Revista Opinión

Tener razón, condición necesaria, pero no suficiente

Publicado el 03 marzo 2011 por Manuhermon @manuhermon
La batalla de la comunicació. El mensaje necesario.8
Llevar la razón sirve de poco en la vida diaria, ya sea en el ámbito privado de una discusión puntual o en la relación personal con otras personas. Cada individuo que se enfada y rompe relaciones con otras personas habrá vivido la realidad de forma distinta al otro, intentar convencerle es casi siempre una pérdida de tiempo. Así tener razón significa que cada individuo tiene una verdad y podrá buscar en su vida y en sus relaciones argumentos de peso para bascular a su favor las razones necesarias para seguir viviendo.
Mi madre con la mente enferma, ve cosas que le suceden, animales o personas que están en su habitación y sobre su cama, casi siempre atacándola, experimenta situaciones de riesgo de accidentes en ella o en seres queridos, vive episodios de atentados a su persona, de daño emocional y físico, por ejemplo confundir un arreglo de los pies con querer arrancarla los huesos, etc. Imposible sin medios químicos de modificar su percepción, su realidad, la que ella vive. Podremos suavizar algo sus sensaciones, pero nunca por llevar razón, sino por la relación emocional que representa la cercanía, el cariño.
Tener razón en la vida no es salvoconducto para casi nada. Y menos en política. Y todavía menos en el corto plazo, donde es necesario tener fuerza suficiente para poder realizar acciones. Necesario no, es IMPRESCINDIBLE. Siempre habrá gente en contra de lo que quieras hacer, en cualquier ámbito de la vida, ante cualquier colectivo social, da igual su tamaño, sea la sociedad española o se trate del interior de tu partido, sea en la dimensión local de un ayuntamiento o en el gobierno central.
Lo primero y principal será sumar voluntades suficientes a tus razones, sumar adeptos a tus deseos, a tus proyectos, movilizar apoyos para conseguir aquello que muchos quieren. Si no lo consigues, si enfrente hay más gente que no quiere lo que tú o te enfrentas a mayores fuerzas que las tuyas, de poco sirve llevar razón. Tendrás que modificar los planteamientos, adaptarte a la nueva realidad y tratar de formar en ella nuevos apoyos, o apartarte y seguir insistiendo en tus ideas primitivas tratando de sumar fuerzas para otra mejor ocasión.
Uno piensa en los individuos que anticiparon estas crisis y que se les escuchó tan poco por tanta gente, y da pena, y entra un poco de desanimo de la tradición discursiva, del soporte de la racionalidad para tener o no razón.
Por eso, porque tener razón no es suficiente para actuar en política, hay que facilitar la permeabilidad del sistema, la iteración de los individuos con los colectivos, los particulares con los colectivos, los grupos sociales, no solo partidos y sindicatos con las instituciones públicas y privadas, con las fundaciones y universidades. Somos una sociedad que escucha poco, que rápidamente marca trincheras y cualquier argumento del otro lado es descartado por ser del otro no porque se contraponga a otra argumentación mejor. Primero tomo la posición y luego busco con qué defenderla. Primero cavamos trincheras y luego, claro, luego cuesta más trabajo moverse de ese lugar en el que nos hemos plantado.
Ejemplos vinculados a la crisis hay cientos, desde la enorme burbuja inmobiliaria, a la crisis del sistema financiero español. Imagináis lo que debió sentir Ricardo Vergés, cada vez que realizaba sus llamadas de atención sobre la burbuja inmobiliaria en España y los riesgos que conllevaba. ( O Nouriel Roubini). Igual que sobre el mismo tema se silenciaba a los individuos que en los servicios de estudios hablaban sobre los peligros del apalancamiento y descontrol de riesgos basados en ecuaciones matemáticas y no en comportamientos sociales, humanos, imprevisibles, no catalogables, o a los otros que denunciaban la pérdida de competitividad recurrente de la economía española y que después del euro no sería posible recuperar con devaluaciones.
Si quieres hacer algo en política, preocúpate en primer lugar de elaborar un discurso para sumar voluntades, el mensaje necesario, todo lo que no sirva para unir fuerzas tendrá que servir para contrarrestar las de los oponentes. Por descontado mejor que le vayas dotando de tus sueños y deseos de largo plazo pensando en lo anterior. La base del mensaje necesario será considerar que necesitas fuerzas para hacer cualquier cosa. Lo otro son pamplinas, o deseos, en general insatisfechos. Realmente pueden ser pensamientos útiles si te permiten vivir mejor, pero con poca utilidad pública, con poca utilidad colectiva.
Si no eres capaz de convencer a nadie, o sumas muy pocos apoyos, de qué sirve tener razón en creerte el ombligo del mundo y la mejor izquierda del universo.

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