Revista Cine

Sinsontes, gallinas y palabras

Publicado el 13 abril 2011 por José Angel Barrueco

En el último viaje (relámpago) a mi ciudad me traje en la bolsa dos elegantes libros que aún no he tenido tiempo de leer. El primero me lo regaló Luis Ingelmo: `Poemas de afinidad y resistencia´. Se trata de su traducción (vuelvo a recordar aquí que Luis es traductor y escritor) de la obra del antillano Martin Carter, poeta cuya obra yo no conocía y a quien ni siquiera había oído nombrar. No es el primer autor que Luis nos descubre ni será el último. La edición está en bilingüe. Pero lo que más me ha sorprendido es, sin duda, saber que la editorial es zamorana. La Fundación Sinsonte, que, según su web aún en construcción, se propone “traer a España la poesía latinoamericana más joven”. La colección (El sinsonte en el patio vecino), además, está dirigida por el poeta y compadre Juan Manuel Rodríguez Tobal. Desde aquí, mi enhorabuena a esta iniciativa. Existen tan pocas editoriales en mi tierra que deberíamos celebrarlo cada vez que fundan una.
El otro libro (regalo de Concha González y Asunción Almuiña) que incluí en el equipaje lleva por título `Palabras para un rostro´. Es un proyecto de Su Alonso e Inés Marful, publicado por la editorial asturiana KRK: un paseo absorbente por la fotografía y la literatura. Asun y Concha siempre me obsequian con alguno de estos volúmenes de lujo, ideales para bibliófilos y coleccionistas. Aprovecho para apuntar que la vuelta a la Biblioteca Pública fue como un regreso a casa: durante años, cuando no tenía una peseta en los bolsillos, me nutrí de sus fondos bibliográficos; también fue importante la Biblioteca Municipal en esa formación. Uno jamás olvida de dónde viene. Uno jamás sabe con certeza hacia dónde va, pero no debería olvidar sus orígenes.
Estos han sido días de mucho ajetreo y pocas lecturas. Y, sin embargo, de camino a Zamora pude empezar un libro cuya traducción llevaba esperando unos dos años. Me refiero a `Comer animales´, del joven autor norteamericano Jonathan Safran Foer. No compré el libro por su temática (que, desde luego, me interesa), sino por su autor. Aunque tiene detractores, a mí me entusiasmaron los libros de Foer: `Todo está iluminado´ y `Tan fuerte, tan cerca´, y por eso ansiaba leer otra obra suya. El tema y el género eran lo de menos. Si Safran Foer hubiera escrito un tratado sobre las páginas amarillas de Nueva York, asimismo lo habría leído. En `Comer animales´ el autor no trata de convencernos de ser vegetarianos: sólo nos cuenta las penurias y las crueldades que soportan las gallinas, los pollos, las vacas y los cerdos de las granjas industriales, su calvario desde que nacen hasta que llegan a nuestro plato. Producción en masa que no excluye enfermedades animales que a veces contraen los humanos. Un auténtico catálogo de horrores. Todos conocemos algunas de estas penurias: el encierro de las gallinas en jaulas diminutas, la manipulación de la luz para que crean que están en otra estación y pongan más huevos, etcétera. Lo que yo ignoraba eran otros asuntos sobre los que Safran aporta detalles reveladores, entrevistas con gente implicada y datos fiables. Leyendo este libro, que mezcla el reportaje, el ensayo y la autobiografía (sin eludir las referencias literarias), he recordado las (escasas) ocasiones en que comí pollo de corral, cuya sabrosa carne poco tiene que ver con la de las aves que compramos en el supermercado, tan infladas de agua y hormonas. Siempre era algún pollo traído de un pueblo de mi tierra. Añora uno la comida de verdad: el pollo de carne recia, los tomates con sabor y la fruta que no ha sido manipulada mediante injertos.


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