
Tomorrowland (Ídem, EU, 2015), de Brad Bird. El quinto largometraje -segundo de acción viva- de Brad Bird es fiel al discurso personal de otras de sus cintas -especialmente de Los Increíbles (2004) y, más aún, de su obra maestra Ratatouille (2007)-, aunque está lastrado por un exceso de diálogos que, a ratos, lo vuelve farragoso. La película más dispareja de Bird en toda su carrera, sin duda, pero también habría que anotar, con toda justicia, que el problema es que el director de El Gigante de Hierro (1999) nos había acostumbrado a una barra demasiado alta. Ya volveré a esta cinta en esta semana.
Promesa de Vida (The Water Diviner, Australia-EU-Turquía, 2014), de Russell Crowe. En su opera prima como director, Crowe no tuvo empacho en dedicarse a sí mismo una buena cantidad de close-ups. Lástima que no aprendió a hacer mucho más. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.