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Steven Spielberg: ‘Tiburón’, magistral e insuperable obra maestra

Publicado el 17 agosto 2012 por Cinéfilo Criticón @cinefilocritic

Steven Spielberg: ‘Tiburón’, magistral e insuperable obra maestra

Por increíble que parezca, Spielberg ya estaba contratado para dirigir Jaws, es su titulo original, y que significa Mandíbulas, mucho antes de que su opera prima viese la luz en cines, me refiero a The Sugarland Express. Pese a que los productores de Universal Studios conocían a Spielberg, al trabajar junto a él en varias series televisivas, y en la sorprendente Reto a Muerte, nunca fue en realidad la primera opción para adaptar la famosa novela de Peter Benchley. Antes de él hubo nombres como John Sturges y Dick Richards, pero debido a diferencias creativas, fueron descartados, dejando todo en manos de un desconocido total, o al menos no con tanto renombre como otros directores de aquellos años. Si Spielberg quería dar el gran salto al éxito y consolidarse como un director de renombre, está era su oportunidad.

Pese a que The Sugarland Express no obtuvo la respuesta que se esperaba tanto de público como de crítica, la Universal le dio luz verde a Spielberg para llevara a cabo un proyecto que parecía no solo complicado, sino imposible, situación que se volvió casi un hecho al suscitarse cientos de dificultades durante la filmación. La primera de ellas fue el guión, puesto que en un principio se sugirió al propio escritor de la novela, Benchley, para que lo escribiese, pero Spielberg no estaba muy convencido, principalmente porque quería eliminar ciertas subtramas y añadir otras, cosa que no hizo mucha gracia al propio Benchley, razón por la cual se contrato Carl Gottlieb para que hiciese un nuevo guión, mismo que era escrito horas antes de rodar cada escena. A esto le sumamos que la filmación comenzó sin actores definidos, solo Roy Scheider como el jefe de policía Martin Brody esta confirmado, y con el tiburón mecánico apenas en construcción.

Steven Spielberg: ‘Tiburón’, magistral e insuperable obra maestra

Es también sabido que la filmación se extendió mas de lo planeado y que el presupuesto previsto se duplico, algo que no agrado tampoco a los productores. Por si esto fuera poco, el tiburón mecánico no funcionaba, al menos no como quería Spielberg, llegando a plantearse la idea, el propio realizador, de abandonar la película. Pero como todas las cosas en la vida, las dificultades te ayudan a salir adelante, y en algunos casos, como aquí, son hasta beneficiarias. Debido a que el tiburón no funciono como se esperaba, a Spielberg se le ocurrió la brillante idea de no mostrar a la criatura, salvo su mirada subjetiva, de la cual se ocuparía John Williams con su tan mundialmente conocida música. Cada vez que el temido escualo andaba cerca o estaba a punto de atacar, la melodía de Williams se escuchaba, advirtiendo al espectador de lo que se venía a continuación. No se ustedes, pero para mí, eso es de genios.

La historia que Benchley escribió y que Spielberg adapto se centra principalmente en un enorme tiburón blanco que atemoriza a una pequeña ciudad llamada Amity Island, en Nueva Inglaterra. Debido a los constantes ataques de la feroz criatura, el jefe de policía, Scheider; un biólogo marino llamado Matt Hooper, interpretado por Richard Dreyfuss; y un cazador de tiburones de nombre Quint, interpretado magníficamente por Robert Shaw, deciden ir en búsqueda del temido tiburón y acabar con él de una vez por todas. Los tres aventureros saben que no será nada fácil y que probablemente no regresarán con vida. Hombre contra animal. Las cartas están sobre la mesa y el resultado final es poco más que perfecto.

Steven Spielberg: ‘Tiburón’, magistral e insuperable obra maestra

Nadie hubiese podido adivinar que el director de Reto a Muerte y The Sugarland Express filmaría no solo una de las mejores películas de todos los tiempos, sino una obra maestra, y con esto, lo que la misma representa. Spielberg sabe mejor que nadie lo que quiere contarnos y eso nos lo hace saber desde los créditos iniciales acompañados con la asombrosa música de Williams, vaya comienzo tan formidable. Instantes después nos presenta a la primera víctima, una pobre joven que nada desnuda en el mar, para luego ser cruelmente atacada por algo que emerge de las profundidades. Acto seguido vemos el colosal mar azul y en primer plano el rostro del jefe Brody, lo que nos da a entender que tarde o temprano ambos personajes, monstruo y humano, se enfrentarán en un combate con un solo vencedor.

