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Tecleo sin alma | Relato de Carmelo Beltrán

Publicado el 12 agosto 2016 por Carmelo Carmelo Beltrán Martínez @CarBel1994
Cuanto más miro la pantalla más me agobio por dentro. El reloj avanza cual mazo en pos de dar un veredicto. A pesar de que es digital mi mente se imagina su tic tac como una cuenta atrás para el fin de todo por lo que he trabajado durante tanto tiempo. 
Tecleo sin alma | Relato de Carmelo Beltrán
Tecleo sin alma. Las luces de calle me distraen. Aquel pájaro posado en mi ventana parece un enviado del demonio, que divertido seguro que estará sonriendo contemplando las ansias con las que me está dominando.
Mis fuerzas flaquean. El último párrafo lo he tenido que borrar. Nada me vale, nada es suficiente. Todo me reconcome como si se tratase de un virus mortal. 
Respiro profundamente y cierro los ojos. Siento en ellos una presión parecida a la última vez que no pude dormir por la cafeína del café. Es inhumano tener el cuerpo cansado y el cerebro despierto. Es el peor de nuestros enemigos. Es inquebrantable, es un arma que marca sus ataques al ritmo de un compás que no admite errores.
Me levanto, tengo que hacerlo. El reloj sigue avanzando, pero ya no suena el sonido de un péndulo, sino una risa malévola, hiriente, que se me mete en las entrañas y me devora el poco sosiego que me quedaba. 
¡No! ¿Cuándo he hecho esto? Dios mío, el ordenador está por el suelo. El golpe lo ha destruido por completo. Todos los ficheros han desaparecido. Señor. ¿Debería sentirme mal? ¿O es quizás una señal? 
Exhalo una carcajada de locura. Sí, eso es, es todo una señal. No debo de seguir aquí, no debo continuar. Pisoteo el aparato, no vaya a ser que alguien pueda arreglarlo. Todo había sido una trampa en la que he caído completamente. No lo permitiré, no lo lograrán. No puedo dejar que me descubran.
Abro la ventana y grito a la mujer que camina con el carrito del bebé. La insulto, la desprecio. Es lo que se merece cualquier persona. Somos prescindibles, somos destructores, ¿cómo dejar que nuestros pasos dominen este planeta?
No. ¡Nunca más!
Salto.
Carmelo Beltrán@CarBel1994

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