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Taxi driver (1976), de martin scorsese. travis en el purgatorio.

Publicado el 01 mayo 2012 por Miguelmalaga
TAXI DRIVER (1976), DE MARTIN SCORSESE. TRAVIS EN EL PURGATORIO.
El hombre que conduce el taxi pasea su mirada fría por las aceras de una Nueva York que a él se le antoja obscena: prostitutas, chulos, camellos y drogadictos pasean a sus anchas e imponen su ley. Estamos en los años setenta y la ciudad de los rascacielos vive la peor de sus crisis, que a punto estuvo de acabar con ella. Travis la mira y anhela que llegue alguien que limpie tanta basura. ¿Hay posibilidad de redención, algo bello entre tanta fealdad? Él cree encontrarlo en Betsy, una joven que trabaja en la candidatura de un político demócrata, pero no sabe como actuar con ella: en su primera cita la lleva a ver una película porno, simplemente porque es su costumbre. 


Quizá la redención esté en Palantine, el senador demócrata que se presenta a presidente de la nación. Cuando la casualidad hace que se monte en el taxi de Travis, éste se ve sorprendido ante las inquietudes del taxista y duda qué responderle, hablando al final como todos los políticos: con vaguedades y lemas estudiados. Eso sí, Palantine se ha descrito a sí mismo, con una facilidad pasmosa, como el representante del pueblo. Los políticos engañan, a pesar de sus sonrisas. Las mujeres de rostro angelical también, a pesar de las buenas intenciones de Travis. Todo está podrido, tan podrido como la reciente guerra de Vietnam, donde los sacrificios de los soldados no han servido más que para volver derrotados a un país que se desmorona.


Travis no puede dormir ni siquiera tras doce horas de trabajo nocturno. Las luces de neón y la actividad de una ciudad que nunca duerme le fascina y le repele al mismo tiempo. Scorsese, en su retrato de Nueva York, logra integrar a la ciudad como un personaje más de la película, quizá el personaje principal, en el que él mismo aparece retratado como un miembro más de su variopinta fauna nocturna. La fascinación de Travis se transmite al espectador, que mira la ciudad decadente  con sus propios ojos, con ojos somnolientos y alucinados, la misma ciudad que recorrían Dustin Hoffman y John Voight en "Cowboy de medianoche", tan distinta a la Nueva York por la que pasea Don Draper en "Mad men"...


Una ciudad en ebullición, una ciudad en constante cambio, que en la mente de Travis está sometida a una deriva infernal. Algo tiene que hacer, un acto simbólico: rescatar a una chica, casi una niña, de la América profunda que ha caído en los abismos de la corrupción de la gran ciudad y está siendo prostituida. Un Travis armado hasta los dientes que se convierte en el héroe de la gente decente, en el héroe de aquellos que menos hacen por evitar el purgatorio constante en el que se han convertido sus grandes ciudades. Con todos estos elementos, Scorsese filma una de las grandes obras maestras de la historia del cine.

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