Revista Cine

Ross Macdonald: La piscina de los ahogados (4). Máquinas de juegos.

Publicado el 04 septiembre 2013 por Francisco Ortiz
   Las investigaciones de Archer ocurren en un corto espacio de tiempo, pero son muy intensas. Viaja mucho y conversa con muchos desconocidos hasta llegar a las personas involucradas en el caso, sin descansar apenas y manteniéndose despierto con café y su buen humor, que nunca es cinismo, algo que sí destila el Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán. Archer, por el contrario, reprime algún puñetazo porque quiere seguir mirándose en el espejo, aunque el destinatario sea un tipo que ha colaborado para meterlo en problemas. Archer es siempre juicioso y mide muy bien sus pasos y detrás del sincero y adecuado lirismo de sus narración late una verdad que se corresponde con sus actos. En un bar observa a una mujer a la que estaba buscando y espera la oportunidad de abordarla. Y cuenta de una manera original, transparente y llena de creatividad en la que laten las palabras, pero siempre laten al servicio de las personas, sus sentimientos, sus frustraciones, jamás laten en su propio beneficio, para parecer bellas por sí mismas y para sí mismas.

El barman la abordó: -¿Algo para ti, Elaine? Ella arrojó un billete sobre la agujereada superficie de madera. -Veinte monedas de veinticinco - gruñó con una voz alcohólica que no era desagradable-. Para cambiar. -Tu suerte puede cambiar - dijo él con una sonrisa insincera-. La máquina con la que has estado jugando está cargada para pagar todo el tiempo.-¿Qué diablos importa? - dijo inexpresivamente ella. -Lo gané fácilmente, que se vaya fácilmente. -Sobre todo, se va fácilmente - le dijo el muchacho que estaba junto a mí a la espuma de cerveza del fondo de su vaso. Mecánicamente, sin ninguna excitación y sin el menor signo de interés, la mujer puso las monedas, una por una, en una máquina cercana a la puerta. Parecía alguien llamando telefónicamente a larga distancia a algún otro que estaba muerto desde hacía años. Algunos dos y cuatros, un solo doce, estiraron su dinero. Volvieron como algo natural. Jugaba con la máquina como si fuera un instrumento mudo hecho para expresar la desesperación.

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