Revista Cultura y Ocio

Rumbo fijado – @quijotesancho78

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

He hecho con mi zona de confort un nudo. Un laberinto transitable y luminoso del que se sale solamente hacia arriba. Hacia el cielo suave de verano que nadie mira. He hecho de cualquier comodidad una insatisfacción. Un agujero. Una pequeña batalla íntima, interior, propia. He hecho de mí lo contrario de lo que se esperaba,
si acaso alguien esperó alguna vez de mí cosa alguna que no fuera mediocridad, fracaso y vagancia. Contradicción encendida. Paradoja de hielo. Decadencia veloz, exquisita…

He dejado atrás cualquier soporífera tarde de cafetería y amigos para siempre y me he tendido boca arriba a leer a Pynchon. A leer a Pynchon no a escribir de Pynchon. Ya hay demasiada gente por ahí escribiendo, escribiendo bien sobre Pynchon y sobre DeLillo, que el otro día en Madrid me miraba con los ojos pequeños, con los ojos lentos de haber sabido descifrar la gran novela americana. “He leído a muchos escritores españoles. Tengo en la biblioteca muchos libros de escritores españoles pero no me pidas que diga nombres”, me respondió a mi pregunta de cómo la
literatura española había influido en su vida. Yo ahí preguntando a DeLillo, como si le hablara a mi padre un día cualquiera en la dacha amarilla. Don DeLillo, dedos largos, mecanográficos, paso sereno por el submundo inolvidable del Hotel de Las Letras.

He hecho de mi vida un rechazo. Y observo que nunca estuve mejor que llevando este deterioro encima. Esta fiesta permanente de vivir ajeno a horarios y órdenes. A jefes y dioses. Maldita sea. A vivir en el país extranjero y vertical de los diez metros cuadrados de una habitación donde hay libros y un vinilo que suena, una música que rompe la tarde y la escritura como un melón. Y la deja aquí, anhelante, huérfana, cadavérica, la escritura varada entre la voz de Nina Simone. Entre las olas de Sinnerman. Demasiado hermoso para querer morirse un día.

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