Retrato de D. Teutonio de Braganza
La carta que comentamos la escribe Teresa de Jesús al arzobispo de Évora, D. Teutonio de Braganza. Solo seis cartas de la Madre dirigidas a este amigo y colaborador han llegado hasta nosotros. En la fiesta de María Magdalena, una de las santas preferidas de Teresa de Jesús, en el año 1579, le escribe esta carta, con dos temas principales, en los que nos detendremos: la publicación de Camino de Perfección y el problema sucesorio en Portugal, que amenaza con derivar en un conflicto armado con Castilla. Le llevará a exclamar: «lo siento tan tiernamente, que deseo la muerte si ha de permitir Dios que venga tanto mal, por no lo ver».
Teutonio de Braganza (Coímbra, 1530 – Valladolid, 1602), era el quinto hijo del duque Jaime I de Braganza. De joven, se unió a la Compañía de Jesús, pero fue el propio Ignacio de Loyola quien lo animó a seguir otro camino. Se doctoró en teología en París. Durante su estancia en Salamanca entró en contacto con Teresa de Jesús. En diciembre de 1578 pasó a ser arzobispo de Évora. El Diccionario de Santa Teresa señala que D. Teutonio llevó a cabo una política antisemita beligerante. Ironías de la vida: una de sus más admiradas amigas era nieta de judío converso penitenciado por la Inquisición, sin que él lo supiera.
La carta que nos ocupa, como decíamos, contiene varios datos referentes al proyecto de publicar el segundo libro de Teresa de Jesús: Camino de Perfección. La Madre menciona una carta anterior, hoy perdida: «La semana pasada escribí a vuestra señoría largo y le envié el librillo». Ese “librillo” no es otro que Camino de Perfección, que circulaba en copias manuscritas por los monasterios teresianos, y fue la propia Teresa quien ideó sacarlo en letra de molde, en parte para sanar las deficiencias de esas copias. Para este fin, contó con la ayuda de D. Teutonio.
Por una serie de razones, entre las que cabe mencionar la situación política de Portugal, la publicación se retrasó, y no salió hasta 1583, ya fallecida Teresa. Además, la censura portuguesa eliminó algunos pasajes, entre otros, el capítulo 31, dedicado a la oración de quietud (de fondo, el miedo al alumbradismo). Puede accederse a esta obra en este enlace (Biblioteca Digital de la B. Nacional de Portugal).
Para realizar la impresión, la santa pensó utilizar una copia manuscrita de Camino que hoy se conserva en las Carmelitas Descalzas de Toledo (conocido como Códice de Toledo). Como señala del P. Tomás Álverez¹, Teresa debió de sufrir un desengaño grande cuando, tras la esmerada presentación y pulcritud del escrito, descubrió infinidad de errores, que corrige de su puño y letra. El códice no resultó válido para las prensas. Así que tuvo que servirse de otro, hoy perdido. Sabemos que no es el conocido como Códice de Toledo el que envió a D. Teutonio porque, precisamente en esta carta que comentamos, la Madre le informaba de que había añadido, en “un cuadernillo del mismo libro”, una biografía del carmelita san Alberto (de Trápani-Sicilia), para que se imprimiera junto a Camino de Perfección. De esta biografía añadida no hay ningún rastro en el códice de Toledo. La vida y milagros del glorioso padre san Alberto se colocó, con portadilla y numeración de páginas independiente, al final del volumen, publicado en Évora. Lleva también una fecha distinta, 1582. El dominico al que alude la Madre parece ser uno de sus confesores, el P. Diego de Yanguas (1535-1607). Teresa afirma en su carta que esta biografía ha sido traducida del latín, aunque en el prólogo, el autor no menciona ese dato, sino que solo dice que él la ha escrito².
El libro de Camino aparecerá, pues, seguido de esta vida de San Alberto, y precedido por una serie de avisos teresianos que son apócrifos.
