El abismo
El abismo se explora con los ojos
cerrados. Si los abres, el vértigo te aturde. La realidad sólo la
explora el aturdido. En el asombro, en el aturdimiento, la realidad se
ofrece más luminosamente. La realidad, en ocasiones, informa sobre
sus extravíos y el artista, debidamente alerta, en ese trance que lo
faculta para la transcripción exacta, registra la caligrafía del
prodigio. La realidad tiene ese uso mixto; por una lado vale para
circular por ella y por otro se puede circunvalar. El abismo está
dentro.
Las afueras
En
las afueras, en el margen, la realidad establece un diálogo más hondo
con su usuario: lo zarandea, le hurga, lo seduce, lo violenta. En
cierto modo, la realidad es un obstáculo siempre. Vivir, en ese hilo
sutil de las cosas, es un riesgo. Respirar aturde. El abismo es el
tiempo. Respirar duele. El corazón es el veneno y es la pócima. Y en
ese plan.
La rutina
Concierne
al artista descerrajar los usos de la costumbre, declinar toda
responsabilidad sobre la posible inconveniencia de los resultados. La
realidad carece de resultados. Está. Es. Persiste. Insiste.
La poesía
Un
poema es una inconveniencia, una cosa
intrascendente. La lírica es un lubricante que suaviza el tránsito de
las horas. Una novela es una inconveniencia amplificada. El novelista
remeda la vida, pero la vida se fuga siempre. Se escapa siempre. La
novela, en estos tiempos del google docs, es un anacronismo absoluto,
pero alguien tiene que llevar la contraria.
Los poetas
El
poeta desdeña la realidad y así la aborda más lúcidamente. El arte es
también una fuga. En esto reside la naturaleza de lo artístico, en su
capacidad de no ser fácilmente aprehensible, en su vocación de
secreto.
El secreto
Al
secreto le asiste la luminosa certeza de su cáracter sagrado. El arte
es una manifestación de ese secreto. La revelación de lo callado.
La vida
A uno le concierne únicamente las cosas sencillas. Todo lo que no es sencillo no conviene. La vida se construye en base a estas premisas, pero no es vida.
