Revista Cultura y Ocio

SERIES - Virtudes y Valores - Honor

Publicado el 17 marzo 2012 por Concha

SERIES - Virtudes y Valores - Honor 
¡Cuánto adoro escribir para esta Serie!  Ultimamente la he tenido un poco olvidada, y es que este año ha sido uno muy ocupado; lleno de actividades y de trabajo y de familia.
Redactar artículos para esta Serie es algo muy diferente que hacerlo sobre cualquier otro tema.  Escribir para Sr. Vinos es algo mucho más fácil para mi.  Virtudes y Valores es algo delicado.  No solo es un trabajo intelectual pero además requiere de profunda investigación e interesante aprendizaje.  El resultado final es una bonita labor; una que muchos disfrutan y piden que continúe.  Desarrollar sobre la definición de "Honor" es un reto.
La mente humana, en gran medida, es como una cebolla.  Existen capas superficiales y luego otras más profundas que así mismo son capaces de albergar todos estos valores humanos; los más básicos y superficiales son más comunes; otros son más profundos y menos comunes, o simplemente no existen en la vida de muchas personas.  De ahí también, como he mencionado antes, que muchos valores se apoyan y se relacionan entre sí.  Son además, parte de la estructura de una mente sana y saludable, o en ausencia, surgen situaciones y cuestionamientos.
El honor es una virtud muy hermosa, valiosa y admirable.  No es una virtud superficial, ni básica, ni siquiera muy común, acorde con el orden intelectual humano.  Se apoya en otras virtudes que son más comunes, tales como la honestidad y la integridad, y se haya en un nivel intelectual superior.  Puede aveces verse asociada con estatus social e incluso socio-económico, o costumbres asociadas a la idiosincrasia popular de ciertos pueblos.
El honor es el apego a lo correcto.  También es un concepto similar a la reputación, dado que establece un sentido abstracto o percibido de la calidad, el valor moral y la respetabilidad de la persona.  De tal manera que esta virtud, el Honor, da paso a un valor: la Honorabilidad.  Existe un concepto oriental y uno occidental sobre honor y honorabilidad, que viene siendo como la visión o la percepción que cada uno posee sobre esta virtud, y su forma de llevarla a buen empleo.  En algunos casos, como en occidente y Europa, este concepto está ligado al estatus de nobleza.  Un buen ejemplo se da en la sociedad británica, en la que el honor pertenece a los "gentlemen".  Sin honor, simplemente no eres un caballero.  Sin honor, tampoco eres una dama ("dame").  En el concepto occidental, el honor y la honorabilidad se adhieren más a un código determinado; ya sea a uno de conducta, de ética, de jerarquía, o un código de secreto, entre otros.  El apartarse de ese código, o divulgar el secreto te hace, evidentemente, perder el honor y la honorabilidad.  En la sociedad oriental, en cambio, el concepto no requiere tanto de la adherencia a un código explícitamente establecido, sino a una serie de normas y principios que se heredan a través del patriarcado, de la idiosincrasia y las buenas costumbres.  De tal manera que en oriente, el honor, más que servir para guardar un secreto o una lealtad específica, puede significar la prohibición a utilizar la mentira, por consiguiente, al mentir se pierde el honor.  Al faltar el respeto a los superiores jerárquicos, tales como los padres, los tíos, y los abuelos, te hace perder de manera lógica tu honor, dado que éste proviene de tus raíces.  De manera hermosa y actual se observa en muchas partes del mundo oriental el honor y la honorabilidad cada vez que un extranjero (o cualquier persona) extravía su cartera o sus documentos, y estos son devueltos a su dueño de manera intacta.  Esto se debe a que el honor de los orientales enseña al individuo, desde muy pequeño, el principio de que nada, ninguna posesión pertenece a ti, a menos de que te la hayas ganado con tu propio esfuerzo y el sudor de tu frente.  Es entonces cuando el bien puede pasar a ser parte de tu patrimonio personal.  De no ser asi, ese valor no te pertenece y debe ser entregado a la persona que lo ostenta a través de su legítimo esfuerzo y por lo tanto cuenta con el derecho a propiedad.  En mi opinión, ese ejercicio moral y mental es el honor a su máxima expresión.
Bajo un concepto más universal, Dr. Samuel Johnson, en su Diccionario de la Lengua Inglesa (1755) definió el honor a la luz de varios sentidos; el primero siendo la "nobleza del alma, la magnanimidad, y el despojo de la maldad y la mezquindad".  Este tipo de honor deriba de la "conducta virtuosa percibida" y la integridad personal de la persona envestida con el honor.  Sin embargo, Dr. Johnson también definió el honor en relación a los conceptos de "reputación" y "fama".  También lo relacionó con "privilegios de rango o nacimiento" y también del "respeto" que proviene del "derecho de procedencia y dignidad del individuo".    Finalmente, con respecto a las mujeres, el honor ha sido tradicionalmente asociado con (o identicamente a) "castidad" y "virginidad", o en el caso de la mujer casada, con la "fidelidad".  Parece mentira todas las connotaciones que puede tener esta virtud del honor. ¿no?
En la vida moderna, hay diversas actividades ciudadanas que descansan sobre el honor de la persona.  Por ejemplo, crédito bancario o monetario se le otorga a la persona que goza de honor y buen prestigio (además de solvencia económica, claro está).  Quien posee y escribe cheques para hacer sus pagos, esos cheques son aceptados como una nota promisora de pago contra una cuenta bancaria, en base a una situación de honor.  La licencia de conducir es un contrato con la sociedad, que establece un compromiso de que el conductor, de manera honorable se compromete a obedecer todas las reglas y señales de tránsito (¡sobre todo la luz ROJA del semáforo!), las 24 horas del día, y aun cuando no haya un agente fiscalizador de tránsito a la vista.  Estos tres ejemplos que acabo de citar son privilegios revocables, tras la ausencia del honor.