En los siguientes actos veremos a la familia de Brody, resaltando su fiel esposa Ellen, a quien da vida la carismática Lorraine Gary. Estos personajes secundarios, la familia de Brody a quien también comprende sus dos pequeños hijos, sirven para moldear la personalidad de Brody, tantos sus temores como el modo en que actúa. Pero hay algo más increíble con este personaje, Brody, y es que le teme al agua. Vaya, menuda travesía que deberá sufrir nuestro héroe para salvar no solo al pueblo sino también a su familia: adentrarse en su peor temor, el agua, y encima confrontar a algo mucho peor. Encima de todo esto, el alcalde de la ciudad esta renuente a cerrar las playas, debido a que la misma vive del turismo, y si no hay playas donde este pueda nadar, adiós dinero. Así que Brody tiene dos problemas, por un lado un tiburón asesino que anda merodeando por ahí, y por el otro lado el alcalde que lo toma por loco y que decide arriesgar cientos de vidas al ignorar las órdenes de Brody de cerrar las playas y dejar que el turismo se meta al agua.

Steven Spielberg: ‘Tiburón’, magistral e insuperable obra maestra

Por fortuna para Brody no estará solo en esta locura, pues encuentra en Matt Hooper un amigo y un socio leal para intentar salvar al turismo y frenar a la maquina come-hombres. Luego de los dos brutales ataques posteriores al del inicio, uno mas horripilante que el otro, el alcalde se da cuenta que Brody y Hooper tenían razón y que la única forma de frenar esta masacre es eliminando al escualo. Para ello se harán de los servicios de Quint, un caza tiburones de renombre y con un sentido del humor más que irritante, pero a la vez divertido. Así es como los tres personajes se ven envueltos en una terrorífica aventura de la cual no creen salir victoriosos, esto debido en gran parte a la presencia tan imponente que Spielberg le dio al tiburón, representado como un monstruo invencible.

El último acto de la película, el cual considero que es el mejor, se enfoca por completo en la cacería del tiburón, alejando a los protagonistas de cualquier contacto con la civilización, ahora están por su cuenta, solos, ellos y el monstruo a vencer. Nada más. Es también en este último acto donde finalmente podemos ver al tiburón en todo su esplendor, y ver, de paso, a lo que se enfrentan nuestros protagonistas, mismos que durante esta demente cacería entablaran lazos de amistad y de fraternidad que fortalecerán la unión de cada uno de cara a la terrible amenaza que intentan frenar. Memorable es ese discurso de Quint sobre el U.S.S Indianápolis, hace que se ponga la piel de gallina y que te prepares, de paso, para el apoteósico desenlace. Spielberg esta mejor que nunca y muestra un ritmo endemoniado, ayudado claro esta por la editora Verna Fields.

Steven Spielberg: ‘Tiburón’, magistral e insuperable obra maestra

Como era de esperarse, Tiburón se convirtió en un éxito de taquilla mundial y dio paso a los tan conocidos Blockbusters cinematográficos. Todo el mundo hablaba de Tiburón y de Spielberg, y no era para menos, pocas veces había una comunión tan clara y hermosa entre director e historia. A la postre el filme tuvo tres secuelas más, cada una peor que la anterior, salvo la tercera entrega que personalmente encuentro entretenida, de las cuales Spielberg nada tuvo que ver. Infinidad de cintas han intentado copiar el estilo de Tiburón, pero todas han fracaso penosamente, pues ni siquiera pueden igualar la majestuosidad con que Spielberg se consagra definitivamente como un narrador de aventuras portentosas y sublimes, casi poéticas. Personalmente considero a Tiburón como la mejor película de Spielberg, pues no le encuentro ningún error alguno. Perfecta en todo, y eso, señores y señoras, solo las obras maestras lo pueden presumir.


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