Revista Filosofía

Sólo iré a donde no pueda llegar tarde

Por David Porcel
Nuestro querido colaborador Miguel Porcel nos regala este poema que sitúa al lector ante la encrucijada en que, una vez más, consiste la vida. Por un lado, la vida, la nuestra, nuestros empeños y acciones, sólo adquieren valor y sentido porque la sabemos finita, limitada (¿qué valor podríamos dar a nuestras acciones si nos supiéramos eternos? Ninguno, pues siempre quedaría la posibilidad de posponer nuestros empeños. Lo mismo que a la luz de lo infinito, las cantidades se anulan; a la luz de la eternidad, el valor de lo temporal desaparece) Pero, por otro lado, como alude el poema, porque la vida es temporal, abocada a un término, esa proximidad al fin, ese tiempo de tránsito, justamente nos devuelve la lucidez que a fuerza de empeñarnos habíamos perdido, y por la que recordamos que al final, vaciados ya de esperanzas,sólo seremos,nada más. Huimos de la temporalidad inventándonos eternidades, tratando de ser esto o aquello, pero al final, cuando atisbamos la primera sombra, “hija de la primera luz”, bendecimos la esperanza de no esperar más, el sosiego de no vivir desasosegados ("No esperaré nada a sus pies") 
Por fin dejamos de vivir movidos por el deseo de ser lo que no somos; por fin simplemente somos, afirmación del ser, existencia sintiéndose existir, pura dicha.
En fin, disfruten del poema:
Sólo iré a donde no pueda llegar tarde,
Sólo iré a donde no pueda llegar tarde,allí donde la higuera  haya estado esperándome desde el  primer díadando sus frutos, sin embargo, con los ojos cerrados a cualquier boca y voluptuosidad.Fuere la hora que fuere a mi llegadame acogerá la primera sombra, hija de la primera luz,y en ella llevaré el fruto a mi boca seca de la esperay  me llenaré de todas las noches y humedades que hayan sidoy que han dormido  en su sabrosa dulzura.
No esperaré nada a sus pies,sólo serétal vez representado por el silencio que habrá recogido todas las voces en su vientrepor lo que, llegado el nuevo día, un siguiente big bang desparramará el conocimiento allí contenidoque cada uno armará de nuevo.
Y ella estará allí,esperándome,será casi de noche, pero ya de día,bendeciré, puede decirse, su presencia,la oleré con el  beso primero repetido,el incienso  llenará el aire y lo que hay más allá del aire,las campanas se oirány  ya no habrá más que cuerpos aladosyéndose a la campiña o al mar de donde nace la espumay el blanco y la luz que envuelve a los ciegos y a los que dicen ver.
Miguel Porcel  
2, 3 de junio de 2015

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