Revista Cultura y Ocio

Sueños: Los yakuza

Publicado el 02 abril 2012 por Kar

Ok,una vez más, mis planes respecto a las entradas del blog se ventruncados. No, hoy no pensaba hablar de sueños... pero es que el deanoche... tuvo su aquél. Diablos, merece ser contado. Y comenzarédiciendo que anoche, la noche del sábado, vuestro buen amigo Kar,este aprendiz de juntaletras, se fue de parranda con los amigotes.Nada, un plan sencillo, cuatro caballeros degustando combinadosespirituosos y compartiendo amigable charla mientras las melodíasfluían en el salón. Para qué contar más. Luego, a esa hora en laque las personas de bien ya están a punto de levantarse, y con algomás de alcohol en el cuerpo del que debiera, me fuí a dormir.
Estedato de mi actividad sabatina, completamente irrelevante a priori,parece ser el eje central de lo que acabó aconteciendo en mi cabezadurante esa liberación mental que resulta ser el sueño, donde lascosas fluyen sin el férreo control que las circunstancias y la éticaejercen sobre nuestros pensamientos y actos.
Asíque mi sueño, o por lo menos, la parte que recuerdo, comienzaentrando, con mis tres camaradas de anoche, en lo que parece ser unacelebración yakuza. Exactamente, me refiero a la mafia japonesa.Parece una boda, como si la hija del gran jefe se casara. O algo así.Nosotros vamos vestidos como la ocasión se merece, traje oscuroimpecable y camisa blanca. Hay una gran mesa, muy baja, y estamostodos sentados a su alrededor, sobre cojines. Somos los únicosoccidentales de la sala. Todos los demás son japonesesperfectamente trajeados, excepto la novia, la única mujer, vestidacon un kimono blanco.

Sueños: Los yakuza

La víctima

Enel transcurso del banquete, nuestro superior jerárquico en laestructura del grupo nos llama a una habitación aparte. Tenemos untrabajo que hacer. Al parecer, han pillado a un traidor, que mereceun castigo. Nos conducen por un par de estancias de imagineríajaponesa clásica, en maderas, paredes de papel y puertas correderas.Y en una de ellas, allí está, el traidor, que resulta tener elaspecto que Charlton Heston en la peli “Khartoum”, pelo corto ybigote. Este dato sí que me parece inquietante, pues no recuerdohaber visto “Khartoum”, o por lo menos, no en los últimos 20años.
Encualquiera de los casos, hay que acabar con él, y para ello, nos danunas sierras radiales de mano, de esas que son como un taladro Black& Dekker pero con la rueda dentada. Y los cuatro la emprendemoscontra el pobre infeliz, que, naturalmente, muere a la primera decambio. Pero no es suficiente, con nuestras sierras le vamostroceando hasta mutilarle. Y reconozco que esta parte del sueño seme hizo dura, me daba penica el pobre Charlton. La compasión, sinembargo, se quedó de puertas adentro, ya que acabé la faena como seme había encomendado.
Y como sucede en los sueños, tal como empiezan, se acaban, y trasesta misión cumplida, todo se desvaneció, y ya no recuerdo nadamás. Sí que diré que me preocupa conocer qué extraño resorte mellevó a unirme en sueños a un grupo mafioso japonés y acabardescuartizando a un fulano.
Canciones:
MottThe Hopple: “The Ballad Of Mott The Hopple”TheProdigy: “Breathe”Screamin'Cheeta Wheelies: “Boogie King”

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