Revista Viajes

Siete consecuencias inesperadas de viajar que te harán repetir

Por Mundoturistico

Viajo con el único objetivo de viajar: conocer nuevos lugares, gente, costumbres; dejarme llevar por sus historias; buscar rincones que me dejen fascinada… Pero resulta que a lo largo de mis viajes, en el camino, me he encontrado otros hechos mágicos que se producen viajando y que hacen, junto a lo verdaderamente importante, esta sea una de las aficiones más disfruto y no pienso dejar. Son los efectos colaterales o efectos secundarios en versión positiva del turismo; las consecuencias inesperadas del viajar. Hoy os hablaré de siete de ellas, pero seguro que hay muchas. Soy toda oídos 🙂

Conseguir desconectar realmente

Esta es una de las más básicas; la que seguramente más gente da más por sentado. Incluso hay quienes le dan la naturaleza de primordial y objetivo principal, pero no es mi caso. De hecho, yo creo que la verdadera desconexión solo sucede cuando pasados los días comienzas a hacerte a un país, vas moviéndote por él y conociendo su idiosincrasia, tienes claro qué vas a ver y lo haces intencionadamente y sorprendiéndote… lo que poco a poco logra que olvides completamente de tu vida del día a día, la que dejaste en tu país de origen. No es lo mismo descansar que desconectar, creo yo.

En ocasiones, hay situaciones que pueden hacerte seguir un poco en “casa”, pero si el viaje merece la pena, las irás dejando seguro poco a poco. Te perderás en los grupos de Whatsapp, no sabrás ti tu equipo de fútbol sigue líder en La Liga o dejarás de lado el interés sobre pequeñas cosas como qué ropa elegir por las mañanas.

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Es también la más esperadas de las consecuencias del viajar, pero llega de una forma no buscada. La verdadera desconexión sucede cuando no somos conscientes de ello.

Cambiar de clima gracias a unas horas de vuelo

Sumar treinta grados en el termómetro no es un mal plan. Tener dos veranos al año tampoco. Cambiar el abrigo por el pantalón corto, también… o al revés. Viajar te permite también poder cambiar el tiempo atmosférico en unas cuantas horas de avión. Y mola.

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Yo soy de las personas a las que les gustan las estaciones marcadas. Por eso, no me parece mal cuando los días se hacen más cortos, ni si hace frío porque es invierno y disfruto del tándem sofá-película-manta. Pero si en mitad de los días grises puedo irme unas cuantas semanas y pasar lo peor de esa estación… pues también lo agradezco. Sobre todo, claramente, porque no olvido la razón principal de viajar, que es conocer lugares y para eso y más en determinados sitios, no hay nada como el buen tiempo.

Los paisajes son más bonitos cuando reina el sol, las actividades se realizan mejor cuando nos acompaña una temperatura agradable, los atardeceres son clamorosos cuando la luz del lugar tiene algo especial…

Volver a casa con más ganas

Tengo la seguridad de que amo viajar exactamente en la misma medida que sé en qué lugar quiero vivir. Por ello, viajar supone tomar distancia de “casa” y querer volver también con más ganas que nunca. No es que desee volver cuando estoy viajando, sino que cuando lo hago –porque soy realista y consciente de que hay una fecha de vuelta-, lo hago con ganas. No con hastío, si no disfrutando de los recuerdos y los momentos vividos conscientemente y aprovechándolos para tomar las cosas con impulso renovado.

Muchas veces se pregona que viajar es la solución a todos tus males –sean cuales sean- y la verdad, no creo en ese tipo de frases grandilocuentes en las que parece que viajar va a producir unos efectos definidos seas quién seas y hagas lo que hagas. Lo mágico de viajar abre la puerta a infinitud de vivencias, pero de todo tipo. Por eso, también la vuelta se toma de formas diferentes. Para mí, sin duda, es un buen momento, porque se acaba algo bueno y sí, claro, da algo de bajón, pero siempre hay una forma positiva de mirarlo: habrá más.

Pasar más tiempo con tu pareja

Recientemente, en mi viaje a Filipinas, me di cuenta que además de todas las cosas buenas que estaban pasando, por fin estaba 24 horas con mi chico. 24 horas por veinte días fueron el tiempo suficiente para ser conscientes de que en la rutina habitual se echa de menos también la convivencia con nuestros seres más cercanos. ¡Y así sí! Fue sin duda una consecuencia inesperada y parte importante del viaje, al pasar más tiempo con él y ser aliados constante y felizmente. Un viaje te une o te separa de las personas con las que lo haces porque supone muchas horas poniéndote de acuerdo, compartiendo buenas o malas experiencias y planificando. Y si sale bien… son muchas horas de magia, como adelanté.

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Si eres de esas personas que tienen bastante trabajo, otro hobbie-trabajo, varios grupos de amigos y te gusta hacer muchas actividades, seguro que agradecerás el paréntesis que suponen los viajes también en todo eso. ¡Ya te lo digo yo!

Volverte más creativo

“Todas las verdaderas buenas ideas se concibieron caminando“, dijo Nietzsche. Además, recientes estudios lo confirman: caminar fomenta la creatividad. Y viajando, estamos activos muchas horas del día. Además, esto ya es mi opinión, vivimos experiencias que nos hacen crear conexiones de unas cosas con otras, produciendo nuevas ideas que luego plasmar en nuestros diferentes trabajos.

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Yo, como bloguera de viaje, amo los viajes no solo por viajar en sí mismo o por las emociones que me provoca, sino porque dispara las conexiones en mi cerebro; lo noto. Además, tengo tiempo para leer, escribir, charlar… sin prisa, intentando poner en claro aquello que después os voy a contar.

Probar comida diferente y cervezas de todo tipo

Soy una de esas personas que siempre se pregunta al volver de un viaje qué ha sido lo que más le ha gustado –sí, me lo pregunto a mí misma-. Me sorprendí cuando al volver de Tailandia, una de las primeras respuestas era su comida. Fue sin duda algo no esperado. También en general, las cervezas son motivos que me llegan a la cabeza cuando pienso en lo mejor de destinos, sobre todo de calor.

comida

Probar las diferentes gastronomías del mundo es algo muy enriquecedor en muchos sentidos. En cierta forma, uno conoce la comida como conoce las costumbres o los monumentos, aunque se asocie también a las funciones básicas del viajero.

Sin duda y cada vez más disfruto de esta parte de los viajes, y que además puedo recordar cada cierto tiempo comiendo en restaurantes internacionales en mi propio país. ¡Viva la gastronomía!

Cajón de sastre: Volver con nuevos objetivos, practicar inglés, conocer animales exóticos, ponerte moreno…

Hay un montón de consecuencias no esperadas de viajar más, seguro; incluso algunas que yo no haya podido disfrutar, pero cada viajero es un mundo. Por ejemplo, yo siempre había “odiado” los idiomas –lo que a día de hoy traduzco en que no había encontrado un motivo para aprenderlos- y comencé a interesarme por ellos cuando no podía comunicarme con gente que me parecía interesante pero no hablaba mi idioma.

Hay muchos efectos positivos en conocer mundo y abrir todos nuestros poros para aprender cosas nuevas. Solo hay que salir y prestar atención. Os animo a ello.


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