Revista Cine

Texto 96: Octavio Paz a favor de Luis Buñuel

Publicado el 04 abril 2013 por Loquecoppolaquiera @coppolablogcine
Tengo que pedirle un favor: agregue en la página cinco del artículo que el envié, a continuación de grandes y pequeñas estrellas, lo siguiente: "Sabíamos que Rodolfo Halffter [sic] es un gran músico. Ignorábamos que la música -arte dotado de irreductibles poderes de encantación- era de tal modo capaz de fundirse a la acción. Imagen visual, sonido y movimiento fílmico forman un todo indivisible. La música de Halffter [sic] posee una calidad que no es exagerado llamar interior. Quiero decir: no acompaña al drama, no lo subraya, ni lo comenta: brota de la acción, es su respuesta fatal, su necesario complemento ¡lograda unidad!." 
Octavio Paz
Este extracto pertenece a una carta que Octavio Paz envió a Luis Buñuel el día 11 de abril de 1.951 para contarle las impresiones y los prolegómenos del fastuoso Festival de Cannes en relación con la presentación de la aclamada y nominada a la Palma de Oro: "Los olvidados". Rodolfo Halffter compuso la banda sonora de ésta película.
La música es una fragua de sentimientos. Y por lo tanto constituye una parte esencial de una película. La validez de una banda sonora es harto compleja. No se trata tan solo de elegir un puñado de buenas canciones y dejar que éstas inoculen sus encantamientos en los espectadores. Una música ha de definir con mucha precisión el sentimiento que elucida la escena a la que sirve. Y esto no es una tarea fácil.  Porque además los sentimientos y las músicas que se ponen en juego tienen que disponer de semejante carga de intensidad, sin presentar por tanto desajustes donde una u otra presente una mayor fuerza emotiva.  Hay momentos en los que la música ha de sonar, y otros momentos, en donde el puro silencio constituye la mejor de las bandas, hay otros donde las armonías nos conducen al borde de las lágrimas y otros en donde mantenemos con el corazón en un puño. La música es un recurso ilimitado que gestiona nuestras escalafones sentimentales, el amor, el odio, el miedo, la tensión, el ahogo, la angustia, y, más aún, las emociones para las que todavía no se ha inventado un nombre con las que sacarlas a relucir.
ANTONIO MARTÍN DE LAS MULAS 
 

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