No sabía lo que me estaba afectando el ruido hasta que he llegado al silencio.
Me he ido, pero lo que hacía era huir.

De repente, mi cerebro se ha adaptado , a toda velocidad, al trino de los pájaros, al susurro del viento . Ha sustituido las radiales , las sierras y los martillos neumáticos por una melodía sinuosa y, aunque parezca una contradicción, silenciosa…
Algún día, acabarán las obras y reformas vecinales y con ellas, el ruido constante. Mientras tanto, tendré que ir haciendo terapia de huida…
