La noche me desvela con sombras que me acorralan en la esquina del terror, donde me estremecen ruidos desacompasados que nacen en mi interior y golpean mi mente. Huyo a oscuras por los pasillos para escapar de los miedos y me refugio en la soledad de un pánico que espanta el sueño. Ni los tranxiliums ni las lecturas desesperadas logran calmar la ansiedad de un temor infundado y sólo el cansancio acaba venciendo unos párpados agotados de velar la nada. Sin embargo, en cuanto las primeras luces se escurren entre las rendijas de las persianas y disuelven la oscuridad, atravesándola con haces luminosos cual espadas refulgentes, abro los ojos somnolientos y olvido el pavor de una noche tenebrosa. Recupero el aliento con la llegada del nuevo día, sin importar si es soleado o nuboso. Siento otra vez la vida palpitando jubilosa con cada latido y vuelvo a confiar en el mañana.
Revista Opinión
La noche me desvela con sombras que me acorralan en la esquina del terror, donde me estremecen ruidos desacompasados que nacen en mi interior y golpean mi mente. Huyo a oscuras por los pasillos para escapar de los miedos y me refugio en la soledad de un pánico que espanta el sueño. Ni los tranxiliums ni las lecturas desesperadas logran calmar la ansiedad de un temor infundado y sólo el cansancio acaba venciendo unos párpados agotados de velar la nada. Sin embargo, en cuanto las primeras luces se escurren entre las rendijas de las persianas y disuelven la oscuridad, atravesándola con haces luminosos cual espadas refulgentes, abro los ojos somnolientos y olvido el pavor de una noche tenebrosa. Recupero el aliento con la llegada del nuevo día, sin importar si es soleado o nuboso. Siento otra vez la vida palpitando jubilosa con cada latido y vuelvo a confiar en el mañana.
