Revista Cine

Texto 99: Ingmar Bergman contra Orson Welles

Publicado el 20 abril 2013 por Loquecoppolaquiera @coppolablogcine
“Para mi no es más que una triste decepción. Está vacío. No resulta interesante. Está muerto. Ciudadano Kane, cuya copia tengo en casa, es la niña bonita de los críticos, siempre encabezando todos los rankings, pero opino que es un absoluto aburrimiento. Y por si fuera poco, sus interpretaciones resultan insignificantes. El respeto generalizado que atesora me resulta absolutamente increíble". 
Ingmar Bergman.
No puedo por menos que coincidir en este punto con el criterio de Ingmar Bergman. Porque aunque admiro el cine de Orson Welles por otras cosas no puedo por menos que abominar de todas aquellas películas que confluyen en el más absoluto vacío. Porque el vacío nunca debe ser el tema central de una película. Toda película aspira a contar una historia que tenga la virtud de decantarse sobre el fondo moral de nuestra vida. Y por eso una película que carece de contenido es un fiasco, un fraude, una tomadura de pelo. La mera exhibición de virtuosismo técnico por sí solo no es suficiente para congraciar una cinta con sus fines. La filigrana formal ha de ordenarse a un contenido dado. El contenido narrativo de una historia ha de fluir como un río por su cauce. Un río sin agua es sólo una cauce seco. Una película sin historia no pasa de ser un manual, más o menos práctico, sobre técnica de filmación. Por eso la forma y el contenido se necesitan mutuamente para darse a entender. Igual que el pensamiento no puede expresarse sino es por medio de la voz y las palabras; unas palabras dichas al tun tun no significan nada sino es gracias a la ordenación gramatical que impone el pensamiento. Una película sin alma es otra cosa.
ANTONIO MARTÍN DE LAS MULAS

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