Revista Cultura y Ocio

Stefan Zweig, retrato de un olvidado

Publicado el 28 marzo 2010 por Jalonso

Retrato de un olvidado

 

Cultivó la amistad de Sigmund Freud y actuó de intérprete entre el padre del psicoanálisis y el genial Salvador Dalí que retrató a Freud en carbonilla antes de su muerte.

 

Stefan Zweig nació en Viena en 1881 y se suicidó en Brasil junto a su mujer el 23 de febrero de 1942, ya harto del nazismo y de todos los males del mundo.

 

Fue simplemente un apátrida por obra de los nazis, hombre cuyos libros fueron traducidos a casi cincuenta idiomas, entre cuyos amigos se contaban Freud (fue él quien despidió sus restos en 1939), Albert Einstein, James Joyce, Gabriela Mistral, Antonin Artaud, Romain Rolland, Máximo Gorki, Rainer María Rilke, Augusto Rodin, Arturo Toscanini, Paul Valéry, Arthur Schnitzler, Anatole France, Luigi Pirandello, H. G. Wells, el conde de Keyserling, Roger Martín du Gard, Jules Romains, Georges Duhamel, Jacob Wassermann, Emil Ludwig, Franz Werfel, Scholem Asch, Maurice Ravel, Richard Strauss, Béla Bartók, Alban Berg, Bruno Walter, decidió un día de 1942, huir del triunfo, y aun de la derrota de los nazis, y se hundió para siempre con su mujer en el sueño eterno que proporcionan las sobredosis de barbitúricos.

 

“Nací en 1881, en un imperio grande y poderoso -la monarquía de los Habsburgos-, pero no se molesten en buscarlo en el mapa: ha sido borrado sin dejar rastro. Me crié en Viena, metrópoli dos veces milenaria y supranacional, de donde tuve que huir como un criminal antes de que fuese degradada a la condición de ciudad de provincia alemana. En la lengua en que la había escrito y en la tierra en que mis libros se habían granjeado la amistad de millones de lectores, mi obra literaria fue reducida a cenizas. De manera que ahora soy un ser de ninguna parte, forastero en todas; huésped, en el mejor de los casos. También he perdido a mi patria propiamente dicha, la que había elegido mi corazón, Europa, a partir del momento en que ésta se ha suicidado desgarrándose en dos guerras fratricidas”, escribió Stefan Zweig en su autobiografía El mundo de ayer.

 

Emigró a Suiza durante la Primera Guerra Mundial, de 1917 a 1918, y fue uno de los autores más traducidos antes de la Segunda Guerra Mundial. En 1934 se fue a vivir a Londres, hasta que en 1941 se exilió en Brasil donde murió.

 

Con apenas 20 años consiguió despertar el interés de la importante editorial alemana “Insel-Verlag” que le publicó su primera obra poética y poco después aparecieron los escritos en el suplemento cultural ” Feuilleton ” del conocido diario vienés “Neue Freie Presse”. Para Zweig estos primeros éxitos fueron sólo el comienzo. Viajó a Bélgica, Inglaterra, Francia, España, el norte de África, Italia, Canadá, Estados Unidos, Latinoamérica y la India; en algunos de estos países pasa temporadas de varios meses lo que le permite profundizar en las diversas culturas y en las lenguas. De ese modo aprende Inglés, francés, italiano y español, lo le permitió tomar parte activa en la vida cultural de los distintos países. Zweig tradujo por primera vez al alemán obras de escritores absolutamente desconocidos en Austria o Alemania, como Emile Verharen y Romain Rolland, premio Nobel de Literatura en 1914. Desde la editorial “Insel-Verlag”, que publicó sus obras hasta 1933, adquirió un importante una notable influencia en los ambientes culturales, especialmente a través de la colección “Biblotheca mundi” que publicará “Insel-Verlag”.

 

“Trabajó durante toda su vida; mantuvo correspondencia con los hombres más destacados del siglo. Impulsó el nacimiento y cuidó al comienzo la selección de una de las series literarias más hermosas en lengua alemana, Insel-Bücher. Descubrió a grandes poetas europeos o los hizo populares. Influyó en la formación del gusto literario occidental y aconsejó a editores de muchos países”, escribió sobre él Hermann Kesten, uno de sus amigos del exilio.

 

“En mi vida personal lo más notable fue la llegada del huésped que amistosamente se instaló en aquellos años en mi casa, un huésped que yo no había esperado: el éxito. Si algún arte conozco es el de saber renunciar, pues no lamento que, de mil páginas escritas, ochocientas vayan a parar a la papelera y sólo doscientas se conserven como quintaesencia.”

 

En 1934 la policía registró su casa en Salzburgo en busca de armas. Se fue a vivir Londres, lo que significó la separación de su mujer que no compartía el pesimismo político de Zweig y se negó a abandonar Austria.