Como presentación de la obra, D. Teutonio incluyó una carta dirigida a las carmelitas descalzas. Comienza así:
«Entre las mercedes que de nuestro Señor tengo recibidas, no es la menor haberme dado familiar conocimiento de la muy reverenda madre Teresa de Jesús, que es en gloria, porque en ella vi resplandecer los dones de nuestro Señor y de su divina gracia. De lo cual dan testimonio los monasterios de religiosas que ella fundó y redujo a la primera regla de Nuestra Señora del Carmen sin alguna mitigación, con tanta observancia y recogimiento, y con tanta aspereza y ejercicio de oración y trabajo de manos, cuanto nuestra flaca humanidad puede sufrir, ofreciéndose ella por ejemplo vivo de esta manera de vida y fiando de nuestro Señor que él daría a sus siervas fuerzas espirituales y corporales para perseverar en ella. Y como era tan grande la caridad y fervor de esta madre y el deseo de la pureza y santidad de sus espirituales hijas, no se contentó con el ejemplo y doctrina que en vida les dio, sino quiso también que después de su muerte quedasen vivas sus palabras, para que en todo tiempo hiciesen el oficio que ella en vida hacía. Y como persona que tanta lumbre tenía de nuestro Señor y tanta experiencia de las cosas de la religión, escribió los apuntamientos y documentos que van en este libro, para que la tristeza que las madres podrían haber sentido con la ausencia de su cuerpo se soldase con la presencia de su espíritu que en estas letras muertas está vivo. Y esta es una de las consolaciones con que sus espirituales hijas han de mitigar el dolor de su partida. Y otra es tener por cierto que allá donde está no ha de desamparar lo que tanto amó, pues la caridad no es menor, sino mayor en el cielo que en la tierra.
Y no es pequeña consolación ver que, aun después de su fallecimiento, su espíritu vive en la doctrina de este libro, que ella con el santo celo que tenía de aprovechar a sus hijas ordenó y compuso para solas ellas, pidiéndome encarecidamente lo mandase imprimir para solo este efecto. Porque habiendo algunos traslados de mano, halláronse muchas cosas trocadas de como ella las había escrito, lo cual se remediaría con la impresión. Y así lo hice yo imprimir para satisfacer a este su tan piadoso deseo³…»
Teresa de Jesús, en la carta que comentamos, se hace eco de la situación angustiosa que se vive en el país vecino, donde soplan aires de guerra: «Vuestra Señoría me mande hacer saber si hay allá alguna nueva de paz, que me tiene harto afligida lo que por acá oigo». Se trata de la cuestión sucesoria al trono portugués, originada tras la muerte —en la batalla de Alcazalquivir (1578, Marruecos)— del joven rey Sebastián I de Portugal, nieto de Carlos I. Le sucedió como regente su tío abuelo, Enrique I. Pero era cardenal y no fue autorizado por el papa a dejar su estado clerical para conseguir descendencia. La crisis se agravaría con la pronta muerte de Enrique I, en enero de 1580. Entre los candidatos al trono, estaba Felipe II (como recoge la santa en la carta). También el sobrino de D. Teutonio, Juan de Braganza, y aun antes, en línea de sucesión, estaba también la esposa de este, Catalina, nieta de Manuel I.
Teresa de Jesús expresa, en su carta, el drama que supondría el enfrentamiento entre cristianos: «El Señor dé luz para que se entienda la verdad sin tantas muertes como ha de haber si se pone a riesgo; y en tiempo que hay tan pocos cristianos, que se acaben unos a otros es gran desventura». Suplica la Madre a D. Teutonio que «procure concierto», es decir, que medie en el conflicto para que no haya enfrentamiento armado. Desgraciadamente, no se pudo evitar, aunque parece ser que D. Teutonio supo mantenerse al margen, sin tomar partido, según le pidió Teresa.
Las tropas del duque de Alba invadirían el país vecino, y tras derrotar a Antonio, prior de Crato (hijo ilegítimo de Luis de Avis y nieto de Manuel I que se había proclamado rey con ayuda del pueblo llano) en la batalla de Alcántara (1580), obtendrían para Felipe II la Corona de Portugal.
Accede a la carta en este enlace:
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¹Cf. Tomás Álvarez, «Los manuscritos autógrafos del Camino de Perfección» en Camino de Perfección de Santa Teresa de Jesús: Actas del II Congreso Internacional Teresiano en preparación del V Centenario de su nacimiento (1515-2015) / coord. por Francisco Javier Sancho Fermín, Rómulo H. Cuartas Londoño, Editorial Monte Carmelo : Universidad de la Mística – CITeS, 2012, 35-68
²Cf. Tomás Álvarez, «Una empresa editorial de santa Teresa: “Vida y milagros de San Alberto» (11582) en Monte Carmelo (101/1993), 219-269.
³Este fragmento está tomado de la página web de Bieses, donde puede leerle la carta-dedicatoria completa.
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