía moral de quienes todavía creen que España no se rinde ante la corrupción, ni se somete a la mentira, ni se postra ante los abusos del poder, ni agacha la cabeza ante el felón de Sánchez.

El 8 de septiembre es también el día de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba desde 1916, a petición de los veteranos de la independencia. Los cubanos la llaman Cachita. Han rezado bajo imperios, bajo guerras y bajo un régimen actual, comunista y manchado de injusticia y sangre, que ha convertido la isla en un ejemplo amargo de cómo se envilece una nación cuando el poder se eterniza, cuando la mentira se hace doctrina y cuando la dignidad se vuelve contrabando.

No se trata de igualar España con Cuba. Sería una exageración injusta. Pero se trata de no ser ciegos y asumir que compartimos con Cuba el inicio del desastre ético y político que a ellos les condujo a la esclavitud.

Los dramas que “envilecen y dominan” las naciones no llegan de golpe. Llegan cuando la corrupción deja de escandalizar, cuando la impunidad se disfraza de normalidad y cuando una parte del país se acostumbra a mirar hacia otro lado con tal de conservar el propio pedazo de beneficio. Es lo que ocurre en España bajo el mandato del felón Pedro Sánchez.

Por eso este día es apropiado para pedir a la Madre de Dios que nos libre de azotes que ya conocemos en otros pueblos: el cinismo instalado, la mentira, el saqueo del pueblo, el desprecio al que trabaja y calla, la degradación de las instituciones, la esclavitud y la dignidad asesinada.

La oración y la lucha no se excluyen. Se complementan. Rezar no es rendirse. Rezar sin combatir la indecencia es hipocresía piadosa. Combatir sin oración —para quien tiene fe— es quedarse sin raíz.

Lo útil, lo serio, es lo que siempre han hecho los pueblos creyentes cuando el poder se corrompe: ponerse de rodillas y, al incorporarse, no aceptar lo inaceptable.

La oración vale cuando va acompañada de la lucha por la dignidad, por la limpieza pública y por la recuperación de valores que no son de derechas ni de izquierdas: la verdad, el mérito, la vergüenza, el servicio y el amor.

Quien roba la palabra “progreso” para cubrir la podredumbre no merece el silencio de los honrados.

Hay en España un cansancio moral que no se mide solo en encuestas. Se nota en la conversación de los bares, en el recelo hacia todo lo que viene de la Moncloa, en la sensación de que las reglas valen para unos y no para otros. Ese cansancio no lo inventa un partido. Lo alimenta cada escándalo que queda en nada, cada explicación inverosímil, cada red de influencias que se presenta como coincidencia.

Yo pido a mi Virgen, la Virgen de las Montañas, patrona de Villamartín, que mire a España como mira el cerro de Pajarete: de lejos y de cerca a la vez. Que nos libre de la ignominia y de la corrupción que manchan la vida pública. Que nos libre de Pedro Sánchez y de la piara de malvados y corruptos que, desde el poder político, martirizan al país con la indecencia.

No pido un milagro. Pido lucidez. Pido que no se nos endurezca el alma hasta el punto de creer que “así son todos” y que ya no merece la pena luchar. Pido que la Madre de Dios sostenga a quienes aún trabajan con las manos limpias: jueces que no se doblan, periodistas que no se venden, vecinos que no callan, madres y padres que quieren dejar a sus hijos un país menos cínico y podrido.

España no se salva solo con una novena. Tampoco se salva sin memoria, sin exigencia y sin esa forma antigua de resistencia que es arrodillarse ante quien no tiene escaño. La Virgen de las Montañas no es un programa electoral. Es, para quienes la queremos, un bien que no se negocia y la esperanza de que tenemos que salvar a España.

Mañana subirán los romeros a Pajarete. En Cuba encenderán velas a Cachita. En otros pueblos sacarán a sus vírgenes a la calle. Que cada uno pida lo que su conciencia le dicte. Yo pido esto: que el cielo nos libre de lo que nos envilece, y que la oración no nos sirva de coartada, sino de empujón para recuperar lo que nos han arrebatado: la dignidad, la limpieza y el derecho a no vivir de rodillas ante el poder.

Virgen de las Montañas, no nos dejes.

Francisco Rubiales


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