Se lo leí a Muñoz Molina hace unos meses en el magnífico inicio de Todo lo que era sólido. Los economistas. Aquellos a quienes creíamos no por entenderlos, sino precisamente porque no sabíamos lo que decían. Muy interesante la reflexión del siempre recomendable Naim al respecto.
No se la pierda, desocupado lector.