 

El exilio voluntario de Zweig terminó en 1938 con la ocupación alemana de Austria. Su pasaporte quedó invalidado y se vio obligado a solicitar un documento británico para personas sin Estado. De este modo se convertía en un solicitante de asilo en un país que respetaba pero que no había llegado a sentir como propio. Con la entrada de Inglaterra en la guerra la libertad personal del escritor se reduce drásticamente y se ve convertido en extranjero a duras penas aceptado por la sociedad británica. En 1940, gracias a la presión y las gestiones de sus amigos ingleses Stefan Zweig recibe la nacionalidad británica.

 

La libertad recuperada le permite abandonar Europa definitivamente en compañía de su mujer Lotte, una antigua secretaria con la que se casó en 1939. Llegó a la Argentina para ayudar a la Fundación humanista Wallenberg. Más tarde, decidió instalarse en Brasil, un país con pocos exiliados. El matrimonio eligió Petrópolis, cerca de Río de Janeiro, como lugar de residencia y llevaron allí una vida retirada y lejos de los ámbitos intelectuales. A pesar de ello, y en la medida que le fue posible, Stefan Zweig siempre estuvo dispuesto a ayudar.

 

A medida que Alemania cosechaba éxitos militares el escritor se iba sumiendo visiblemente en una depresión cada vez más profunda y refugiándose cada vez más en su trabajo en el que a pesar de las circunstancias siguió siendo sorprendentemente productivo y con el que siguió cosechando éxitos.

 

Zweig sintió que todos sus valores habían sido destruidos y que la destrucción era demasiado grande para poder soportarla. Pocos meses después de cumplir sesenta años y tras completar su autobiografía se quitó la vida junto a su mujer. El escritor fue enterrado en Brasil con una ceremonia oficial y miles de personas se congregaron en un espontáneo cortejo fúnebre para darle el último adiós.

 

El suicidio de Stefan Zweig fue un duro golpe moral para esa época de espantos.

 

Thomas Mann, consternado, se atrevió incluso a esto:”¿Podía él regalar al enemigo mortal la gloria de que otra vez uno de nosotros se hubiera rendido, declarado su quiebra y se suicidara? Él era tan individualista como para no preocuparse por ello.” Años más tarde revisó el primer juicio y le dedicó esta frase: “Nunca fue llevada una fama mundial tal, con tanta modestia.”

 

La última carta.

“Antes de partir de la vida, con pleno conocimiento, y lúcido, me urge cumplir con un último deber: agradecer profundamente a este maravilloso país, Brasil, que me ofreció a mí y a mi trabajo una estancia tan buena y hospitalaria. Cada día aprendí a amar más este país, y en ninguna parte me hubiera dado más gusto volver a construir mi vida desde el principio, después de que el mundo de mi propia lengua ha desaparecido y Europa, mi patria espiritual, se destruye a sí misma. Pero después de los sesenta se requieren fuerzas especiales para empezar de nuevo. Y las mías están agotadas después de tantos años de andar sin patria. De esta manera considero lo mejor, concluir a tiempo y con integridad una vida, cuya mayor alegría era el trabajo espiritual, y cuyo más preciado bien en esta tierra era la libertad personal. Saludo a mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer después de esa larga noche. Yo, demasiado impaciente, me les adelanto”.

 

Retrato de un olvidado

Stefan Zweig, 23 de febrero 1942, Brasil

 

Su obra en recientes ediciones en castellano, en España y América Latina:

¿Fue él?,  Viaje al pasado, Montaigne, La lucha contra el demonio, Calidoscopio, El juego real, El mundo de ayer. Memorias de un europeo, Novela de ajedrez, La piedad peligrosa, El hombre y su gesta, El candelabro enterrado, Noche fantástica, María Estuardo, Erasmus de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un humanista, María Antonieta, La curación por el espíritu, Momentos estelares de la humanidad, Catorce miniaturas históricas, Mendel el de los libros, Joseph Fouché. El genio tenebroso, Veinticuatro horas de la vida de una mujer, Carta de una desconocida, La confusión de los sentimientos, Conciencia contra Violencia, Amok o el loco de Malasia, Los ojos del hermano eterno, Balzac: La novela de una vida, Tres maestros, Jeremías, La casa al borde del mar, El amor de Erika Ewald, En la nieve, La marcha, La estrella bajo el bosque, Los prodigios de la vida y Cuerdas de plata.

leyendadeltiempo.wordpress.com


 


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LOS COMENTARIOS (1)

Por  jarvisey
publicado el 13 abril a las 12:18
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Me encanta Stephan Zweig. Carta de una desconocida es tremenda, y 24 horas en la vida de una mujer me pareció un libro muy avanzado a su tiempo y con cierto toque de liberación femenina teninedo en cuenta la época y que el escritor es un hombre.