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Deben gozar de plena honorabilidad, credibilidad y buena reputación todo vocero o representante comunal, los educadores, todo el que celebre algún tipo de contrato, por lo tanto los esposos, los médicos con su juramento hipocrático, todos los trabajadores relacionados con la administración de justicia (¿abogados?), los banqueros y personas que manejan o dispensan dinero o crédito bancario, todos los trabajadores que tienen que ver con la salud pública, sea esto el agua para consumo humano o la dispensa de comidas o de medicinas, etc.  En grado superlativo, el honor debe ser incondicional e indispensable en personas que ejercen la representación de comunidades más grandes, o que trabajan por el bien común y social superior, tales como el presidente del país (o la república), la corte suprema, los senadores o personas encargadas de elaborar las leyes, las personas encargadas de proveer protección policial y hacer cumplir las leyes, el procurador de la nación, los ministros de estado, el tribunal electoral, los clérigos, personas encargadas de las financias públicas o que manejan el erario, el transporte público de todo tipo (aire, mar y tierra), y toda persona cuya función tenga que ver o afecte el bien y el bienestar común a nivel de la sociedad.

En la academia marítima de la que me gradué existe un código de honor que dicta la orden "no robaré, plagiaré o mentiré".  El honor es aquello que garantiza, a ojos cerrados, que todos los que concursemos por esta vida lo haremos bajo las mismas reglas, y con las mismas condiciones de ventaja y desventaja.  "No habrá fueros ni privilegios", como dicta nuestra Constitución.  Esto es la base del principio de igualdad, que sirve para garantizar que cada individuo tendrá su oportunidad justa y equitativa en pro de obtener y mantener sus derechos inalienables y la búsqueda de la felicidad.  La antítesis y el antivalor relacionado con estos conceptos es precisamente lo que se conoce como "juega vivo".  Este antivalor carece de honor y honorabilidad.  No es honorable.  No pelea limpio.  No se adhiere a las reglas comunes y equitativas.  No siente orgullo sano y correcto.  Carece de valor social y es reprochable y castigable.  El "juega vivo" no respeta las normas establecidas, ni la moral, ni las luces rojas del semáforo, ni la dignidad ajena (a la que todos los seres humanos tenemos derecho natural); el "juega vivo" es capaz de estafar o pagar con un cheque sin fondo, practica el nepotismo y desconoce el mérito obtenido por otros con esfuerzo.  El juega vivo roba, plagia, hace trampa y miente, por lo tanto carece de honradez, integridad y honestidad.  El honor, como proceso psicológico, muchas veces es una deuda con uno mismo; es poder tener cargo de conciencia, y es lo que impide que uno tome un giro indebido cuando es evidente que nadie está mirando.  El "juega vivo" no tiene conciencia ni respeta el derecho de los demás.  ¡El HONOR es muy importante!  Es base indispensable para el respeto.
"Todas las cosas grandiosas son simples, y muchas pueden ser expresadas con una sola palabra: libertad, justicia, honor, deber, piedad, y esperanza"  Winston Churchill.
"Cada hombre abriga la vida valiosamente; pero el hombre valioso abriga al honor de manera mucho más preciada y valiosa que a la vida"  William Shakespeare.
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Por  Beatriz Lerma
publicado el 21 enero a las 23:54

Me gustó mucho este artículo sobre la virtud del honor y el valor de la honorabilidad. Es sencillo y claro. Felicidades.

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