Revista América Latina

Silencio, que están… Jugando pelota

Publicado el 22 noviembre 2013 por Yohan Yohan González Duany @cubanoinsular19

caricaturaPor Lino E. Verdecia Calunga

ES sumamente difícil que una disposición que reglamente algo –ley, decreto, resolución, circular, etc.- encuentre una aceptación del ciento por ciento en aquellos a los que se dirige, y aun entre los que directamente no les incumbe. Sea del tipo que fuere.

LO más seguro es que si a usted alguien le dice que detesta el carnaval, es que esa persona tiene el oído cuadrao, sea un patón, un fundamentalista o, por lo menos, casi un amargado. Del mismo modo que si alguien opina que una conga es una molestia para los que asisten a un estadio de pelota en Cuba –nótese que no solo me refiero a la región oriental o a la porción más sureña de la misma-, puede estar casi seguro que se trata de uno de los que rechaza el gran rumbón del festejo popular.

NO es una mera coincidencia.

SI usted no ha sentido mientras contempla un juego de béisbol esa sensación que llega por la planta de los pies convertida en un cosquilleo inexplicable, en el momento en que el fragor de una conga, o un simple buen piquete, hace sonar una percusión bien armada –y si la acompaña una corneta china ¡ni hablar!-, entonces dese por coincidente aplaudidor de la extraña, controvertida y descolocada Circular no. 4 (serie 53) de la Comisión Nacional de Béisbol en su segundo  acápite.

PERSONALMENTE he asistido a pocos estadios cubanos de los llamados principales. No pasan de cuatro. Pero los treinta y ocho años que residí en Santiago en Cuba (octubre de 1966-agosto 2004) -contando los cinco que en que era becado universitario- me permitieron acudir al Guillermón incontables decenas de veces, tantas como para presenciar juegos de las series nacionales en sus diversas estructuras y otros torneos, en eventos y topes internacionales y hasta en juegos de la pelota provincial –y bien recuerdo cuando la Universidad de Oriente llegó a tener un equipo que daba batalla a finales de los 60 y llegó a tener en el efectivo lanzador Orestes Semanat a su figura estelar.

ESO me basta para poder reconocer cuánto significa el ritmo conguero por lo menos en aquel estadio. Está dicho: parte indisoluble de su proyección identitaria. Algo que ocurre también en otros parques.

SI en el mestizaje idiosincrásico que nos caracteriza existe una porción de sangre anglosajona, no es relevante. Por ello la flemática actitud de aficionados concentrados mirando hacia el terreno observando lo que acontece acción por acción y jugada por jugada no encaja del todo en nuestra vehemente, reflexiva, exaltada, apasionada, discutidora, socializada y ritmática manera de presenciar los juegos de pelota.

SIN embargo, muy particularmente, soy enemigo del ruido, y me he pronunciado de diversos modos contra eso que he denominado cultura de la bulla o síndrome de la bullanga. Pero una cosa es una sonora conga –o repito, un buen piquete- y otra es el escándalo irracional y sin sentido que nos asedia en muchas partes que no son precisamente un estadio de béisbol.

PERO aunque aquí se habla solo de béisbol, como todo está dialécticamente sujeto a cambios entonces no hay por qué no pensar que la CNB (¿será realmente la B para designar al deporte de las bolas y los strikes?) nos sorprenda un día con la disposición de que se va a colocar una malla o red extendida detrás de la media luna a la usanza del tenis de campo; o que disponga que se cuadricule el espacio entre las cuatro bases semejante a un tablero de ajedrez y, todavía más absurdo, que estampe en una circular que los jugadores recibirán otras denominaciones, por lo que en lugar de jardineros serán llamados torres o alfiles, los jonrones pasarán a anunciarse como jaques y una gigantografía anuncie –parodiando el viejo bolero-cha que hiciera popular la orquesta Aragón- SILENCIO, QUE ESTÁN JUGANDO. Y siempre habrá algún narrador o periodista que lo justifique.

LA pelota, la que se goza y se sufre en los estadios –y en los hogares, los centros de trabajos o en algunos parques o esquinas- es un ser vivo que tiene en su torrente sanguíneo la tradición caribeña del ruido sonoro. Tal vez alguien esté pensando en que se autoricen al Orfeón Santiago o al Coro  Exaudi, o a agrupaciones tipo Sampling o Vocalité, o algún cuarteto de cámara, para ser los primeros en sustituir a otros  formatos.

ES una lástima que yo no tenga habilidades para crear caricaturas, pero a quien las tenga le puedo facilitar por lo menos una decena de ideas sobre la Circular no. 4, esa que amenaza en añadir más preocupación, tristeza y dolo a nuestro deporte nacional.

PERO una actitud es válida: los que puedan y gusten lleven sus equipos con congas grabadas y muévanse a su ritmo; los demás no perdamos las esperanzas y sigamos haciendo lanzamientos en esta zona de strike.

P.D. : Ah, se me olvidaba. El primer acápite de la malvenida Circular no. 4 precisa de mejor modo lo que concierne a las expulsiones y la multa establecida. Eso ratifica que errar es de humanos. Era más que evidente que resultaba irregular y absurda que toda expulsión tuviera la misma sanción puesto que no hay verdadero reglamento que deje de clasificar aunque sea en graves, menos graves y leves las infracciones que puedan cometerse. Expulsar por un gesto o una reclamación indebida no será nunca igual a faltar el respeto verbalmente a una autoridad o por una agresión física.

Tomado del blog Zona de Strike


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