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Se acerca el 8 de septiembreMaría Jesús Mayoral Roche El ...

Publicado el 02 septiembre 2013 por Chus

Se acerca el 8 de septiembre
María Jesús Mayoral Roche 

Se acerca el 8 de septiembreMaría Jesús Mayoral Roche El ...
   El resto del verano lo pasé con mis padres. Los días estivales en el pueblo transcurrían largos, tórridos y tranquilos. Por la tarde acudía a la biblioteca que estaba junto a la iglesia. En realidad no era propiamente una biblioteca, sino más bien un salón con libros al que llamaban familiarmente "El cuarto de la doctrina". Allí, mosén Eladio y las catequistas impartían a los niños las lecciones de catecismo. Aquella sala parroquial, servía también para las reuniones de las señoras de la Cofradía de Ntra. Sra. del Pueyo, tertulias de jóvenes y lugar de lectura. Mosén Eladio se pasaba el día discutiendo con todo el mundo. El viejo cura no admitía cambios, ni en su iglesia ni en sus procesiones.   Fue en el "Cuarto de la doctrina" donde conocí e hice amistad con Pilar y Tere. Como prácticamente pasaba casi todo el año en Zaragoza, apenas conocía y me relacionaba con la gente del pueblo. Tan solo tenía amistad con Clarita, la hija de don Jaime (el veterinario), que venía con asiduidad a mi casa para hablar y escuchar las canciones de moda en el tocadiscos, que me habían regalado como premio de fin de curso mis padres. Mi madre veía con muy buenos ojos aquella amistad, al fin y al cabo Clarita era la hija del veterinario y de de doña Orosia, una mujer del Valle de Ansó muy fina y educada. Sin embargo, no le parecía bien que me relacionase con Pilar y Tere, que trabajaban como costureras en el taller de una modista del pueblo. Mi padre le criticaba ese clasismo y le decía:   - Amalia, deja que Irene alterne con la gente del pueblo, son buenas chicas.   Los domingos me acercaba con mi padre en bicicleta hasta el molino. Paseando por los maltrechos puentes de estacas me hablaba de mi futuro. A veces, cuando las aguas de la almenara se estancaban debido a los estíos de la acequia, nos dedicábamos a pescar barbos, mientras, me contaba cosas de cuando él era niño y de mis abuelos. Poco recuerdo de ellos, era muy niña cuando murieron. Me relataba también las travesuras de su hermana Pilar, la niña que estaba en el cielo y a la que no me atrevía a mirar cuando dormía en la habitación de los olores. Todos me decían, que cada día que pasaba, me parecía más a ella. Adoraba y admiraba a mi padre, sobre todo cuando nos perdíamos entre los frutales hablando o nos subíamos a los árboles para contemplar los nidos de las abubillas.   El ocho de septiembre se celebraban las fiestas en honor de Ntra. Sra. del Pueyo. La víspera, a las doce de la mañana repicaban las campanas y encendían el cohete anunciador de fiestas. Durante seis días, se sucedían numerosos actos festivos y religiosos. Mosén Eladio se preparaba a conciencia el sermón del día de la Virgen y las señoras de la Cofradía limpiaban y engalanaban la peana para la subida en procesión a la ermita. Clarita venía a buscarme por las tardes para ir al baile. Mi madre antes de salir de casa, nos daba un sinfín de recomendaciones y consejos, que terminábamos por no escuchar.    El baile se celebraba en la plaza del pueblo, rodeada de  viejas casas de estilo aragonés, a los pies de su altiva torre mudéjar. Clarita y yo, nos sentábamos en un banco cercano a un aligustre, algunos muchachos se acercaban para sacarnos a bailar. Entre los muchos consejos que nos recitaba mi madre, el principal era que no hiciéramos caso a los chicos. Decía que no resultaba fino bailar en la plaza, dos señoritas educadas y ricas como nosotras. La obedecimos el primer el día, porque el segundo nos invitaron a bailar dos muchachos guapísimos. Al principio, Clarita y yo nos mostramos algo indecisas, pero eran tan guapos que al final terminamos bailando con ellos. Se llamaban Pablo y Rafael; Pablo era el hijo de un terrateniente y Rafael el sobrino del farmacéutico. Al día siguiente, mi madre estaba ya al corriente de todo. Cuando Clarita, como todas las tardes, vino a buscarme le comentó con cierta ironía:    - Así que... ayer os salieron al paso dos guapos bailadores. ¿Eh ,Clarita?
De mi novela Los Castaños de Indias (edición agotada).
  

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