Revista Cultura y Ocio

Solaris

Publicado el 08 junio 2016 por Useenbooks @Naialma

Solaris

Kris Kelvin acaba de llegar a Solaris. Su misión consiste en esclarecer los problemas de conducta de los tres tripulantes de la única estación de observación situada en el planeta. Solaris es un lugar peculiar: no existe la tierra firme, únicamente un extenso océano dotado de vida y, presumiblemente, de inteligencia. Mientras tanto, se encuentra con personas que no deberían estar allí.


Impresión: Solaris

Solaris era, para mí, el típico libro que conocía desde siempre pero que por unas cosas o por otras y sin ningún motivo en particular, quedaba en el olvido. Hasta que en la misma semana me lo recomendaron dos personas y pensé que era una buena excusa para, al menos, escribir su nombre en un papel, juntarlo con unos cuantos más que tengo ganas de leer y dejar elegir al azar. El último en llegar y el primero en salir.

El hombre se había lanzado al descubrimiento de otros mundos y otras civilizaciones, sin haber explorado íntegramente sus propios abismos, ese laberinto de oscuros pasadizos y cámaras secretas, sin haber penetrado en el misterio de las puertas que él mismo ha condenado.

No sabía muy bien con qué me iba a encontrar y me ha encantado esa mezcla de ciencia-ficción y terror, pero no un terror de dar sustos, no… uno más primario. Incluso hay partes que las metería dentro de la metafísica, sin ser una entendida en la materia (y corregidme si me equivoco).

Pero dejo las etiquetas y voy a lo que de verdad importa: La novela en sí.

Empieza muy bien, con una escena potente que nos da una pista de cómo nos sentiremos a lo largo del libro. Al estar narrado por Kelvin es fácil sentirse parte de él desde el principio y adoptar todas sus dudas. En las primeras conversaciones con Snaut, donde éste se pone en modo críptico y en plan “ya lo descubrirás”, admiré la tranquilidad de Kelvin.  Con la llegada de Harey nos inundan todavía más dudas, más ganas de saber qué pasa en (o qué es) Solaris. Y también vemos la parte más humana de Kelvin. Hubo escenas y diálogos con ella que me dejaron bastante tocada. A medida que pasaba las páginas iba teniendo alguna teoría sobre los “visitantes” pero enseguida se iba al garete. Sartorius es quizá el personaje más misterioso. Aparece poco pero me ha parecido importante para la historia.

(…) ¿Te han enviado para torturarme o para hacerme feliz, o eres tan sólo un instrumento que ignora su función y del que se sirven para examinarme como a través de un microscopio? Quizá estás aquí para mostrarme amistad, como un castigo sutil, o como una burla. Quizá eres todo a la vez, o quizá, y es lo más probable, algo muy diferente. (…)

Es un libro que hay que, aunque no llega a las 300 páginas, hay que cogerlo con ganas y ánimo. No tiene partes ligeras. Todas tienen algo que te mantiene el cerebro en alerta. Los escritos que lee Kelvin sobre Solaris son densos y técnicos, aun así los he disfrutado. Los mimoides y las simetríadas tienen algo que engancha xD
Y las partes en las que el lector no tiene muy claro si son oníricas o realidad, también están genial. Sobre todo porque poco a poco vamos descubriéndolo.

Aun en sueños, y disfrutando de buena salud, hablamos con desconocidos, les hacemos preguntas, y escuchamos las respuestas. Además, aunque nuestros interlocutores sean en realidad creaciones de nuestra propia actividad psíquica, desarrolladas mediante un proceso seudoindependiente, mientras esos interlocutores no nos han hablado, ignoramos qué frases nos dirán. Y sin embargo, esas frases han sido formuladas por una parte distinta de nuestra mente: tendríamos que conocerlas en el instante mismo en que las pensamos para ponerlas en los labios de criaturas ficticias.

Lo que más me ha gustado y por lo que lo recomendaría casi a cualquier persona, es que haga reflexionar tantísimo sobre lo que significa el Ser Humano. Y es que gracias a la existencia del océano de Solaris y la aparición de los “visitantes” hacen que se planteen si realmente es la inteligencia y la voluntad lo único que nos hace humanos. Los sentimientos que a veces parece que van por un lado distinto de la razón, también tienen su peso.

(…) La Tierra es de un tipo común: ¡la hierba del universo! Y nos vanagloriamos de esa universalidad. No imaginamos que pueda haber algo muy distinto, y con esta idea partimos hacia otros mundos. ¿Y qué haremos con esos otros mundos? Dominarlos o que ellos nos dominen: ¡No hay otra idea en nuestros patéticos cerebros! Ah, cuánto esfuerzo inútil.

El final es un tanto extraño. No es que esperase una gran frase reveladora ni al típico personaje contándonos al detalle lo que ha pasado y por qué, para nada. Pero… no sé, no sabría definir cómo he sentido el final. A lo mejor es que es demasiado intelectual para mí xD

Resumiendo: Un clásico de la ciencia-ficción que a pesar de pueda estallarte la cabeza, merece mucho la pena.

Puntuación: 8/10


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