Revista Comunicación

Si pudiera te daría una patada -malas madres

Publicado el 31 enero 2026 por Jorge Bertran Garcia @JorgeABertran
SI PUDIERA TE DARÍA UNA PATADA -MALAS MADRES
Si estáis hartos de que os digan constantemente qué hacer, qué pensar, qué opinar, qué tipo de padre o madre debéis ser o qué tenéis que comer y cuánto hay que pesar, dónde aparcar, o lo malo que es fumar/beber/drogarse, y hasta lo que hay que sentir ante los problemas y las desgracias de la vida... pues poca solución os puedo ofrecer. Pero una buena forma de lidiar con esos problemas comunes a todos está en la ficción, en el arte, en el cine. La actriz y directora Mary Bronstein ha puesto este malestar existencial en una película estupenda con un título maravilloso Si pudiera te daría una patada (2025), y con una aliada fantástica en la actriz Rose Byrne. La protagonista de la historia es Linda, una madre que debe afrontar problemas cotidianos exagerados por el guión hasta el nivel de una pesadilla: su hija sufre un trastorno que la obliga a recibir un tortuoso tratamiento, su marido es una figura ausente por su trabajo y, para colmo de males, el techo de su casa se derrumba, lo que la obliga a mudarse a un hotel. Linda se enfrenta al estrés de su trabajo como psicoterapeuta y a la incomprensión de su propio analista, al que da vida un estupendo Conan O´Brien. Lo que hace muy bien Bronstein es fabricar un clima hostil alrededor de Linda, que se siente juzgada por todos los que la rodean mientras intenta sobrevivir y mantener la fachada de ser una buena esposa, una profesional competente y, sobre todo, una buena madre. Bronstein, que se reserva para sí misma un pequeño y divertido papel -la malvada doctora Spring- desarrolla una película que arranca como un drama realista asfixiante y claustrofóbico -la cámara se mantiene en todo momento muy cerca del rostro de Byrne- pero que poco a poco va mostrando destellos de un humor negrísimo que estalla en secuencias memorables -la tensión es tremenda en la escena del hámster- que propician una risa, quizás nerviosa, pero seguramente catártica. Bronstein aborda temas muy serios como la salud mental, la maternidad, el feminismo y lo políticamente correcto -y la silenciosa tiranía derivada del mismo- con una mirada muy inteligente y sobre todo divertida. Y la directora no tiene miedo a trascender el realismo para buscar lo poético: el agujero en el techo de la casa es el mismo que tiene su hija en el abdomen y cuando Linda mira dentro, el agujero, como avisaba Nietzsche, le devuelve la mirada, con todos sus miedos y sentimientos destructivos.

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