Tarde para arrepentirse ¿de qué? vuelvo al tiempo, una vez más lo convierto en protagonista de ésta reflexión. Siempre universal, siempre absoluto. He vivido algunos años abrazándolo a manera de chantaje, suplicándole nunca me haga falta. Con cuatro décadas y media agradezco lo caminado y sin vacilar veo hacia atrás pidiendo por más.
No quiero madrugadas de insomnio plagadas de lamentos y lagrimas, no busco el arrepentimiento como un pretexto que guardar en los cajones doblado junto a los olvidos. No intento descifrar qué hora marcará el reloj cuando mi corazón deje de latir, incluso a veces dudo que esto pueda suceder con tanto esperando por suceder. Me niego a aceptar la falta de cualquier acción que me permita sentirme viva, así como lo hago.
Hoy me permito experimentar todo aquello que conlleve a mi descubrimiento, sé con certeza que existe más por hacer. Quiero pensar que no he amado lo suficiente, que el amor me busca como recompensa a toda espera, que mis lagrimas no han regado todos los jardines -porque sí, también de felicidad se llora- que mis labios no han alcanzado ese rojo intenso que solamente otra boca puede colorear ¡quiero besar hasta que duela!. Necesito verme palidecer después de enredarme en un par de piernas, que no entiendan de soltar, que aprieten aferrándose a la madrugada. Preciso reflejarme en la mirada más bella que un par de ojos pueda regalar y recordar aun cerrando los párpados. Busco intercambiar tristezas por horas de felicidad llevando una sonrisa por estandarte, la más franca de todas. Sueño con viajar y andar hasta donde las piernas me lo permitan y mi voluntad tenga la fuerza de continuar.
Por eso, borraré la tardanza de mi vocabulario y haré del arrepentimiento algo impronunciable, desdoblaré las tardes en noches y las noches en todos los días siguientes. No dejaré escapar al tiempo, iré tras él como si en su correr la vida se me fuera. Construiré de un momento una reminiscencia que escribir para leerla eternidad. Echaré raíz en cada minuto, quiero verlas crecer inolvidables. Quiero que nunca sea tarde para arrepentirme.
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