
Me vendieron "Strange Houses" de Uketsu como novela de terror japonés, pero que no era como nuestro terror. Y yo, que soy cobarde pero prudente, me preparé para lo peor. Me imaginaba espectros saliendo de la ducha, niñas de pelo largo trepando por las paredes o ruidos guturales debajo de la cama a las tres de la mañana.
Pero resulta que no. He descubierto que, para los japoneses, el terror es un plano de una casa mal hecho.
Y ojo, que tiene su lógica. El libro va, literalmente, de un tipo que analiza los planos de una casa que quiere comprar y se da cuenta de que hay un espacio misterioso entre la cocina y el baño. Un hueco que no tiene sentido arquitectónico. A partir de ahí, se monta una investigación que te atrapa cosa mala, pero que me ha hecho reflexionar seriamente sobre qué entendemos por "pasar miedo".
Para mí, el miedo real es abrir el buzón y ver una carta certificada de Hacienda. Miedo es entrar en la habitación de Cangreteen y no saber si lo que has pisado es un calcetín sucio o una forma de vida nueva evolucionando. Miedo es que se acabe el café un lunes por la mañana o que el coche haga "ese ruido" justo antes de la ITV.
Lo de este libro no es miedo, es inquietud. Es ese "mal rollo" de ver algo que debería ser normal, como una casa familiar, y notar que algo no encaja. Es un puzle arquitectónico muy turbio. Y aunque no he tenido que dormir con la luz encendida, reconozco que la novela me ha enganchado muchísimo, precisamente por cómo está contada.
Lo que hace que te lo bebas en dos tardes es que está escrito casi enteramente en diálogos. Es una transcripción de conversaciones, lo que le da un ritmo ágil y directo, perfecto para padres con el cerebro frito que se duermen si leen más de tres párrafos de descripciones densas sobre el paisaje. Aquí van al grano. Además, el libro tiene planos y diagramas que te obligan a parar, mirar y jugar a ser detective tú también. Te sientes extrañamente listo cuando ves esa pared doble antes de que el protagonista la mencione, y esa participación activa es lo que lo hace tan adictivo.
Es una historia de misterio muy "limpia". Si estás harto de las típicas casas encantadas con puertas que chirrían y sustos fáciles, esto es un soplo de aire fresco. Es un terror cerebral, matemático, de escuadra y cartabón.
"Strange Houses" me ha gustado mucho. No he tenido pesadillas con monstruos, pero ahora miro las paredes de mi propia casa con sospecha. ¿Ese tabique del pasillo siempre estuvo ahí? ¿Por qué mi baño tiene esa distribución? Si os gustan los misterios diferentes y ver a los japoneses siendo muy japoneses con sus normas y sus silencios, os lo recomiendo. Eso sí, el verdadero terror inmobiliario, amigos, sigue siendo el Euríbor.
